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Nacionalismo

Carlos Mármol | 22 de marzo de 2012 a las 6:06

Estamos en la recta final. Se parece sospechosamente al itinerario del principio. Quizás porque, en el fondo, no hemos salido de la misma espiral en todo este tiempo. El mal necesario de la campaña electoral va tocando a su fin, los candidatos reiteran sus argumentos –los mismos del comienzo, de donde se deduce que no hay dialéctica, sino soliloquios cruzados– y los electores piensan qué hacer con los sobres de propaganda que los partidos les han mandado al buzón de casa. Hay de todo: uno rosa, otro verde, otro que anima a un cambio difuso y un último que dice simplemente: “Rebélate”. Lo que no dice es frente a quien: si ante la totalidad del universo (una rebelión cósmica, por tanto) o frente a algo más pedestre. Debe ser para que cada uno elija su propio contrario, supongo.

Como aquí todo va siguiendo el sendero marcado en cientos de ocasiones anteriores, en la fase final de la pelea electoral antes o después toca el capítulo nacionalista. En el caso de unas autonómicas, la cosa viene a consistir en una reivindicación (innecesaria) del hecho (involuntario, por lo general) de ser o considerarse andaluz. Unos apelan al orgullo de tal condición (los andalucistas, que tienen todo su mensaje construido a partir de esta contigencia vital) mientras otros agitan el clásico recurso del enemigo exterior. En esto están ya los socialistas, que dicen que el Gobierno (el PP, en realidad) mira a Andalucía como territorio enemigo porque hasta ahora no ha votado (lo suficiente) a los candidatos del partido reformista.

Valderas, el cabeza de lista de IU, animó ayer a los ciudadanos a “levantarse” y “coger el voto del orgullo de ser andaluz”. Sintaxis aparte, y obviando el guiño a Blas Infante, demuestra que los partidos creen que la apelación a las raíces es, a falta de mejor razón, un recurso útil. El PP lo hace de otra forma: “Los andaluces no pueden quedarse atrás”, dijo esta semana Cospedal, la generala secretaria del PP. Lo que implica que si usted vota a cualquiera que no sea Arenas en realidad no es que usted sea un elector libre y con cierto criterio (opuesto al PP), sino alguien que, como en el colegio, quiere repetir curso. Un peligro público. Es una forma bastante singular de apelar al libre juicio del votante, que no deja de oír historias (para no dormir) sobre drogas e intrusos en la Junta.

Faltan días. Horas. Pero no se preocupen: pase lo que pase el domingo, seguiremos siendo andaluces. Hasta la muerte no podemos ponerle a la cosa remedio.

San Telmo

Carlos Mármol | 14 de marzo de 2012 a las 6:05

Al final, todo se reduce a una batalla escénica. El debate (frustrado) de Canal Sur es un ejemplo. Un plató frío con apenas dos aspirantes. Un perfecto ceremonial para el tedio. Otra es la idea de Arenas de no aposentar sus reales –si es que puede gobernar– en el Palacio de San Telmo, al que el candidato reformista cree un ejemplo de “despilfarro”, cuestión que, al parecer, debe ser ya un dogma, porque basta comparar el precio del metro cuadrado de la rehabilitación integral de la vieja universidad de mareantes con otras obras contratadas incluso por difuntos presidentes autonómicos del PP para darse cuenta de que ha sido más económico que muchas otras sedes magnas.

Si Arenas no quiere gobernar desde San Telmo, nadie se lo va a impedir. Ahora bien, la factura del traslado a la Casa Rosa debería pagarla de su bolsillo. Si, a su juicio, es discutible que los andaluces financien un palacio al presidente de la Junta –el edificio es de todos, que se sepa– mucho más es que ahora abonen el coste de dos. La mudanza a la Palmera es un excepcional capricho, fruto de la demagogia con la que algunos afrontan esta campaña.

San Telmo es un edificio institucional. Y puede abrirse perfectamente a los ciudadanos –si se quiere– sin perder esta condición, para la que ha sido recuperado. El proyecto de Vázquez Consuegra se concibió con este espíritu cívico. Por eso reservó espacios para exposiciones y actos culturales dentro de la cáscara magnífica del palacio y sin que tenga que salir el presidente de la Junta, sea quien sea. Basta aprobar un buen programa de usos. Cualquier otra idea –una nueva transformación– implica un coste (por ahora indeterminado) al que habría que añadir la adaptación de la Casa Rosa.

Si la máxima del PP es que los edificios simbólicos no sean para los funcionarios, Arenas debería hablar con su candidato por Sevilla –Zoido–, que quiere meter a los funcionarios del Ayuntamiento en la Artillería de Sevilla. En todo caso, si la operación de SanTelmo le parece tan mal al candidato popular, convendría que censurara también a la Iglesia, antigua dueña del inmueble –por el que no pagó una peseta y que destrozó en su momento convirtiéndolo en una tenebrosa colmena de seminaristas– y principal beneficiaria del intercambio gracias al cual se construyó un seminario y se rehabilitaron un sinfín de parroquias en Sevilla. El despilfarro ha tenido muchos beneficiarios. No se olvide.

Impaciencia

Carlos Mármol | 12 de marzo de 2012 a las 6:05

Puse el otro día Canal Sur. Sorprendente: una pieza electoral dedicada a justificar los propios errores en los informativos, pidiendo disculpas (es lo lógico) pero recordando las pifias de otras cadenas rivales. Llamativo: uno no debería tratar de justificar sus propios yerros mencionando los ajenos. No resulta elegante. Tua culpa, nueva figura retórica. Previamente se emitieron las crónicas (tasadas) de la campaña, empezando por el PSOE y siguiendo por el PP. De colofón, minoritarios.

Todo muy medido (es un canal público) y con tanta vida como un adoquín, aunque a los compañeros no podemos pedirles milagros: cuentan lo que los partidos les dejan. Y ése justamente es el problema. No es interesante. Sólo es el rosario del mediodía de cada gabinete electoral. Hacer así periodismo es imposible. No es periodismo, es el parte de las dos treinta.

Griñán celebraba una suerte de acto electoral (los mítines pasaron a la historia) en Córdoba. Dijo:“La voluntad de los andaluces dice que el PSOE es el partido al que más quieren. Los andaluces confían en el PSOE y en sus dirigentes”. Por si no había quedado claro, una voz en off reiteró: “El candidato confía en que los electores ya lo hayan entendido”. Puede que no. Igual es algo pronto. O quizás es que no están precisamente por la labor de entenderlo. Quién sabe.

Lo que es evidente es que el tono de la intervención del presidente (en funciones) daba por hecho lo que aún está abierto –la opinión de los votantes– y denotaba una extraña prisa. Para algunos una campaña electoral es, sobre todo, una molestia. No pasa a nada: nos ocurre a muchos. Mal necesario, en todo caso. Peor sería no decidir, aunque sea simplemente elegir quién pierde. Todo lo demás se nos hurta gracias a la formalidad de la democracia.

Arenas, que lleva año y medio largo marcando los tiempos al Gobierno andaluz –al parecer en San Telmo había un Gobierno, pero se notaba poco–, también tiene prisa. Puede que por eso mire –de reojo, siempre de reojo– a la victoria que se le resiste. En Ronda el conservador (perdón, reformista) decía: “Veo el cambio cerca”. Igual no lo está tanto. De nuevo, las prisas. El bloque electoral de Canal Sur lo cerró Valderas (IU): “El primer día de la huelga general es el 25-M”. La convocatoria es posterior: un día antes de que –los que afortunadamente todavía pueden– cobren la nómina. En esto también hay prisa. Impaciencia, casi.