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Andalucistas: la nueva era

Carlos Mármol | 28 de abril de 2011 a las 6:30

Retóricas electorales. Capítulo cuatro. ¿Ah, pero es que hay un cuarto partido en la lucha por la Alcaldía? Pues sí. Dicen llamarse andalucistas y sostienen ser diferentes. ¿Herederos de Rojas Marcos? También. Aunque como las generaciones suelen ser distintas, y en política la personalidad del líder condiciona, la candidata del PA a la Alcaldía, González (Pilar), intenta, sin tenerlo nada fácil, superar los tiempos pretéritos para que su fuerza política vuelva a tener voz en la nueva corporación local que saldrá de las urnas.

Pilar no es nueva en estas lides. Pero lo parece. Cosa positiva. Lo digo porque la conocí en los tiempos en los que el PA había vuelto a la oposición tras casi dos lustros de mando y tenía que compartir un despacho en Plaza Nueva con Rafael Carmona y el gran Agustín Villar. El otro (el despacho de portavoz) lo ocupaba en solitario Paola Vivancos. Pilar tuvo representación institucional (al menos en el ámbito local) cuando los tiempos de grandeza de los andalucistas ya se habían venido abajo. Algunos dicen que porque el PSOE pactó con IU y dejó al PA sin su función básica: ser bisagra de quien ganara las elecciones en Sevilla. Había también otras razones: su propia gestión.

La ahora candidata tuvo la virtud (aparente) de no quedarse encajonada en la lucha de poder que, al poco tiempo (la oposición suele provocar más guerras civiles que el gobierno, salvo en el caso de los socialistas), dividió en dos las mermadas huestes de los andalucistas. Los Villar (hermanos y residentes en Sevilla) contra el dúo Vivancos/Carmona. Resultado: victoria de los primeros (en términos orgánicos) y, al poco tiempo, debacle del partido en Sevilla. Ni un concejal en 2007.

La vida tiene estas cosas: las peleas por controlar el nido suelen destruirlo. Los andalucistas marcaron la política municipal en la década de los noventa, cuando gobernaron con el PP. Los costumbristas suelen citar también la etapa de Luis Uruñuela, pero cualquiera sabe que una cosa es reinar (ser el alcalde nominal) y otra, muy distinta, mandar. Rojas Marcos es el único que ha hecho ambos papeles con notable éxito a pesar de ciertos excesos fruto de la inevitable soberbia del poder, que es inmisericorde con todos.

De aquellos polvos vinieron los lodos del destierro. El hundimiento político de los andalucistas, reducidos a un apoyo social inferior incluso al de IU y con una estructura diminuta. Podían haber desaparecido. Quizás los salvó contar con militantes tan creyentes que avalan con su propio patrimonio la sede y las campañas del partido. Lo que se dice convencidos. Raras avis en el actual mundo político, en el que se huye del riesgo y tan sólo se ambicionan las mieles del poder, olvidando que decidir también implica demasiadas hieles.

Pilar González busca ahora que los votantes vuelvan a confiar en la minoría andalucista. No lo tiene sencillo. Ni le ayuda el sistema (bipartidista) ni el pasado más reciente. Su estrategia de campaña consiste en hacerse notar (aunque afortunadamente sin incurrir en barbaridades como cuando el PA se posicionó en el célebre conflicto de la mezquita de los Bermejales con los sectores más reaccionarios de la ciudad), despertar simpatía e intentar romper la grisura de la vida política municipal. Los andalucistas siempre han sido maestros en la materia. Con relativamente poco hacen mucho.

Me manda la candidata un CD con su canción de campaña. La oigo. Primera impresión: la sintonía aflamencada es pegadiza (su calidad, por tanto relativa) y el video, lleno de un entusiasmo algo sobreactuado (cosas del doblaje) no genera ni adhesión ni rechazo. Tratándose de un mensaje electoral me parece mucho. No hay más que ver ‘Zoido 2011’ (lo tienen en youtube) para confirmar que se puede decir lo mismo de forma distinta.

Después me voy a buscar los ejes programáticos (pilares, los llaman ellos; ¿juego de ingenio?) de los andalucistas. Prioridad: el empleo. Gran proyecto: la red integral del Metro. Ecología: Tablada, un parque. Política social: economatos en los barrios. Participación: referéndums ciudadanos. Barrios: más equipamientos. Gobernanza: no total a la corrupción. Cultura: apoyo a los artistas. Economía: potenciación de los productos andaluces. Educación: más colegios. ¿Alguien puede oponerse? Pues no.

Los andalucistas no explican cómo van a lograr todo esto con un ayuntamiento en la ruina y un escenario político muy similar al de la Restauración decimonónica, con cesantes y bipartidismo furibundo. Sería de agradecer que lo hicieran. No basta con pedir las cosas: un político debe sobre todo hacerlas. O intentarlo. Para pedir hay otros negociados.

Acaso la diferencia que persigue González consista, más que en diferenciarse de PSOE, PP e IU, en distanciarse con el pasado de su propio partido político, que tuvo momentos brillantes (los centros cívicos, el Metro) pero también sombras del tamaño del Estadio Olímpico, junto a los excesos propios de los partidos familiares.

Con independencia del éxito que cosechen el 22-M, de su campaña electoral puede sacarse una enseñanza útil: se puede hacer oposición (crítica) con la gestión del actual gobierno local sin erigirse en dueños de la verdad única y revelada, sin incurrir en el viejo mal de casi todas las iglesias (intentar dirigir la moral de una sociedad democrática) y sin ir por la vida como la Santa Inquisición. En esto, decididamente, sí es diferente.