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Aviones, barcos y bicicletas

Carlos Mármol | 22 de enero de 2011 a las 6:15

Los candidatos a  la Alcaldía, ante la falta de propuestas propias en materia de empleo, tratan de capitalizar en beneficio electoral cualquier iniciativa ajena que tenga la mínima viabilidad.

Les digan lo que les digan durante los próximos cuatro meses no se engañen: un alcalde tiene poco que hacer en términos de creación de empleo. Puede colaborar para que una determinada iniciativa industrial se asiente en la ciudad, pero su hipotético papel como salvador frente el problema del paro, que es el que marcará el resultado de las elecciones locales, autonómicas y nacionales, depende en realidad de otros ámbitos de decisión.

Esencialmente de dos: el Gobierno central y la administración autonómica. Ambas instituciones se reparten casi todas las competencias en la materia, por lo que a los consistorios sólo les queda el urbanismo como única herramienta para poder atraer inversores. También algo de políticas de formación (los cursillos) y el capítulo de la promoción, sobre todo si es capaz –cosa que en Sevilla hasta ahora no ha ocurrido– de mirar fuera de sus fronteras para plantear este tipo de iniciativas en clave metropolitana.

La creación de empleo depende de la salud de la economía –ahora en fase de derribo–, del ambiente reinante y de la decisión de los únicos que contratan: los empresarios. Un alcalde puede influir, animar, persuadir, insistir y un sinfín más de acciones retóricas. Pero, salvo en las empresas municipales, no tiene la solución. Las arcas municipales, además, no están para alegrías. Ya hacen lo mismo que las empresas: amortizar plazas.

Siendo esto así, como ha sido siempre, resulta pertinente analizar los pronunciamientos de los candidatos a la Alcaldía en favor de la creación de empleo. Conscientes de que los electores tienen al paro en primer lugar en la lista de preocupaciones, Zoido, Espadas y Torrijos, cada uno a su manera, han querido en los últimos días capitalizar la atención de la audiencia con algún tipo de idea, iniciativa o actitud favorable al asunto.

Lo malo es que casi ninguna de sus propuestas son originales. Esto es: no se les han ocurrido a ninguno de ellos. Como pedir ideas a un político, por lo visto, va camino de convertirse casi en una quimera –se le puede pedir una sonrisa, una promesa, un mail, cualquier cosa menos una iniciativa sólida– pues la tónica dominante es apuntarse a lo que traiga la corriente del río, el cielo o el azar.

CUADERNO DE CAMPAÑA 5 baja

Zoido, por ejemplo, mira obsesivamente al Guadalquivir. Ayer se hizo una foto con un pastel junto a la Torre del Oro y el jueves se fue al antiguo Callejón de la Inquisición para presentar su propuesta de crear una Zona Franca en Sevilla. El equipo del candidato del PP, que suele trabajarse las puestas en escena, debió pensar que no merecía la pena ir a contar la historia al actual espacio portuario y, como si estuviéramos en el Siglo de Oro, presentó la idea junto al Puente de Triana, donde el puerto es historia.

Claro que la propuesta de la Zona Franca en realidad no es ninguna novedad. Los empresarios sevillanos y la actual dirección de la Autoridad Portuaria llevan tiempo acariciando dicha idea, lo que pasa es que hasta que no se despejen las dudas sobre el dragado del río –esclusa nueva ya tenemos– la cosa parece prematura. Y permite el ataque del enemigo, que sólo tiene que relacionar el término –Zona Franca– con los escándalos de corrupción que se sucedieron en la institución homóloga de Cádiz. Si alguien desea aplicar a Zoido su propia medicina –las denuncias sobre la honra ajena– tiene base, aunque el argumento sea demagógico. ¿Acaso importa?

Si Zoido apuesta por los barcos para combatir el desempleo, Espadas ha optado por los aviones. Desde luego, la iniciativa tampoco es suya. En su web el candidato socialista alaba la apuesta de la Junta por el sector aeronáutico que, gracias al proyecto del avión militar A400M, puede permitir mantener la incipiente industria auxiliar. Lo mismo hizo en su día Monteseirín, que se arrogaba la paternidad total de esta apuesta estratégica.

En honor a la verdad hay que decir que los primeros que, en un Pleno municipal al menos, hablaron de la aeronáutica como futuro para Sevilla fueron los chicos de IU. No se asusten: no fue Torrijos, sino el añorado Luis Pizarro. Las carcajadas del resto de concejales retumbaron aquel día en el viejo salón de Plenos. Lo que son las cosas: cuántos padres tienen las victorias. Espadas parece apuntarse a ser uno de ellos: insiste en que la solución al empleo puede venir por avión. Que sea militar o no –adjetivo que puede inquietar a cierta parte de su electorado– ha pasado a un segundo plano. Es lo que tiene ver a Sevilla sólo en positivo.

¿Y Torrijos? El empleo es una de sus líneas argumentales favoritas. Si hablamos de medios de transporte (barco, avión) al candidato de Izquierda Unida le queda la bicicleta, proyecto que el PSOE lleva tiempo intentando fagocitar. ¿Crean empleo? Depende. Es cierto que en Sevilla existe un servicio de bicis que antes ni hubiéramos soñado. Y que funciona muy bien. Pero el negocio de JCDecaux es la publicidad, no las bicicletas. ¿Qué le queda? Las empresas municipales, de cuya privatización no quiere ni oír hablar. Así se lo está diciendo a todos los comités de empresa. Para crear empleo, todos al Ayuntamiento. Otra cosa es que, si las cosas siguen así, haya dinero para pagarle a nadie.