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La decadencia

Fernando Santiago Muñoz | 8 de julio de 2011 a las 9:02

¿DÓNDE está el origen de la decadencia de la ciudad de Cádiz? Como en la repetida y manoseada frase de Vargas Llosa de “Zabalita ¿cuándo se jodió Perú?” el asunto es ¿en qué momento Cádiz deja de ser una ciudad culta y cosmopolita con una burguesía mercantil moderna y culta, una ciudad refinada y un tanto escéptica? Hay varios momentos. Uno de ellos es el declive del puerto de Cádiz en beneficio del de Algeciras, con un extraordinario apoyo del Gobierno para este último y en detrimento del de la capital. Junto a ello, el descenso de los viajes en barco, sustituidos por el avión, aunque ahora los cruceros recuperan, sólo en parte, el trasiego portuario de pasajeros. También el momento en el que aparecen los contenedores y los grandes barcos están unas horas en el puerto de Cádiz , con lo que ya no cabe ni siquiera el intercambio con los tripulantes, aquella época en la que el Pay-Pay era famoso en el mundo. Ese declive portuario trae consigo el abandono de navieras y casas de comercio instaladas siglos atrás en la ciudad, con la llegada de apellidos genoveses, irlandeses o bretones.

Pero el punto alfa es la construcción del puente Carranza. Conviene recordar que el que fuera alcalde, José León de Carranza, se había ido a vivir a El Puerto de Santa María, por lo que él como nadie sintió la necesidad de no tener que dar la vuelta a la Bahía. El puente supuso el abandono de la ciudad de los restos de una clase social: la burguesía mercantil. Esa gente que sabía idiomas, conocía mundo, culta y cosmopolita sobre la que se había asentado la fama de Cádiz como “ciudad antipalurda por excelencia” que dijo Gregorio Marañón. A lo largo de los años 70 y 80 la burguesía mercantil se fue de Cádiz a Vistahermosa y ya no volverán. De manera paralela al puente se hizo la autopista, con lo que Sevilla se situó a una hora de Cádiz por carretera. Esta mejora en las comunicaciones trajo consigo la sevillanización de Cádiz. La gente empezó a ir a Sevilla y a querer copiar en Cádiz lo que había visto en la que hoy es la capital de Andalucía. El abandono de la burguesía y la proximidad de Sevilla han vulgarizado Cádiz hasta unos extremos irreconocibles. Cádiz ya no es emporio del orbe, ahora es tan cateta como cualquier otra ciudad del entorno. Ya no es una ciudad culta y abierta a otros mundos sino pegada al televisor y loca por un festejo de gañote. No se diferencia en mucho de otras ciudades andaluzas u otros pueblos de la provincia. Queda la melancolía del esplendor pasado, la nostalgia de lo que fue, de cuando en las calles de Cádiz se hablaban varios idiomas , por sus muelles pasaban todas las culturas y en sus estantes estaban todos los libros. Hoy nos conformamos con Belén Esteban, María del Monte, las ferias de la Baja Andalucía, las romerías más sandungueras y la Semana Santa a imagen y semejanza de nuestra Madre y Maestra. Eso ha traído el declive del muelle y la mejora de las comunicaciones. Por más que nos empeñemos nunca volverán los viejos buenos tiempos. Ya lo escribió Javier Fernández Reina: Cádiz fue grande cuando fue una isla y se ha vuelto cateta cuando ha dejado de serlo.

Diario de Cádiz: La decadencia.