Archivos para el tag ‘PSOE’

Tipos raros

Carlos Mármol | 10 de marzo de 2012 a las 6:05

La cosa es sencilla, así que no hace falta que nadie –incluidos los articulistas– les digamos nada. El resultado es asunto suyo. Tendrán que decidir, como siempre, sobre el vacío, pues de esta campaña (la última, sobre todo para algunos) no hay que esperar grandes argumentos, ideas ni propuestas. Todo esto, al parecer, sobra. Es ropa vieja, asunto prescindible, materia árida. Hemos construido una democracia virtual en la que la esencia de la política –los proyectos de los partidos– parecen ser un teatro necesario pero irrelevante. Todo se va a limitar en estas dos semanas largas a repetir las mismas cantinelas. Los socialistas: somos los defensores del Estado del Bienestar y de los derechos sociales. El PP: los socialistas son todos unos corruptos que se meten la autonomía por la nariz. Y así hasta el infinito. Todo en este plan.

Los pequeños buscarán, como siempre, su hueco. Pero el sistema sólo se lo garantiza a IU, cuyo candidato por Sevilla, Sánchez Gordillo, se puso ayer bíblico –es nuestro particular mesías rojo– y dijo que pactar con los socialistas o los populares sería como ir al infierno, aunque tampoco hay que descartar del todo que ya estemos en los dominios de Pedro Botero. Ha empezado el calor, irrumpe rotunda la primavera, algunos disfrutan de la cuaresma –vicios privados que se proyectan en público– y tenemos una huelga general en el calendario. ¿Qué más queremos?

Se me ocurren varias opciones, pero todas son utópicas. Idealistas. Ingenuas. Por ejemplo: una campaña para los ciudadanos que hayan reservado un trozo de alma antipolítico, sin contaminar. No sé si se refería ayer Arenas a éstos –la inmensa minoría– cuando decía que no quería votos de los radicales, sino de los moderados. Extraña cosa: todos los votos valen lo mismo, o en eso habíamos quedado. El voto, en el fondo, siempre es neutro: con independencia de las razones del elector, el político que los recibe los manipula como mejor le parece.

Aunque si la cosa es ponerse selectivo mejor sería para los partidos pensar que el 25-M también vota gente que, como decía Ortega en El Espectador, “son incapaces de oír un sermón, apasionarse en un mitin y juzgar de personas y cosas en una tertulia de café”. Estaría bien que pensaran algún día en estos tipos raros, pero hasta ahora de los próceres no hemos visto más que homilías, pasiones (de pago) y café, mucho café para todos.

Victoria justa, mayoría total

Carlos Mármol | 6 de febrero de 2012 a las 6:05

Griñán ha demostrado en estas guerras púnicas socialistas parecerse demasiado a su, hasta ahora, bisoña guardia pretoriana. Jóvenes (relativamente) y egocéntricos (sin duda alguna). Y sin leer al gran Baroja, el hombre malo de Itzea.

Todas sus decisiones con respecto al congreso las ha marcado el capricho, no el análisis. Primero, el antojo de una secretaria general fotogénica (Rubalcaba no lo es). Después, una cuota suficiente en la nueva dirección. Ayer a Griñán lo hicieron presidente del PSOE por motivos de causa mayor. Sin entusiasmo.

Si su próximo deseo es seguir en San Telmo, ya debería ir preparando las maletas, salvo que un milagro no lo remedie. Y está claro que ya no se puede pedir ayuda a la Santa Sede después de que RbCb arremetiese contra un concordato que, por cierto, los socialistas mejoraron en exceso en los últimos años, acaso por su vieja manía de decir una cosa y hacer la contraria. Hipocresía de mitin.

Andalucía sale rota y disminuida del cónclave que pretendía relanzar la marca PSOE a 50 días de las autonómicas. Épico. Ni unidad ni integración. Los perdedores todavía no se habían dado cuenta ayer de que su gran salto al vacío terminó en el suelo. El Fouché socialista hizo, como era natural, una dirección de fieles donde el rubalcabismo no existe porque es total. Ya se sabe: el poder perfecto es aquel que ni se percibe.

