Resumen de noticias

Carlos Mármol | 5 de febrero de 2011 a las 7:00

El candidato socialista gana puntos en asuntos considerados coto de Zoido: cofradías, empresas y redes sociales. El PP advierte a sus bases sobre el exceso de confianza.

Cada uno elige su propia banda sonora. Música de cámara o música de capilla. Cornetas o tambores. Sinfonías o fanfarrias. Pero la partitura todavía no está escrita. Y esto es justamente lo interesante. La lucha por la Alcaldía de Sevilla cierra una nueva semana de pasión con un escenario radicalmente diferente al existente hace apenas dos meses. Si entonces los abundantes pregoneros de la buena nueva –que es la llegada de Zoido al poder; posible, según los sondeos– daban por hecho que el partido estaba ganado de antemano, sin siquiera empezar a jugarlo a tenor (según ellos) del respaldo de la (supuesta) sociedad civil, la cosa ya no está tan clara.

Habría que preguntarse si la devoción que logró aquel día el PP la provocó Rajoy, Arenas o Zoido. O los tres. O ninguno. Acaso fuera el mero hecho de la cercanía del poder potencial en su conjunto, algo que en Sevilla siempre se presta a las buenas caras y a las excelentes sonrisas. En cualquier caso, el partido ha avanzado algo desde entonces. Ahora está completamente abierto. Empezó a atisbarse después de que los socialistas enseñaran músculo orgánico en Fibes. Desde entonces por el camino se han sucedido algunos dramas menores –lo de Evangelina fundamentalmente, un asunto sobre el que en las agrupaciones ya ni se habla– y algunos reajustes internos. Nada trascendente.

El problema grave está fuera de la organización: en las cifras del paro, la crisis económica, la debacle de la normalidad doméstica tal y como la hemos conocido hasta ahora. La situación es mala. No es ningún secreto. Pero no todo está perdido, piensan en el PSOE. La percepción de Espadas, uno de los factores esenciales en unas elecciones, ha cambiado radicalmente desde las Navidades: el entonces candidato desvalido y desamparado al que hubo que hacer senador para dotarle de cierto rango externo, ya es sencillamente el aspirante socialista. El predestinado Zoido, en cambio, al que los números todavía le dan como ganador, aunque sin la holgura necesaria, se ha convertido en el hipotético probable alcalde. Dos adjetivos que antes casi nadie usaba.

¿Qué ha ocurrido? Sustancialmente dos hechos simultáneos. En primer lugar, la segunda fase de la estrategia de Espadas, que ha consistido en entrar a jugar en terrenos donde el PP hasta ahora creía –ingenuamente, por otro lado– tener una cierta patente de corso. Son tres: las cofradías, el mundo de la empresa y el universo de las redes sociales. En estos tres ámbitos el sanedrín de Zoido se arrogaba un liderazgo sólido tras cinco años de trabajo. No era poca cosa.

Los socialistas han demostrado que esta tesis es frágil. En el siempre proceloso ámbito de las cofradías, Espadas, a costa de tirarse en brazos de la Sevilla eterna, ha logrado adelantarse al PP al prometer edificios históricos a colectivos como la asociación de bandas de Semana Santa o el consejo de Cofradías. San Hermenegildo y Santa Clara, los dos en el casco histórico. Dos a cero. Que el PP encajó mal el gol lo demuestra el hecho de que ha reaccionado: no se extrañen si dentro de unos días Zoido se descuelga con algún guiño cofrade. Al tiempo.

En el mundo de la empresa, en teoría, Zoido no tenía rival. Y no lo tiene. Las patronales se han posicionado hace tiempo a su favor casi de forma tácita. Pura sociología. Claro que eso no quita para que el alcaldable socialista ganara puntos –visuales– gracias a un encuentro con notables empresarios sevillanos donde estaban, entre otras empresas escasamente fervorosas de los círculos patronales, nombres de grandes como Abengoa y Ayesa. ¿Quién tiene credibilidad ante los empresarios? Probablemente los dos, aunque de forma diferente.

El tercer elemento del ataque del PSOE ha sido el célebre encuentro sobre redes sociales, donde Zoido y Torrijos fueron con un folio y Espadas lució un Ipad. Dicen que Zoido esta semana ha paseado ya el suyo por Los Pajaritos. Prueba de que es necesario para dar la impresión –otra cosa es el fondo– de que se domina la materia. Las opiniones al respecto del duelo son variadas, pero por lo general vienen a favorecer a Espadas, aunque sin entusiasmo. Desde entonces, el equipo de campaña del PP no ha aceptado más debates que el de Giralda TV, solicitado antes del patinazo.

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¿Quién lleva ahora la iniciativa? Opiniones hay para todos los gustos. Objetivas y subjetivas. Pero nadie discute ya que estamos ante una pugna compartida. Las cosa ha dejado de ser un solitario para convertirse en un intercambio de dardos. La campaña afortunadamente discurre aún por cauces razonables –no se perciben gestos ni mal estilo entre los contendientes– y probablemente el PP esté reconsiderando su táctica actual de seguir a medio gas, casi dejándose llevar, como si Monteseirín todavía estuviera dentro del escenario político.

Su negativa a acudir a más enfrentamientos directos induce a pensar en un relativo temor. Impreciso todavía, pero creciente. Hasta el punto de que esta misma semana, y éste es el hecho simultáneo a la ofensiva del PSOE, Zoido ha advertido a las bases de su partido de los riesgos del “exceso de confianza”. El problema, más que de confianza, se antoja auditivo: en el equipo del candidato llevan demasiados meses retroalimentándose a sí mismos sin que las encuestas despejen la incógnita de la mayoría absoluta. Nada está perdido. Pero el triunfo, si llega, no será natural ni indoloro, sino consecuencia de la decisión de los votantes. Hay pues que votar. Roma no ha caído.

  • Pablo M

    Desgraciadamente ninguno despierta el más mínimo entusiasmo en la ciudadanía. El efecto Zoido no es más que el efecto contra Monteseirín. Espadas es demasiado plano y todo lo que propone es demasiado tópico y en esa estrategia de contentar a todos puede quedarse sin nadie. No creo que el mundo de las cofradías vote en masa a Espadas porque el Consejo se vaya a hacer con San Hermenegildo, algo que Zoido no necesita decir porque se sobreentiende. El papelón de Espadas intentando ganarse a la “carcundia” sevillana, esa a la que Monteseirín ha apelado como las fuerzas secretas que han conspirado contra él y contra el progreso es de risa.