Huérfanos de ideas

Carlos Mármol | 10 de febrero de 2011 a las 7:32

El candidato del PSOE, que inunda la ciudad con su nuevo cartel de campaña, todavía no ha dado a conocer las líneas de su programa electoral. Anuncia un chat desde la web del PSOE federal.

Va a ser misión difícil aportar algo de análisis en mitad del ruido ambiental existente, pero el interés de los ciudadanos en vísperas de unas elecciones como las que se disputan el 22-M está –se supone– en las propuestas, las ideas y los programas de los candidatos con opciones reales de llegar a la Alcaldía. Probablemente la campaña derive por otros derroteros distintos –no precisamente muy edificantes– y sea casi un milagro que alguien se digne a escuchar el que debería ser el principal asunto de la nueva era municipal: ¿cómo se gobierna Sevilla sin dinero? Una pregunta que hasta ahora no han contestado ni Zoido, ni Espadas, ni Torrijos.

A pesar de los buscados golpes de efecto –unos relativos, otros hábiles pero generalmente sobrevalorados por los propios equipos de campaña– y de las viejas tácticas que consisten en intentar manchar todo aquello que se toca cuando no conviene a los propios intereses, lo cierto es que las estrategias de los dos principales líderes políticos que se disputan el Ayuntamiento han sido hasta ahora muy parcas a la hora de poner negro sobre blanco iniciativas programáticas serias. Por serias entiendo propuestas conceptualmente sólidas: con cierto grado de definición, algo de concreción técnica, un calendario de ejecución y, sobre todo, un presupuesto de recursos (propios o ajenos).

Se dirá que todo esto es prematuro. Que es pedir demasiado. Que sólo estamos en campaña. Vale. Aquí es justo donde está el problema:  en pretender convencer a un electorado que está mayormente hastiado –por motivos distintos– exclusivamente con buenas palabras, buenos deseos, intenciones nobles y abrazos. Todos estos elementos forman parte del manual al uso del buen candidato. No suponen ningún factor diferencial. No son estrictamente noticia. Lo llamativo, aunque hasta ahora mejor sería decir lo inaudito, sería encontrar un candidato con un proyecto de verdad.

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El PSOE y el PP, que son los que tienen opciones de conseguir la cabeza del león, han disimulado hasta ahora sus carencias políticas con recursos, digamos, periféricos. Zoido, el favorito según los sondeos, visita barrios, promete soluciones a todos los problemas (gesto noble, quién lo duda) y abre plataformas en las redes sociales para que sean los propios sevillanos los que le ayuden con su programa electoral. Hace algunas semanas los socialistas le reprochaban precisamente que repitiera el mismo proyecto de 2007. “Fue el que ganó”, replicaban sus huestes. El pasado es así. Se repite. Por otro lado, el candidato del PP recurre en función de la conveniencia del momento a la cuestión de la corrupción. Base tiene, otra cosa es que ciertos excesos en este campo puedan vincularse al perfil institucional que se supone a alguien que aspira a ser alcalde. Cada uno elige sus propias maneras, en todo caso.

Espadas, que ya ha colgado por las calles de Sevilla su nuevo cartel de campaña, promete respuestas para Sevilla. ¿Seguro? Bueno, también promete un chat con sus fieles –serán probablemente una legión de seguidores, claro– este viernes desde la web del PSOE federal. Esto sí que es toda una sorpresa. Mayúscula, además. Zoido se fue a hacerse la foto con Aznar y a Espadas le dejan la web del PSOE para hablar con sus simpatizantes. ¿Quién dijo que el centralismo (político, en este caso) había muerto? No hay nada como una bendición papal de Madrid.

Los chats de Espadas, además, no son precisamente una mina de propuestas. Hay quienes buscan en ellos puntos de ataque, pero lo cierto es que durante su celebración el candidato socialista, que siempre juega en territorio amigo –¿para cuándo un encuentro digital en terreno neutral o ajeno?–, se limita casi siempre a agradecer las ideas que le envían los internautas, a decir que estudiará sus propuestas con gran educación y a defender la gestión del actual gobierno local con algunos matices, casi siempre menores. Poco más. Su equipo de asesores también protesta por los espías del PP. Los foros, en todo caso, deben ser abiertos a todos siempre y cuando no se falte a nadie al respeto –algo cada vez más complicado en determinadas redes sociales, infectadas de talibanes– y, quién sabe, igual si descubren una buena idea quizás cambien de bando. ¿No?

A estas alturas de precampaña, el programa de los socialistas sigue siendo materia ignota. De Zoido ya sabemos que quiere arreglarlo todo. No sabemos, claro está, cómo va a hacerlo sin dinero. De Espadas, salvo los guiños a la Sevilla tradicional, que le han permitido que el PP local empiece a verlo como rival y a tratarlo como tal, cosa que a algunos ha desazonado, ni siquiera sabemos la música. De la letra, ni hablamos. En su célebre presentación en Fibes habló del río –proyecto secular de Sevilla–, de convertir a Sevilla Este en un nuevo centro urbano –mejor le hubiera ido al barrio si Monteseirín hubiera hecho el tranvía del centro desde la avenida de la Prensa al Palacio de Congresos– y de convertirnos en la ciudad del talento. Después se ha visto con empresarios de nivel –nada de patronales– y ha celebrado los proyectos del Puerto (dragado y esclusa) y del avión militar A400M. Todos son heredados. Es cierto que rompen el agrio discurso catastrofista del PP, pero ya están descontados.

Espadas ha tomado las riendas, dicen en el PSOE. Ahora sólo hay que averiguar hacia dónde va.

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