El socialista andaluz más importante de la nueva mayoría es el incombustible Zarrías y, en segundo plano (vocalías), el heredero de Viera, Javier Fernández, alcalde de La Rinconada. Se consultó sobre todo a las agrupaciones territoriales rebeldes al griñanismo-susanismo. ¿Hace falta dar más pistas de lo que viene de camino?

Ayer algunos todavía intentaban vender la supuesta exclusión de Viera de la dirección como un magro triunfo. ¿No será prudencia ante posibles disgustos judiciales? Parece evidente que la relación de fuerzas, que en la votación de los delegados todavía estaba ajustada, ha mutado de nuevo. El 80% del PSOE se ha puesto ya del lado del vencedor. La valentía no es precisamente un atributo de los congresistas socialistas. La egolatría, incluso en la madurez, parece que sí.

La profecía del voto nulo

Carlos Mármol | 5 de febrero de 2012 a las 6:10

El cónclave de los socialistas puso ayer sobre la mesa una certeza: el fondo de comercio del PSOE sigue siendo de la vieja guardia. Y dejó dos incógnitas. Una: ¿cuánto tiempo les queda a algunos en su cargos orgánicos? Dos: ¿de quién es el voto que ayer fue declarado nulo en el recuento definitivo?

Empecemos por la segunda cuestión. El voto indeterminado fue invalidado porque dentro del sobre alguien incluyó a conciencia dos papeletas. Una para Rubalcaba. Otra de Chacón. Decisión salomónica. Ni uno ni otro. Los dos. Evidentemente, el sufragio no podía ser aceptado porque era indefinido. Neutral. Algo inadmisible cuando de lo que se trata es de elegir. Griñán, casualmente, dijo antes de acudir a las urnas que él pensaba a votar “por los dos candidatos”. ¿Era una frase retórica? ¿Una broma? ¿No será el voto nulo de Griñán?

Si así fuera, la verdad es que su neutralidad in extremis, además de estéril, llega a destiempo, después de semanas de una campaña a todo lo que da –como dice un amigo, socialista subjetivo casi siempre– en favor de la candidata Chacón cuya apoteosis fue aquella pancarta en los Jardines de la Buhaira. Sevilla, con Chacón. Pues no. El arrepentimiento de Griñán, si es que es sincero, ya no tiene mérito ni remedio. Hubiera podido ser el ganador del congreso con independencia de por quién hubiera apostado. Ahora es el gran perdedor. A semanas de pedir a los andaluces el voto.

Sus afines dicen que se ha dejado llevar hacia el abismo (con una extraña sonrisa en el rostro) por la ambición desmedida y la osadía de la ignorancia. Malas consejeras. Desde Madrid suena ya una sinfonía de reconquista que viene hacia el Sur y que, salvado Despeñaperros, pasa por Jaén y se alimenta con las periferias (Cádiz, Almería) y con la envolvente sevillana. Lo cual nos lleva a la segunda cuestión: ¿cuánto tiempo les queda a algunos? Depende de las andaluzas.

Zapatero ya dio por terminado su tiempo en Sevilla. No sólo el suyo. El órdago de esta guerra era demasiado zafio para no provocar una revuelta a pie de urna. “O me votas o al paro”. Tiene gracia. Los muertos vivientes de hace una semana ahora están algo más vivos. Y ciertos cadáveres lucen una tez juvenil.

La reconquista

Carlos Mármol | 4 de febrero de 2012 a las 18:46

Comienza la reconquista. Desde el Norte bajará hacia el Sur. La rotunda victoria de ayer de Alfredo Pérez Rubalcaba, o su honómimo electoral –RbCb–, en el congreso socialista de Sevilla pone fin a la incógnita: el fondo de comercio de la marca PSOE pertenece a la vieja guardia y los efectos renovadores tendrán que integrarse –si les dejan– o comenzar una nueva vida, se desconoce aún si con visos de éxito.

