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De entrante, un leve rebrote crítico

Carlos Mármol | 18 de enero de 2011 a las 2:40

La facción más minoritaria de todas las familias del PSOE de Sevilla, rota tras la victoria de Viera ante Monteseirín, intenta robarle algo de protagonismo a Espadas justo en el arranque de su precampaña.

Hay dos posibilidades. Una: que sea una excepción. Dos: que alguien tenga pensado convertir el episodio en una costumbre. Me inclino, a priori, por la segunda. El relativamente exitoso arranque de la precampaña del socialista Juan Espadas, candidato a la Alcaldía, se vio empañado a finales de la pasada semana por la abrupta dimisión de Evangelina Naranjo, diputada autonómica en las Cinco Llagas. ¿Qué tiene que ver un diputado regional con un alcaldable? Pues más bien nada. Salvo si se mira el paisaje, y sobre todo el paisanaje, en clave interna. Orgánica. Cosa que no queda más remedio que hacer cuando se trata del PSOE de Sevilla.

En principio lo de Naranjo, cuyo historial institucional es relativamente corto, aunque en su momento tuviera cierta presencia mediática, recuerda a la anécdota que Mario Vargas Llosa cuenta en Historia la Mayta, la novela que el Nobel escribió para contar el singular devenir de un revolucionario troskista que durante los años de las utopías revolucionarias soñó con encabezar una revuelta en el Perú y, como suele acontecer, terminó siendo aplastado por la rueda (medieval) de la fortuna, que dijera Boecio.

En el libro, donde se retratan aquellos años febriles en los que la efervescencia revolucionaria era tal que se fundaba un nuevo partido cada día, previa escisión de la anterior organización dominante, en ocasiones con una parroquia de no más de dos militantes por grupúsculo, el protagonista decide en un momento dado dejar una de las células en las que militaba y, con toda solemnidad, dada la trascendencia de la resolución, manda a su secretario general una carta del siguiente tenor:

“Por la presente le comunico mi renuncia irrevocable a las filas del Partido Obrero Revolucionario Troskista. Mi decisión obedece a motivos personales (…) Solicito que publique mi renuncia en Voz Obrera a fin de que la opinión pública quede informada”.

La opinión pública, única juez de las decisiones políticas históricas, asumió la noticia bastante bien. Ni le prestó atención. Mayta terminó en el más absoluto de los olvidos. Lo decía Cervantes: “Hay otras cosas en las que ocuparse”.

Nadie, como es lógico, le desea tan ingrato destino a Naranjo, pero lo cierto es que la renuncia a sus “responsabilidades ” ha sido publicada generosamente por todos los diarios y no consta –por ahora– que se haya convocado manifestación alguna reclamándole que reconsidere su posición. Probablemente no tardará en suceder. En el horizonte inmediato, de momento, no se atisba. Los 360 militantes socialistas de la agrupación local de Miraflores, una de las más pequeñas del PSOE de Sevilla, cuya dirección política todavía ejerce la dimisionaria, tarea que al parecer no entra en conflicto con sus “motivos personales”, deben estar precisamente pensando justo ahora en convocarla. La tarea es ingente. Debe llevar su tiempo.

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¿Detrás de la marcha de Naranjo está una posible resurrección del sector crítico del PSOE de Sevilla? Algunos lo ansían, pero la verdad es que no lo parece. Más bien podríamos hablar de sus rescoldos. Escasos. Limitados. Molestos. La sonora dimisión respondería a una estrategia –calculada, pero en el fondo ingenua– para hacerse oír. Para romper la imagen de unanimidad que la Ejecutiva había logrado escenificar hace sólo una semana en Fibes.

Casi siempre la literatura nos ayuda a ver mejor la realidad. Cuando se quiere analizar un relato los puntos de atención deben ser: ¿Cómo se cuenta la historia? ¿Quién la cuenta?¿Cuáles son los adjetivos? Los resultados del método, aplicados a la política, son asombrosos. ¿Cómo se vende la dimisión de Naranjo? Según algunos es una auténtica tragedia. La ex consejera de Gobernación se marcha, pero sólo a medias, como víctima de las purgas internas del PSOE. Y decide hacerlo sin tener el futuro despejado –se resalta también la supuesta valentía de adoptar dicha decisión cuando no hay futuro para (casi) nadie– y justo en el momento procesal en el que Espadas ha reunido en una misma plaza a las familias de la organización.

A quién beneficia la dimisión? Extrañamente a nadie. Sólo perjudica: a Espadas. Apenas unos días después de que el candidato del PSOE lograse el salto de registro que necesitaba desde hacía meses, la secretaria de una agrupación local le roba el protagonismo –durante unos pocos días– con la evidente intención de hacerse valer –ella o su entorno, que lo mismo da– de cara a las listas electorales. Circula por ahí una teoría que dice que todo el episodio es fruto de un pacto secreto con Viera para volver al Ayuntamiento. Es de suponer que si tal tesis fuera cierta el acuerdo hubiera incluido también el momento adecuado para dimitir. No parece inteligente hacerlo justo para sabotear al candidato de Viera a la Alcaldía.

Las casualidades, en política, no existen. El alcalde, ausente desde lo de Fibes, elogió este fin de semana “la extraordinaria valía” y el “futuro” de Naranjo. Quizás la cosa ya se vaya entendiendo. Palabras amables, actos peligrosos. En la competencia leo una historia sobre una operación –frustrada– de Griñán para que el candidato fuera Celis. Alguno no es que no se haya enterado todavía, es que no quiere enterarse de que, como decía Dylan, los tiempos han cambiado. ¿O no?