Las crónicas de Cádiz » Hilda Martín García

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Las crónicas de Cádiz (Cap. 60)

Hilda Martín García | 4 de mayo de 2011 a las 17:34

Resumen capítulo anterior: Desde la Isla de León y de nuevo como un hombre libre, Diego relata en su diario el ataque de los guerrilleros en los campos inertes y aniquilados de la campiña jerezana.

Había transcurrido apenas media hora cuando el silencio se adueñó del lugar. No quedaba un francés en pie ni a caballo y tímidamente levanté la cabeza para ver qué estaba ocurriendo. Los presos españoles que componíamos aquel triste convoy estábamos sentados en el margen del camino. Quedaban pocos, muy pocos, la dura afrenta no diferenció bandos y cayeron entre las balas y golpes de sables como inocentes víctimas que pretendían ser salvadas. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 59)

Hilda Martín García | 4 de mayo de 2011 a las 17:31

Resumen capítulo anterior: En Julio el calor en Jerez se hace insoportable, sobre todo en el correccional de Belén, antes convento, donde están llevando a los presos españoles. Todos los ciudadanos están avisados de que deben prestar vigilancia.

Cinco días pasan desde aquel jueves pasado en el que el alba trajo aires de libertad a pesar del pesimismo que había calado en mi alma en noches anteriores. Cinco amaneceres que me habían llevado desde las fauces tremendas de los infiernos a la clara luminosidad de esta Isla. Noches de acercamiento a mi hogar, a los brazos de María y a la sonrisa desconocida de Eduardo. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 58)

Hilda Martín García | 2 de abril de 2011 a las 17:28

MI suerte de preso decrece por momentos. El Puerto, radiante, con un calor intenso, es un runrún de lengua francesa. Ya no hay distinción entre villas, ciudades, lugares o pedanías, ya los ediles no son llamados alcaldes, vuelven a denominarse corregidores. Muchas partidas de patriotas crecen en el campo y en los caminos, partidas y guerrillas que a duras penas son frenadas y sofocadas por el Duque de Dalmacia, pobres hombres a los que quieren ridiculizar, llamados bandidos, pero que traen en jaque a los soldados que están instalados en el Puerto. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 57)

Hilda Martín García | 26 de marzo de 2011 a las 17:27

Resumen capítulo anterior: Diego ha sido trasladado junto a otros prisioneros franceses al Puerto de Santa María. La destrucción de las defensas y los caminos es tal, que necesitan de estas manos para ponerlas en pie de nuevo. El padre Marcos que salió a su encuentro, le habló de la publicación de un nuevo periódico en las islas gaditanas, El Conciso.

CRUZANDO el Guadalete tomamos el camino de la lonja. Locales abiertos en siete arcos techados de madera, formaban los soportales, lugares ideales para cobijar la venta de pescado y el trato de los comerciantes que aún quedaban en la ciudad ocupada. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 56)

Hilda Martín García | 7 de febrero de 2011 a las 17:26

Resumen capítulo anterior: Una hermosa carta de amor de María llega a manos de Diego su esposo. La vida se ha vuelto hiriente y pesada para las mujeres que andan solas por las calles gaditanas, con los maridos y novios en el frente y los hijos huérfanos de padres. La ciudad se colapsa de forasteros pero no llenan el vacio de la verdadera familia.

NOS han trasladado al Puerto de Santa María. Fray Damián no ha podido esta vez hacer nada para que permaneciera junto a él. Apenas he tenido un momento para comunicarme con la hermana Consuelo y lograr que viniera a verme antes de partir. Ha sido suficiente para abrazarle y llorar mientras depositaba en mis manos la carta de María y mi querido diario, ese compañero fiel que había dado por perdido y que hoy recupero con la certeza de que ha estado en buenas manos, las mejores manos, las únicas capaces de salvar a los hombres de este bochornoso espectáculo de la guerra. Apartados en el mismo lugar en que por primera vez me bendijo, he tenido que decirle adiós mientras los soldados se apresuraban a recoger las pocas pertenencias que tenemos antes de subir a los carros. El tiempo justo para arrepentirme de no haber usado el pasadizo de Santa Ana para escapar, para huir como lo hicieron otros, para llegar a Cádiz y reunirme con los míos. Ahora ya es tarde, ahora debo partir y encaminarme hacia ese lugar donde requieren de nuestro trabajo, donde necesitan de nuestras manos, las mías, que, acostumbradas a escribir, no saben más que ocultarse en los bolsillos de mis raidos pantalones de paño. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 55)

Hilda Martín García | 30 de enero de 2011 a las 17:25

Resumen capítulo anterior: Las hermosas casas de Puerto Real han sido saqueadas, destruidos sus ricos pavimentos y sacados a la calle como madera podrida los ricos muebles de los vecinos presos o escapados. Esta devastación y ruina es la prueba más rotunda de la guerra. Una ciudad que muere lentamente por el ahogo y la axfisia que ejercen los enemigos.