A pesar de los gestos y mensajes a la unidad, obvios cuando el último reducto socialista –Andalucía– está en juego, las consecuencias del resultado congresual no tardarán en notarse. Don Pelayo se va a quedar corto. Lo único que puede salvar al aparato regional del PSOE, que apostó por Chacón pregonando una neutralidad que nadie creyó sincera, sería una victoria electoral en marzo. Se antoja difícil, dadas las encuestas. Si San Telmo cae, todo va a estallar. Si, en realidad, no ha estallado ya.

Los exiliados –el clan de Chaves y Zarrías– van a exigir la reparación de los desplantes que, por propia supervivencia, hace tiempo se convirtieron en la tónica del griñanismo, probablemente con razón: los viejos amigos ni se hablan y se sabe, desde antiguo, que no hay nada más cruel que un conflicto familiar.

La reparación consistirá en bajar hacia Despeñaperros: primero, en el futuro congreso regional; después, en los provinciales. Los movimientos serán telúricos. Terremotos. Sobre todo porque los temblores que vienen pueden producirse sin que la dirección regional –que es la gran perdedora del congreso federal– tenga en su mano la gran baza: una cuota suficiente de poder que poder compartir. El órdago del congreso se basó justo en esto: en las cosas de comer. No ha funcionado. El voto es como la dignidad: secreto. Y se usa sólo cuando hace falta. Ante la urna.

El nuevo liderazgo socialista, en todo caso, no garantiza, en términos electorales, nada. Se vio en noviembre, cuando RbCb encabezó el cartel electoral. El poder reciente de los socialistas queda cada vez más lejos. Andalucía está en el alambre. Y lo único que asoma por el horizonte, si los peores augurios se cumplen en las andaluzas, es un colosal ajuste de cuentas. No había nada más que ver la cara de Chaves el primer día del 38 congreso. Un témpano de hielo. Con ganas de venganza.

La guerra del 38 ©ongreso

Carlos Mármol | 4 de febrero de 2012 a las 6:05

Quizás todo se deba a una casualidad. Un mero capricho gráfico. De diseño. La imagen corporativa –nunca mejor dicho– del 38 congreso de los socialistas tiene como motivo principal el logo del copyright, la nomenclatura de los derechos (legales) de autor. Casi una involuntaria declaración de principios. Lo que se dirime en Sevilla estos días en realidad es la propiedad de la marca PSOE. Un fondo de comercio. El conflicto irresuelto entre los derechos morales y los patrimoniales. Los dos sectores enfrentados –la vieja guardia y el zapaterismo reinventado– aseguran querer representar los primeros pero sus hechos expresan que más bien persiguen los segundos.

La política es un negocio. Una guerra sucia. Y en los negocios no existe el copyleft: derechos de autor de libre circulación. No se comparte nada. Ni siquiera el odio. La guerra púnica federal –a la que seguirán la regional y las provinciales, mucho más crueles por ser a cuchillo entre gente de casa– comenzó ayer con posturitas, fotos, besos, abrazos impostados y algunas caritas (como la de Chaves) que decían todo lo que los discursos negaban. ¿Unidad? Ni en broma. ¿Cordialidad? Escasa.

Si alguien pensó que un congreso federal en Sevilla sería la catapulta para conservar la Junta que Dios le conserve la vista. El PSOE que se vió ayer en el Hotel Renacimiento (curioso nombre ahora que entramos en la Edad Media, lo que supone que para llegar a la Florencia de los Médicis aún tenemos que pasar por la Alta y la Baja edad de las tinieblas) parecía todo menos una organización cohesionada, capaz de dar respuestas, justo lo que promete el lema congresual. Se trata de un duelo, pero no entre los dos aspirantes, sino de difuntos. Un sepelio a la vista del mundo.

El histórico dirigente Pepe Caballos leía ayer en un auditorio vacío las esquelas de un periódico. Horas después el rey destronado (Zapatero) se despedía con sobriedad e involuntaria melancolía. Los próceres pudieron permitirse ser generosos con él porque hoy el senado socialista elegirá al cónsul que regirá la travesía de Roma por el desierto. El Imperio, incluso en proceso de derribo, siempre se ganó y se perdió por las armas.

