Debates tengas y los ganes

Carlos Mármol | 19 de enero de 2011 a las 6:27

La historia de los anteriores duelos electorales no ha dejado en la memoria ninguna pieza de dialéctica política más o menos notable. Los partidos están más obsesionados en buscar el golpe de efecto que en explicar cómo gobernarán.

Debatir, lo que se dice debatir, en política se hace poco. Más bien se discute. Se polemiza. Se grita. Se da doctrina. Se pregona. Cualquier candidato a algo –sea una Alcaldía o un colegio profesional– busca en los cara a cara con sus adversarios dos cosas: decir que ellos son los mejores (no tienen abuela, sino jefe de comunicación) e intentar, dentro de lo posible, meter en un lío al contrario. En eso consiste todo. En buscar el inefable golpe de efecto. Ni hay ganas, ni valentía, ni formato adecuado para hacer algo distinto. Todo se plantea desde el origen como una suerte de pelea de gallos para el coliseo (televisivo) de la que siempre debe salir algún triunfador. Es como el fútbol. Al día siguiente se comenta el resultado. Y a veces ni siquiera eso.

No es de esperar que el debate anunciado ayer para el 15 de febrero, entre los tres candidatos de los grandes partidos, por Giralda TV, la televisión municipal, vaya a desvelarnos ningún misterio. La espontaneidad, salvo en la difunta Canal 47, no existe en televisión. Todo debe ser rápido, urgente, troceado y categórico. Política sin matices. Propaganda. En el mejor de los casos: una suma de soliloquios rimados.

La verdad es que, hasta donde me llega la memoria, ninguno de los duelos electorales que se han celebrado en Sevilla en los últimos veinte años ha dejado para la posteridad el más mínimo episodio de dialéctica política de altura. Se dirá que es cosa de la degradación del oficio: los candidatos actuales, según algunos, están a años luz de los de antes. Visto melancólicamente, probablemente puede parecer que las cosas son así, pero la verdad es que ni Manuel del Valle –regidor con bastante sentido común– fue nunca Demóstenes a la hora de discutir con sus adversarios ni Soledad Becerril, la posteriormente alcaldesa, logró nunca perder el hieratismo asociado a su figura nobiliaria, por muy consorte que ésta fuera.

Rojas Marcos, en cambio, era un ciclón –vehemente, pasional, demagógico– sobre todo en las entrevistas, en las que facilitaba las cosas al cronista. Rara vez conseguía lo que se conoce como convencer a las mentes racionales. Buscaba más bien la adhesión inquebrantable del elector. O conmigo o contra mí. Punto. Con algunos funcionaba. Con otros no.

Borbolla, en los tiempos en los que le dejaron intentar la gesta de la Alcaldía, siempre adoptó un tono irónico y elevado, como un senador romano de vuelta de todo, aunque a efectos prácticos tampoco destacó por haber salido a hombros de los diferentes encuentros que durante su única campaña electoral organizaron la Ser y Canal Sur Radio. Pepote iba y decía: “Rojas Marcos es un personaje huero”. Y la gente no lo entendía. Se intuía, claro, que aquello de ser huero no era nada bueno. Pero la cosa no pasaba de ahí.

A Monteseirín, en cambio, cuando llegó a la vida municipal sí se le entendía. El problema es que, hasta que mucho tiempo después encontró en su camino a Fustegueras, hablaba mucho, incluso demasiado, pero no solía decir nada. Nunca le gustaron las preguntas comprometidas, que él considera impertinentes. La trastienda de uno de sus debates electorales durante su primera campaña electoral a la Alcaldía –celebrado en 1999 en la antigua Onda Giralda con Antonio Silva, después cargo de confianza en su gobierno, de moderador– la recuerdo con sorpresas, mucho maquillaje, sudor. Ya entonces iba a todos lados con Manuel Marchena, que en aquellos tiempos gastaba patillas, camisas de franela a cuadros, iguales a las que llevaba Neil Young en sus primeros discos, y tirantes. Venían de la Diputación pero llevaban tiempo juntos: desde cuando ambos –decían– se hicieron “socialistas desde el cristianismo”. Lo que cambian las cosas.

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No hay pues registro de autoridades al que agarrarse en esto de los debates de las municipales. El último frente a frente entre Monteseirín y Zoido, en la difunta Localia, fue el del célebre “fax de Pepi”, principal supuesta prueba de cargo del caso Unidad. Algunos creyeron que con eso Zoido había dado ya el paso definitivo hacia el poder. Días después, desde un balcón de la calle San Fernando, probablemente el candidato cayera en la cuenta de que no bastaba. Roma no se conquista sólo con un debate.

Los candidatos de 2011 se van a ver las caras el día 24 de enero en un encuentro con la comunidad 2.0. La que forman los internautas, los blogueros y los amantes de las redes sociales, ese universo donde todo el mundo tiene una multitud de amigos. Hubo quien vendió la cosa como un debate. Más bien es una mesa redonda acotada al tema digital. Será interesante, pero inevitablemente sectorial. Giralda TV se ha llevado el gato al agua al organizar el primer encontronazo. Todavía quedan por pactar los detalles –ya verán como dan de sí– pero todos han aceptado sin dudarlo. Natural.

A Espadas le conviene: se situará por primera vez frente a su rival, de igual a igual. A Torrijos, del que se esperan momentos verbales estelares, también. Ha aprendido que la precampaña es cosa trascendente. Zoido no podía negarse so riesgo de aparentar temor. Y ya se sabe: los hombres predestinados no sienten miedo. Y si acaso lo sienten, como ocurre en las novelas de Conrad, lo afrontan. Así que el 15 de febrero habrá reunión de pastores. Esperemos que sin oveja muerta.

  • Prometeo

    muy buen artículo.