Fritur 2. Las pijotas monstruosas

Pepe Monforte | 23 de enero de 2016 a las 13:45

pic-20160123055252S7717P6Que no se va a notar, Juan, qué no se va a notar”. “Estoy acojonao Nicolá”. “Juan, si esto es bueno pal culito de los niños, también tiene que ser bueno pa las pescadillas”. Arsenio Pérez, un gallego, de metro y medio de perímetro, 62 años, más blanco que un bistelito de gallo sin empaná, cerrao como la puerta de una caja fuerte, acababa de subir al escenario.

Le costó trabajo subir las escaleras. Le pesaban los cuatro platos hondos de menudo que se había comido en el almuerzo. Le había mojado además, más que un barquito, la sexta flota americana, con lo meno cuatro portaviones. La barriguita de Arsenio era una hormigonera trabajando en condiciones. Al pobre mío le habían puesto en el escenario dos mesas de las de Cruzcampo y un camping gas para que explicara a los presentes sus revolucionaria manera de freír las pescadillas. No había un duro pa más. Las hacía igual que las pijotas, enroscás, pero con la peculiaridad de que usaba merluzas del Cantábrico de cuatro kilos de peso cada una y con una boca má grande que los leones de Correos. Más que una pescadilla que se muerde la cola, cada rosca, eran como las coronas que hace Luisita en la plaza de Las Flores. Arsenio es un poquito bruto. De chico le gustaba jugar a las bolas con la peculiaridad de que lo hacía con las sandías que criaba su tío Salustiano en el huerto. Cada vez que hacía una carambola en Galicia había un terremoto de 4,5 grados en la escala de Richter.

El tio cogía las merluzas y con la fuerza con la que le cerraba boca contra la cola, aquello quedaba más seguro que si lo hubiera soldao un sopletista de Astilleros.

Llegó el momento. Arsenio se dispuso a realizar su prodigiosa fritura que le había traído como estrella indiscutible de la segunda jornada de Fritur. El público estaba más entregado que el Falla con un pasodoble de Bienvenido. El gallego se dispuso a “harinar las pescadas” y le preguntó a Juan y a Nicolá. ¿La harina qué es de la del Vaporcito de El Puerto?… No Arsenio, es que usted no sabe que el Vaporcito se hundió, que está de luto el busto de Paco Alba… se la hemos traido de otra marca… Juan y Nicolá trataban de disimular para que el gallego no se diera cuenta que en vez de harina, le habían puesto polvos de talco que le habían mangao a la hija de Nicolá que acaba de tener un chiquillo. El presupuesto de Fritur no daba ni para comprar harina ni de la del Lidl, que me han dicho que deja los chocos más que enharinao, inyesaos, cuando la utilizas.

Cuando el gallego le pegó dos golpes a la merluza para quitarle la harina sobrante, aquello se puso como una mañana de niebla a la altura de Algodonales. Parecía que en vez de Arsenio el gallego en el escenario estaba David Coperfiel y que iban a desaparecer las merluzas con el mismo arte que Rodríguez de Castro.

Allí olía a cuarto de baño de guardería. ¿Estáis seguros de que estas merluzas son del Cantábrico? preguntó Arsenio ya con la mosca detrás de la oreja… bueno, el gallego más que una mosca detrás de la oreja necesitaba un buitre leonado, dado el volumen de la cabeza del gachó.

Juan y Nicolás sintieron la llamada de Rafael El Bizco. El cuerpo les pedía correr. Cuando el gallego probó la pescada, del grito huracanado que pegó se cayó el tramo móvil del puente de La Pepa y una plataforma petrolífera que estaban haciendo en Dragados la embarcó, sin grúas ni ná, en la barcaza… eso sí que era energía renovable.

Cuando el gallego fue a cogé a los del polvo de talco, ya estos habían batido el récord de ascensión a Grazalema en su modalidad de “por patas”. Fijaté tú que iban con bulla que ni pararon a desayunar en la Venta Julián… y eso sí que es un sacrificio.

Los dos tienen ya un cuento que contarle a sus nietos, el caso de las pijotas monstruosas.