Idus de marzo

Carlos Mármol | 20 de noviembre de 2011 a las 6:00

Hoy se abren las urnas. Es el día. Y, como es costumbre, llega el momento de cerrar –por un tiempo– este cuaderno. Aunque, en realidad, motivos, más allá de los estrictamente oficiales, no existen: el circo electoral va a seguir abierto, en una espiral interminable, porque dentro de apenas tres meses, justo en primavera, se celebrará ante todos los públicos la verdadera batalla a cuchillo entre socialistas y populares:la guerra por conquistar Andalucía.

Es evidente, por tanto, que la campaña electoral –declarada o tácita– no termina con la votación de esta jornada en la que, si todos los sondeos no mienten, Mariano Rajoy conseguirá el billete de primera clase en dirección al Palacio de la Moncloa. Con el poder municipal y autonómico prácticamente en sus manos, y el Gobierno central recién conquistado, el líder del PP disfrutará de un respaldo popular equiparable al que en su día logró Felipe González.

En aquel momento se trataba de un cambio histórico: la izquierda llegaba al poder tras la Guerra Civil. Ahora lo que es histórica, por desgracia, es la negra situación económica de España, con la moneda única en serio riesgo y un horizonte de ajustes sociales que dejará en nada los duros años –ya lejanos– de las reconversiones industriales y el desmantelamiento de minerías, astilleros y todo aquel conjunto de fábricas herrumbrosas del Norte (y el Sur) en las que muchos obtuvieron el sustento que necesitaban sus familias. Ni eso nos queda ya por cerrar.

La economía global es virtual y financiera. Líquida. Información, innovación y conocimiento. España carece de todas estas costumbres, su educación no funciona, las empresas no logran crecer –y por tanto sobrevivir a las tempestades– y el índice de paro es casi subdesarrollado. Un panorama terrible. De décadas, además. Esto no parece cosa de un lustro. Ojalá no pase de los dos.

El PP anuncia que tendremos que hacer sacrificios inmediatos para poder salir del pozo. Los milagros no existen. El PSOE, sumido en la melancolía, comienza hoy a desenredar, seguramente a tirones, el bucle del poder orgánico, asunto para ellos más trascendente que las elecciones. En marzo, fecha propicia a las traiciones, se juegan todo su porvenir. Si pierden Andalucía, les espera lo que a todos los ciudadanos: el infierno, tan temido.

Sucesión

Carlos Mármol | 19 de noviembre de 2011 a las 6:02

Desde el principio se percibía que Rubalcaba –los socialistas, en realidad– estaba en otra cosa. Esto es: en lo suyo. Los viejos patriarcas quieren recuperar el poder, perdido en favor de Zapatero cuando a alguien se le ocurrió la idea de dejar a los militantes opinar libremente. La democracia tiene estas cosas: la gente decide. Y puede que opine lo contrario a lo que deseas. Mañana se consumará la muerte política del ganador de aquel congreso que parecía haber articulado una salida generacional razonable a la cuadrilla de Suresnes, que en realidad nunca dejó de ser la de la famosa foto con tortilla de Pablo Juliá.

Aquellos muchachos, hoy convertidos en abuelos (algunos puede que incluso felices, quién sabe) no quieren dejar el poder, aunque sea el orgánico. El mando debe ser adictivo: sólo se abandona con los pies por delante. Nadie quiere renunciar a los cetros reales aunque el reino cada vez sea más reducido: sin ayuntamientos de enjundia, sin comunidades autónomas propias (a tenor de lo que dicen los sondeos de las andaluzas) y sin otro asidero que los grupos políticos de las Cortes, los parlamentos regionales y las delegaciones municipales. “Alguien debe gestionar la derrota”, dicen. Algunos de ellos son los que han precipitado el fracaso. ¿O es que Zapatero gobernaba solo?

