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Las crónicas de Cádiz (Cap. 100 y último)

Hilda Martín García | 19 de mayo de 2012 a las 17:27

Resumen capítulo anterior: Conforme me aproximo a las aguadas, el número de barcas disminuye y el peligro se acrecienta. Al fondo del arco que forman los espaldones de entrenamiento de los artilleros, se aprecia el Puntal y apenas unas varas el color incluso de los uniformes franceses. No sé quien tiene en cuenta a la gente de los extramuros, que entre pequeños huertos, corrales y escombros de las barracas destruidas, lucha sin tregua desde las baterías.

Cádiz 19 de Marzo de 1812
Recuerdo el día que mi madre me llevó a comulgar por primera vez y como la tarde anterior, la casa se llenó de tíos, primos y familiares, que dejaban junto al sillón de la sala algunos regalos para no olvidar ese instante. La noche de vísperas en absoluta vigilia, enrollando las sábanas en los tobillos, retorciéndolas de puro hastío de permanecer en la cama sin sueño, por el inquietante deseo de que lo que me depararía la mañana.
Ha sido la misma sensación de espera, como si un colosal espectáculo estuviera a punto de estrenarse al amanecer, como si una traca de fuegos artificiales reventara en el cielo en el que empieza tímidamente a llover. En instantes un viento huracanado soplaba desde el norte, y por el vendaval las olas saltaban y salpicaban a los carros que enfilaban el camino del arrecife viejo. No había un árbol que no temblaría ciñendo su talle al cortejo, mientras que el silbido de un viento insolente que se cuela por todas las rendijas, se erigía banda musical de la procesión cívica.
Salud gran Rey de la rebelde gente, salud, salud, Pepillo diligente, protector del cultivo de las uvas y catador experto de las cubas. Hoy te celebra mi insurgente mano, desde el grandioso emporio gaditano, y sin quebrarme mucho la cabeza, al momento tropieza, mi pluma en tus raras cualidades, no llenaré el papel de vaciedades como hacen a tu lado esos señores necios aduladores. De tu persona y derrengado trono que te dejan corrido como un mono.
En el despecho para los franceses, y el orgullo sereno de los gaditanos todo era algarabía a pesar de los trajes de terciopelo mojados, los botines de resplandeciente charol encharcados y los sombreros de copa inundados. La capilla que nos servía de tribuna estaba tan mojada como la calle de la cantidad de agua que acumulábamos en nuestras ropas y zapatos. Sin embargo, había tanta expectación en la calle, tanta responsabilidad porque en los periódicos de la mañana no faltara ningún detalle, que superó nuestras ganas a nuestras incomodidades.
Aún en la tarde, los vasos de cristal que expandieron la luz centelleante desde la plaza de la Corredera a las calles adyacentes y desde San Antonio a la plaza de la Cruz de la Verdad, soportaron estoicamente las rachas de viento y el fuerte aguacero. Desde la distancia, pequeñas luciérnagas temblorosas que coronan un día magnifico.
El primero en jurar fue Vicente Pascual Esteban como presidente de las Cortes. Retumbó en la cúpula elíptica del Oratorio el Sí juro y como un eco predecible se fue repitiendo de dos en dos ante los Santos Evangelios. Dios os lo premio, Dios os lo demande, Dios no ha podido obviarse de esta Constitución católica.
La música se hace presente mientras la Regencia toma asiento bajo el dosel con el señor presidente en medio, a la vez que la diputación del Congreso entra en el salón con la comitiva de embajadores, nobles y generales.
Esperábamos el discurso de Joaquín Mosquera en representación de la Regencia ya que en ausencia de duque del Infantado, embajador en Londres, debía hacer valer el papel del Rey y el triunfo de la esmerada Constitución frente a la gran cantidad de obstáculos con los que se han encontrado los que quieren llevar la Patria a buen puerto. A las once menos cuarto los Diputados primero, la comitiva detrás y luego todos los que nos encontrábamos redactando los acontecimientos, salimos hacía la Iglesia de los Carmelitas en el paseo de la Alameda. Llovía a cántaros, los truenos se confundían con el continuo bombardeo francés y las salvas de los soldados españoles. Los uno celebrando la onomástica de su Rey José, los otros la proclamación de un escrito inaccesible en su lectura para casi la totalidad de la población.
No importaba el tiempo, incluso María se apresuró con el resto de mujeres con los que colaboraba siempre, a bajar a la calle y estar cerca del paso de la comitiva. Las calles engalanadas y los balcones repletos de banderolas y tiras de colores,
Desde la tribuna adecentada en la Capilla del Sagrario en el Oratorio, andamos tomando las últimas notas sobre los preparativos para la promulgación. No todos están convencidos de que la ejecución de las leyes promulgadas se lleve a cabo. Por muy buenas que sean, solo serán palabras huecas si no se ponen en funcionamiento. Leyes para acabar con la opresión y la miseria. Es la oportunidad para que el pueblo adormecido durante años, a merced de los déspotas que lo arruina pueda expulsarlos sin temor.
La llaman la Venturosa, y su alias puesto por el cálido amor de los marineros, proclama en su nombre el giro de mi vida. Goleta que camina hacía la Habana, Campeche y Veracruz, Nuestra Señora del Carmen su nombre de bautizo como la iglesia donde el Te Deum en el que se agradeció al cielo la obra realizada por los hombres de las Cortes.
Vuelvo a desaparecer de esta tierra sin dejar noticias de mi marcha, navego hacía alta mar y dejo a mi espalda, la mancha de yeso que parece esta ciudad insinuante cuando el sol se está poniendo. El suelo de madera cruje bajo mis pies, y la luz presurosa de los rayos que avisan que se disipa la tormenta hace resplandecer aún más el perfil encarnado, a estas horas de la tarde, de Cádiz.
Solo una carta a María dejada caer casi sin quererlo en la mullida almohada, quizás ya en sus manos. Junto a ella, mi diario, repleto de vida y de recuerdos. No hay oscuridad que oculte el clamor de la luna, y a su luz la Carta jurada en este 19 de Marzo de 1812, parece repleta de libertad mientras surca el Atlántico para ser mostrada en esas tierras de América.
Diego de Ustáriz
FIN
Agradecer a todos la acogida recibida, el interés mostrado y el apoyo
incondicional a mi trabajo. Ha sido un placer colaborar en la difusión
de la historia de Cádiz. En poco tiempo, Las Crónicas de Cádiz estarán a la venta en un libro, como culminación a un proyecto ilusionante.

  • a.m

    El Diario ya no es lo mismo.Cuando salr la novela¿

  • Jose Maria

    Me siento un poco “huérfano” cuando compro el Diario los sábados y no salen Las Crónicas de Cádiz.
    Felicitaciones sinceras por el enorme trabajo que debe haber sido este trabajo.
    También felicitaciones por cuanto hace en Cádiz para divulgar su historia pòr muchos sitios.
    Gracias por todo
    Un saludo José Maria

  • charo barrios

    Ha sido un placer seguirte. Estaremos pendientes del libro.
    Enhorabuena por el trabajo realizado.