Zoido: el fin del modelo

Carlos Mármol | 25 de marzo de 2011 a las 6:30

El candidato del PP confiesa que piensa cambiar el PGOU y ofrece la firma de nuevos convenios de gestión a los constructores. Su plan de tráfico devuelve a Sevilla a la ‘era Becerril’.

Empezamos a aclararnos. Ya era hora. Desde aquí hay que dar las gracias a Miguel Rus, el presidente de Gaesco, la patronal de los constructores sevillanos, que ha conseguido (milagro) que Zoido (Juan Ignacio) diera el miércoles por la noche alguna leve idea de cuál es su verdadero programa urbanístico para Sevilla. Bien es cierto que la cita –la comparecencia del candidato del PP en el Foro Gaesco– era más bien tardía. Y que el urbanismo, ya se sabe, es materia árida de la que casi nadie entiende pero a la que siempre suele estar atenta una minoría influyente que, por otra parte, goza de ciertas ventajas en la medida que la disciplina sea oscura, complicada y ajena.

Hasta ahora el candidato del PP, al que las encuestas señalan como favorito en la pugna por la Alcaldía, había avanzado algunos detalles de su programa urbanístico: el Distrito Judicial del Prado, un proyecto napoleónico donde la cohesión social es escasa; y el llamado Proyecto Corazón, que consiste en recuperar (en parte ya está hecho) el territorio de la Exposición Iberoamericana. Una idea que Curro Pérez, el jefe de campaña de Zoido, explica en su blog hablando de la necesidad de buscar un nuevo 29 para Sevilla.

Zoido, ante los constructores, entró algo más en detalles. No del todo (está en campaña) pero sí dando más pistas. El resultado inquieta. Al menos a quienes consideran que el modelo urbano del Plan General de Ordenación Urbana es la hoja de ruta correcta para la ciudad. Mejor o peor gestionado, el PGOU ha sido el principal recurso económico e ideológico de Monteseirín, que cuando llegó a la Alcaldía carecía de patrimonio intelectual y financiero para llevar a cabo los proyectos que después han marcado su etapa de gobierno.

El Plan se aprobó en 2006 con los votos de PSOE e IU (el PA votó en contra; el PP se abstuvo en el Pleno) esencialmente porque los socialistas y la coalición de izquierdas decidieron apropiarse políticamente de su contenido, renegando de su primera fase de gestación, cuando gracias a Rafael Carmona, edil de Urbanismo con el PA, se logró cierto consenso de mínimos. El viraje impidió a Sevilla contar con un Plan de todos. Claro que entonces en el PP municipal quien llevaba la dirección política era Jaime Raynaud, un candidato que entendía de estas cuestiones (y de tantas otras).

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Zoido anuncia ahora que una de sus medidas de gobierno, si llega a la Alcaldía dentro de dos meses, consistirá en modificar el PGOU para “adaptarlo a su proyecto político”. Volvemos a incidir en el mismo vicio de PSOE e IU: capitalizar como cosa propia lo que, desde su origen, debería ser de todos.

El alcaldable del PP no ha aclarado aún en qué sentido piensa abordar estos cambios. Aquí radica el gran peligro: el PGOU no es intocable (es un documento que debe adaptarse a las necesidades) pero sí tiene una columna vertebral (el modelo urbano) que no debería alterarse porque va en la línea del urbanismo civilizado que se hace en Europa.

Vincular los errores de gestión del actual ejecutivo PSOE-IU al Plan General es interesado: si los problemas de tráfico, transporte, movilidad y cohesión urbana que existen en la ciudad no se han arreglado no es tanto porque el PGOU no proponga las soluciones adecuadas, sino porque los actuales gestores municipales no han sido capaces de lograr que Sevilla funcione.

Zoido pregona justo este mensaje: que Sevilla funcione. No es nada nuevo. Este humilde cronista ya lo escribió la víspera de las pasadas elecciones locales, cuando socialistas e IU querían hacer prevalecer su propia ideología sobre el sentido común. Zoido defiende que su programa político no es ideológico, sino técnico. Bueno. Tendremos (quizás) tiempo de confirmar esta afirmación.

Lo cierto, sin embargo, es que las pinceladas urbanísticas que esbozó en Gaesco sí son claramente ideológicas, cosa que no es intrínsecamente mala. El cambio del PGOU es la primera señal. El PP discute el modelo urbano de Sevilla y plantea una estrategia para adaptarlo a sus intereses. El proceso no será fácil. Ni estará exento de polémica. El Plan cuenta con su propio blindaje ante posibles cambios gratuitos. Si el PP se limita a hacer ajustes aprobados por consenso nada habrá que reprocharle a Zoido. Pero si lo que plantea es una revisión encubierta de un Plan aprobado hace sólo cinco años estaríamos en otro escenario.

Zoido ofrece a los constructores la firma de “convenios de gestión” (un proceso que debería explicar con detalle antes de ir a las urnas) para que utilicen los suelos del Patrimonio Municipal de Suelo sin intermediarios, crear centros comerciales abiertos, hacer aparcamientos (no aclara el PP si los cambios en el PGOU son para introducirlos dentro del centro o únicamente en la periferia del casco histórico), revitalizar el río (el proyecto esencial de Espadas) y hacer microplanes en los barrios.

Esto último no hace falta: el Plan General dedica todo un capítulo a la cohesión territorial. Sobre el blindaje del centro al tráfico nos retrotrae a la Sevilla de Becerril, cuando sólo era peatonal (y a medias) el triángulo monumental del Alcázar, la Catedral y el Archivo de Indias. Son sus apuestas políticas. Ideológicas. La modificación del Plan es una mala declaración de intenciones. Lo que Sevilla necesita, más que otro PGOU, es que se gestione mejor el que ya existe. Cambiarlo es empezar la casa por el tejado.

  • alfie

    sr. Marmol le tenia por gran conocedor de estas lides. El ununico partido que voto en contra del actual PGOU fue entonces el PA de Agustin Villar. PP como siempre ambiguo, se abstuvo.

  • Carlos Mármol

    EStimado Alfie:

    Tiene usted toda la razón. Un lapsus pasajero. Fruto probablemente de la edad. Mis disculpas.