Los fracasos no suelen ser atractivos salvo para los valientes (pocos) y quienes (muchos) prefieren la mediocridad como caldo de cultivo. No forman una buena combinación. Estos días, mientras el país se encuentra al borde del ictus económico, los socialistas, conscientes de que el péndulo ya hace tiempo que viró en favor del PP, empiezan a tomar posiciones para la guerra púnica del 21-N. Rubalcaba dijo lo mismo que la canción de Antonio Vega: “No me iré mañana”. Le faltó añadir: “Tendrán que echarme”.

Acto seguido Carmen Chacón, la heredera del zapaterismo, nos recordó que ella es mujer y catalana. Al parecer, dos atributos (en ninguno de los casos elegidos, sino sobrevenidos) que deberían disuadir a todos los posibles aspirantes. Rubalcaba tiene detrás a la vieja guardia. Chacón, a los jóvenes caídos demasiado pronto. La cosa va a estar entretenida. Si es que cuando empiecen a matarse todavía queda alguien vivo y con tiempo para contemplar el espectáculo.

Periferias

Carlos Mármol | 18 de noviembre de 2011 a las 6:05

No hay derrota más triste que la que se tiene que soportar sin ni siquiera haber tenido la oportunidad de luchar. En la historia hay fracasos con honor, decesos (políticos) con cierta grandeza y debacles que, a falta de medallas, al menos gozan del beneficio de la literatura.

No es el caso del presidente (ya casi en funciones) Zapatero, al que los socialistas han relegado en esta campaña electoral, llena de apelaciones a los viejos patriarcas, a un único acto público con Rubalcaba y que ayer comenzó lo que podría calificarse como la ruta de las periferias interiores: mítines en Soria y Ávila. Probablemente camino de León, que será su particular monasterio de Yuste. Laico, por supuesto.

Zapatero llegó a la Moncloa prometiendo de forma solemne: “Os prometo que el poder no me va hacer cambiar”. Y, como todas las frases solemnes, los astros y los propios errores se confabularon para llevarle la contraria. La promesa fue destrozada por el tiempo y las circunstancias. Se nota que no entendió a Ortega y Gasset: uno no es más que sus circunstancias.

Quizás crea (en su fuero interno) que él no ha cambiado, pero es un hecho que sí lo hicieron sus políticas, probablemente porque se encontró frente al precipicio de la realidad. El agujero era negro y parecía no tener fin. Tuvo que hacer tantos equilibrios para no caer que se quebró la cintura. Desde ese día no volvió a ser el mismo. Los demás (sobre todo los suyos) dejaron de verle como el poder para situarlo en el estante de los jarrones chinos.

El tiempo probablemente le haga algo más de justicia que el presente. Aunque, afortunadamente, el relato de la historia no siempre lo escriben los propios gobernantes. En caso contrario no existiría la polisemia:los distintos significados, a veces contradictorios, que brotan al analizar cualquier gestión política; humana y, por tanto, imperfecta.

Zapatero, al que ayer oía por la radio reclamar –con tono airado– la intervención de Europa frente al inoperante eje franco-alemán, cometió el pecado de convertirse, en horas 24, en el reverso de su propia estampa. La incoherencia, cuando se está ante los focos públicos, no se perdona jamás. Al poder nunca se le ama: se le teme o se le tiene respeto. Punto. Zapatero ya no infundía ninguno de ambos sentimientos. Su telón ha tocado el escenario.

‘Vietcongs’

Carlos Mármol | 16 de noviembre de 2011 a las 6:05

La esperanza –dicen– es lo último que se pierde, aunque uno siempre ha creído que el valor supremo es la honra. La dignidad. Los socialistas, que en esta absurda campaña en la que todo parece estar decidido de antemano aspiran a fracasar con cierto honor, presentando desigual batalla, que diría El Quijote, han optado en los últimos días del camino hacia el Calvario por intentar combatir la guerra psicológica, que tienen perdida desde hace dos años. Por eso insisten en que las encuestas conocidas no son del todo exactas –ninguna lo es– y proclaman que los indecisos todavía pueden comprar su mensaje: Rajoy no dice lo que va a hacer; ergo será malo.

