Díselo con alcauciles

Pepe Monforte | 14 de febrero de 2016 a las 12:11

Imagen alcaucilesESTABA arropaita debajo del nórdico (el edredón). Serían las nueve menos cuarto… yo que sé, no voy a mirar el reloj, con lo calentita que se está debajo de un nórdico (el edredón). Sintió la puerta. ¡Se ha acordao, se ha acordao! A lo mejor es como aquel que me trajo el primer año de casados. Se hizo la dormida. Lo escuchaba subiendo por la escalera. Sonrió.

Se abrió la puerta. El no tuvo ningún dimisulo. ¡Mira Margari!…Margari se salió a medio cuerpo del nórdico dejando ver su esquijama. Con el tiempo Margari había ido necesitando más calor exterior para dormir. Cuando se conocieron dormía en tanga… y a veces sin tanga. Luego vino un camisoncito, el pijama cortito, el larguito… y finalmente el esquijama que le regaló su suegra, que parece que estaba tejío con las cuerdas del puente nuevo, del grosor que tenía.

Cuando lo vió le dio algo. Delante suya apareció Manolo, en estado de antes de desayunar, que es cuando es más auténtico: Despeinao, con una oreja colorá y las gafas sin limpiá. Efectivamente, Manolo, traía entre sus manos una docena, como la primera vez, pero esta vez no eran rosas rojas, deseosas de explotar, sino que eran doce alcauciles de Conil.

La frase de Manolo no fue tampoco la misma de aquel día. En vez de decirle “Para mi amorcito” dijo “…pa que me lo hagas con Papa, Margari”.
Le entraron ganas de meterse otra vez debajo del nórdico (esta vez no el edredón, sino el que conoció un verano en La Barrosa) pero prefirió decirle algo al de ramito de alcauciles. ¿Tú te cree que tú te puedes despertarme a mí así, con 12 alcauciles entre tus brazos… Hombre Margari, tampoco es pa ponerse así…peor hubiera sido que trajera entre mis brazos a una docena de Mama Chichos.

¡Po te lo va a hacé con papa, tu puñetera madre! (la madre en grado de puñetera suele salir mucho en este tipo de discusiones antes del desayuno). ¡Es que soy tonta… soy tonta… yo que me creía que me traía un ramo de rosas! …Margari a ver si ta creío que yo soy Ferrá Adriá…a mi me gustan los clásicos, los alcauciles, el menudo, los higaditos…

Se levantó, apartó al nórdico y ella y su esquijama se perdieron escalera abajo. Manolo bajó detrás con su ramito de alcauciles, despeinao, la oreja colorá y las gafas sin limpiá.

En el comedor olía a Colacao con humito y sobre la mesa estaban los croasanes que comieron en el desayuno de Mallorca, donde no hubo diamantes, pero tampoco hizo falta. Junto a la olla grande, donde Margari hace los alcauciles, había 36 rosas rojas, los años que llevan juntos. Margari se volvió…sonrió…y le preguntó ¿…va a queré que te cuaje un huevo?

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