Cuaresman

Pepe Monforte | 10 de febrero de 2016 a las 10:02

LA última tecnología está a su servicio. En su teléfono móvil ha instalado una utilidad que, a partir de hoy, Miércoles de Ceniza y hasta que la Borriquita entre por la Catedral, con el aroma del gallo empanao de Pelayo de fondo, hace que suene el himno de la patria cuando abre la puerta de su casa. Él entonces coge, y despacito, dando minúsculos saltitos, se da la vuelta, hasta que se pone de espaldas y así, mirando a la escalerilla y andando patrá se recoge en su templo.

Su Noemí lo espera en la cocina…¡Hay humo!. No me lo puedo creer, no me lo puedo creer…has puesto incienso… esposa mía… qué detalle. No, quillo, que se me han quemao las papas con chocos.

Cada Miércoles de Ceniza Emilio Sánchez Calasdell (su madre era catalana, un hecho que siempre obvia en sus biografías oficiales), se transforma en Cuaresman, el héroe capillita. Desde ese día vestirá traje oscuro, unos zapatos con más brillo que los zarcillos que venden en Gordillo, una corbata que parece casi de aluminio de lo tiesa que va y el pelo ungido con una especie de bálsamo que, antiguamente, cuando Cádiz no conocía el paladar, se llamaba brillantina. La cara la lleva tapada con un gato, sin capirote.

Cuaresman cruza los cielos de Cádiz, volando y al ritmo de Cádiz Cofrade. Los niños le observan desde el suelo y se comentan unos a otros… es él, es él. Lánzanos una papeleta de sitio, Cuaresman, por favor, y él, magnánimo le lanza una de la Piedad, de la Expiración, del Despojado o un vale para cuando salga el Cristo de la Palangana.

Cuentan que el héroe una vez enseñó a una mujer a hacer torrijas y que acude rápido a la llamada de la gente cuando en las procesiones no pueden quitarle el papel a los pirulises que son más pegajosos que el novio de una quinceañera.
La leyenda dice que Cuaresman se mete debajo de los pasos cuando llevan retraso para llegar a la Carrera Oficial y los pone a tiempo en menos que se canta un Ora Pronobis.

Pero la hazaña que todos esperan se puede producir un Martes Santo. Dicen los profetas que ese día lloverá en el Palillero, con viento del Sur y Cuaresman bajará desde los cielos a velocidad de paso de lluvia (antiguo paso horquilla) y con su capa blanca cubrirá los palcos vilmente destapados por el Ayuntamiento e impedirá que las aguas lleguen a los ternos de los capillitas de la presidencia… Aclamado seas por siempre, Cuaresman.

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