Como si de un sueño lánguido se tratara, hoy puedo dirigirme a ti, mi amado esposo, sin saber ni tan siquiera si esto que parece un milagro pueda ser compartido contigo allá donde te encuentras. Hoy que la guerra transcurre fuera de esta ciudadela, escondida tras los gruesos muros y bastiones que la protegen, te escribo en la certeza de que estás preso, en la sinrazón que me hace temblar de angustia pensando que estés muerto, en esta incertidumbre dolorosa que me hace sentir viuda y a tu hijo huérfano sin siquiera haber disfrutado apenas un instante del amor de su padre. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 54)

Hilda Martín García | 24 de enero de 2011 a las 17:21

Resumen capítulo anterior: Una patrulla francesa entró a golpes en la ermita de Santa Ana. A golpes derribaron a Diego de Ustáriz que intentaba justificar su presencia en ese lugar a pesar de la enfermedad del fraile. Solo la valentía y el desparpajo sensual de Carmela, logró que los franceses le dejaran en paz y que el soldado irlandés escapara.

La vida discurre como si la guerra solo se asomara a instantes contados. Si no fuera por las casas dañadas, con las puertas perdidas, rotos los portones, extraídas las rejas y las puertas de las ventanas, parecería que no ocurre nada. Las vigas de madera, las tejas, las vidrieras, el mármol de las casas de bien, los enseres, los muebles, los molinos y aún los materiales de construcción han sido robados, sacados a base de golpes, a base de fuerza como aprovisionamiento de los ocupantes, o bien como pago de los que luchan a regañadientes contra el hambre y la muerte. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 53)

Hilda Martín García | 24 de enero de 2011 a las 17:20

Resumen capítulo anterior: Fray Damián está enfermo y le toca a Diego llevar a un preso fugado hacía el pasadizo de la ermita de Santa Ana. Embelesado por los colores y sonidos de los ejércitos franceses, no se percata de que es observado por los soldados polacos que no entienden que hace en la ermita si no hay misa. La vida de Diego corre peligro.

Que faites-vous ici avec la porte fermée?, fue el grito que pude oír al abrir la puerta y ser empujado hacia el suelo. Nadie me conocía de nada, quizás alguno de aquellos soldados me había visto alguna vez por el lugar, pero ¿qué hacía yo con la puerta cerrada, sin abrir a los golpes insistentes de aquellos hombres, cuando sabían que el fraile estaba enfermo? Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 52)

Hilda Martín García | 10 de enero de 2011 a las 19:00

Resumen capítulo anterior: Hace dos años del levantamiento en Madrid contra las tropas francesas, las campanas de las iglesias de la Isla de León tañen un Tedeum para el recuerdo a los valientes caídos. Pero el mes de Mayo no solo trae sonidos de lucha, la disentería y las fiebres se acentúan por la temperatura y la necesidad de quina es inmensa.

ENTRAMOS en la ermita. La mañana clara y serena traía aires de primavera y apenas había salido el sol cuando las campanas de las iglesias cercanas tañían ya al tenue viento. Esta noche de cálida y suave brisa he dormido con el fraile en el convento de los agustinos; la razón: estaba enfermo. Unas fiebres le tenían en cama desde hacía unos días, días en los que, solo, había tenido que ir desde el campamento a Puerto Real para continuar con la publicación de los panfletos. No sé cómo lo hizo, pero ha logrado que permanezca a su lado y no tenga que volver cada noche a ese lugar de muerte en el que se ha convertido el pinar. El aumento de la temperatura dentro de las casetillas ha aumentado el número de muertos. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 51)

Hilda Martín García | 20 de diciembre de 2010 a las 18:58

Resumen capítulo anterior: Los escritos subversivos de Ustáriz deambulan por las tabernas y callejuelas, acompañados de las sátiras a Napoleón. Es el intento por evitar el alistamiento forzoso al que se ven obligados los hombres en los lugares que se ocupan por las tropas francesas. Mientras tanto el acarreo de madera desde el Molino de Montecorto, es interrumpido de forma constante por las baterías de Gallineras.Mapa de la Provincia de Loja y de los montes reservados donde se encuentran los árboles de la quina. Quito 1769. AHN.José Celestino Mutis, botánico y matemático gaditano. Plantas de la Quina.

LLEGADO este mes la temperatura aumenta en las tiendas de telas ajadas donde nos alojamos; las fiebres por la disentería y las infecciones producidas por las heridas de balas y metralla se disparan. La necesidad de quina era tal que los cirujanos y médicos que dirigen este establecimiento andan de cabeza pidiendo por escrito que se confisque toda aquella que pueda quedar en las casas donde ejercían los médicos de las poblaciones ocupadas. La quina, la chinchona como solían llamarla las monjas que nos cuidaban, roja o blanca, pulverizada en botes, suponía la vida o la muerte ante la desgracia de caer enfermo. Leer el resto del artículo »