No es por quitarles la ilusión, ni tampoco la razón (que quizás en esto la tengan), pero lo cierto es que la victoria de el PP es imparable no tanto por la diferencia –sideral– de votos que le otorgan todos los sondeos, sino por un aspecto en el que muchos, acaso, no habrán reparado: una buena parte de los votantes del PSOE ya no ven con malos ojos que Rajoy gane. Los votantes de la izquierda también forman, como decía Baroja tras su dura etapa como industrial panadero, una burguesía del proletariado. Y la burguesía, con independencia de los adjetivos que gaste, al final siempre es conservadora.

La moral de los socialistas sigue perdida en algún punto del subsuelo. Enterrada. La situación es crítica, lo que explica ciertas estampas de desesperación: a Felipe González (el estadista) criticando en los mítines a Cayo Lara (el agricultor) o a todos los hombres fuertes del socialismo –salvo Zapatero– rogando a sus electores que les voten incluso aunque estén “cabreados” con ellos. De donde se infiere una extraña lógica:votadnos aunque en realidad queráis matarnos. Como el personal es de natural pacífico, incluso a pesar de la desesperanza que se percibe en la calle, lo lógico es que hagan algo peor: voten a Rajoy. Es el mayor castigo.

La clásica apelación de los socialistas al voto vietcong –esos simpatizantes del PSOE que a pesar de no estar de acuerdo con los suyos al final van a votarlos por eso: por ser los suyos– denota que el socialismo de campaña no es capaz de romper con sus propios tópicos. Los vietcongs existen, pero son una guerrilla. La guerra ya está perdida. Sólo queda negociar la rendición.

Tecnócratas

Carlos Mármol | 15 de noviembre de 2011 a las 6:05

Tras el éxito de la operación transalpina, con caída y debacle de Il Cavaliere, los mercados internacionales prosiguen su ataque contra el euro apuntando –de nuevo– hacia España. La prima de riesgo patriótica (aunque el dinero nunca ha tenido patria) vuelve a los niveles de agosto. Y rompe uno de los escasos argumentos que le quedaban a los socialistas para atenuar su previsible batacazo: si Zapatero no hubiera empezado a recortar el gasto en su fatídico viraje político estaríamos igual o peor que Italia. Pues bien: ya estamos otra vez en el mismo sendero en el que –no se olvide– llevábamos ventaja hasta que Berlusconi nos adelantó. Deo gratias.

Los socialistas plantearon ayer una fórmula para reconducir el dispendio de las autonomías –uno de los grandes problemas de España, según los mercados– basada en que sólo se ocupen del gasto de índole social. Hay quien aplaude la idea. No sé muy bien el motivo. Lo que quizás habría que preguntarse, dado el sobreendeudamiento bestial de familias y empresas, y la secular dependencia de lo público –sobre todo en Andalucía–, si existe alguna partida presupuestaria en las cuentas públicas que, en realidad, no venga a ser en el fondo un gasto social. ¿Quién no vive, de una u otra manera, del presupuesto? Únicamente las empresas que exportan y trabajan en el exterior. Pocas. Sobre todo en el Sur.

Rubalcaba trata de multiplicarse para intentar reducir la distancia –sideral– que le separa de la Moncloa. Vano intento: se puede decir lo mismo muchas veces sin conseguir los objetivos. Los mensajes del PSOE son pólvora mojada por la gestión de Zapatero. Ayer comenzó a llover. En Ferraz intentan recuperar a la desesperada los votos que se les escapan por la izquierda –IU sacará once diputados, según los últimos sondeos– mientras el PP, anticipándose al deseo del poder financiero, y visto el ejemplo griego e italiano, postula ya un gobierno con caras sin perfil político.

Sería más correcto decir tecnócratas, que es lo que reclaman los mercados. Gente con formación y decidida capacidad para, sin molestos principios políticos, acometer las reformas. “Dios aprieta pero no ahoga”, dicen. Yo pienso aquí lo mismo que decía el gran Pepe Guzmán: “a nosotros no nos ahoga, pero tampoco nos suelta”.