Apocalípticos e integrados

Carlos Mármol | 13 de abril de 2011 a las 6:30

El alcaldable del PP saca de la chistera a tres ‘independientes’ para los primeros puestos de su lista. El ‘núcleo duro’ de su equipo acapara el resto de la candidatura.

Era casi obligado. No había más remedio. Después de que los socialistas provocaran un pequeño tsunami en el interior de su siempre revuelta organización tras la inclusión de tres independientes en los puestos de salida de la candidatura de Juan Espadas (los otros dos incluidos en la lista van en puestos sin garantía real de éxito), los populares sabían que antes o después debían hacer lo mismo. Caso contrario hubieran admitido ante su electorado más equilibrado una cierta vocación endogámica que, en los tiempos que corren, no es políticamente correcta.

La inclusión de tres profesionales independientes en los primeros puestos de la candidatura de Zoido (Juan Ignacio) no supone pues sorpresa alguna para cualquiera medianamente neutral, aunque habrá quien a buen seguro entonará una loa sobre las virtudes de la sociedad civil. Bueno está. Tampoco servirá, en términos políticos, para dar ningún impulso extra al viento favorable que, al parecer, empuja al aspirante popular hacia la Alcaldía: al apurar los plazos legales al máximo (una vieja costumbre de la casa) los estrategas conservadores ya contaban con que el efecto sorpresa lo aprovecharía quien diera primero. En este caso, los socialistas. En la vida, los segundos en hacer las cosas rara vez sorprenden: según algunos, emulan; según otros, se mueven simplemente en una dirección inocua, tibia. Quizás lo único que le hubiera perjudicado al PP a estas alturas sería no haberlo hecho. En este sentido, Zoido ha acertado.

Al contrario de lo que ocurre en el caso de los socialistas, donde la disidencia es una vieja costumbre, con la que se convive históricamente, en el PP cualquier movimiento ajeno al aparato (que siempre es el mismo, por cierto) se considera un pecado mortal. Ya se sabe: estos yerros sólo son objeto de perdón si se cuenta con el confesor adecuado. De ahí que la nómina de personas que acompañarán a Zoido en su sueño por llegar al poderrefleje cuál es la visión política del aspirante popular: continuismo con algún leve aderezo de novedad. No está mal. Siempre son bienvenidas las caras nuevas (¿o no?).

Aunque hablar de renovación en este caso se antoja algo excesivo. Van a oír ustedes en los próximos días diversas lecturas sobre el movimiento electoral de la lista del PP. Algo magnífico: pluralidad de opiniones. Les apuesto sin embargo lo que quieran a que casi nadie va a usar en este caso el argumento que tanto se ha utilizado (interesadamente) con los socialistas: la tesis de que la inclusión de los independientes va a provocar tal malestar entre la militancia vieja que su campaña quedará herida en su movilización electoral.

Una de tres: o en el PP no existen militantes reivindicativos (cosa que no me parece probable), o no necesitan movilizarse (siempre será poco, en todo caso) o más bien quizás algunos tienen una doble vara de medir que dice que cualquier diminuta queja en el seno de los socialistas debe convertirse en categoría mientras las voces discrepantes del PP, que existen, sencillamente deben ignorarse. Acaso será falta de oído. O sencillamente una cuestión de olfato ¿Quién sabe?

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El equipo natural de Zoido durante su etapa en la oposición ocupa la práctica totalidad de los puestos a repartir. Es su núcleo duro. Quienes le han acompañado no tanto en el Ayuntamiento, sino en la campaña perpetua en la que ha estado inmerso el candidato desde que aquella noche de 2007 en el balcón de la calle San Fernando se diera cuenta –aunque el discurso oficial de su partido todavía sostenga lo contrario– que ganar sin mayoría para gobernar no es, en realidad, ganar, sino sencillamente perder.

En términos coloquiales, y sin ánimo de ofender (tengo pendiente un café con alguno), siendo sencillamente descriptivo, podría considerárseles como los apocalípticos. ¿La razón? El grueso mensaje catastrofista (según ellos realista) sobre la situación de la ciudad. Nada personal, supongo. Sencillamente una táctica que persigue, como es obvio, inclinar la balanza a su favor: dibujar una Sevilla caótica para que tenga cierto predicamento su mensaje esencial, que es que todo se arreglará gracias a Zoido.

Después vienen los integrados, que son los independientes. El nombre más conocido es el del ex decano de Económicas, Javier Landa, catedrático de universidad. Al suyo se suman una funcionaria municipal especialista en cuestiones fiscales (Asunción Fley) y una jurista con experiencia en administración patrimonial (María Dolores de Pablo-Blanco). El acta de concejal de Juan García Camacho (presidente de una entidad social) depende de la mayoría absoluta.

Como suele ocurrir en la vida, también hay gente fuera de foco: los que se van. La tesis oficial es que lo habían pedido. Puede ser. Aunque quizás tenga algo que ver el hecho de que gente como Vicente Flores (catedrático e independiente, igual que el nuevo número dos) fuera del equipo político de Jaime Raynaud, el anterior portavoz del PP, o que Joaquín Peña, otro de los que no repetirán, tuviera la osadía (valentía, según algunos) de intentar encabezar en 2008 una alternativa al actual presidente del partido, José Luis Sanz. Rara avis en el PP.

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