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Victoria justa, mayoría total

Carlos Mármol | 6 de febrero de 2012 a las 6:05

Griñán ha demostrado en estas guerras púnicas socialistas parecerse demasiado a su, hasta ahora, bisoña guardia pretoriana. Jóvenes (relativamente) y egocéntricos (sin duda alguna). Y sin leer al gran Baroja, el hombre malo de Itzea.

Todas sus decisiones con respecto al congreso las ha marcado el capricho, no el análisis. Primero, el antojo de una secretaria general fotogénica (Rubalcaba no lo es). Después, una cuota suficiente en la nueva dirección. Ayer a Griñán lo hicieron presidente del PSOE por motivos de causa mayor. Sin entusiasmo.

Si su próximo deseo es seguir en San Telmo, ya debería ir preparando las maletas, salvo que un milagro no lo remedie. Y está claro que ya no se puede pedir ayuda a la Santa Sede después de que RbCb arremetiese contra un concordato que, por cierto, los socialistas mejoraron en exceso en los últimos años, acaso por su vieja manía de decir una cosa y hacer la contraria. Hipocresía de mitin.

Andalucía sale rota y disminuida del cónclave que pretendía relanzar la marca PSOE a 50 días de las autonómicas. Épico. Ni unidad ni integración. Los perdedores todavía no se habían dado cuenta ayer de que su gran salto al vacío terminó en el suelo. El Fouché socialista hizo, como era natural, una dirección de fieles donde el rubalcabismo no existe porque es total. Ya se sabe: el poder perfecto es aquel que ni se percibe.

El socialista andaluz más importante de la nueva mayoría es el incombustible Zarrías y, en segundo plano (vocalías), el heredero de Viera, Javier Fernández, alcalde de La Rinconada. Se consultó sobre todo a las agrupaciones territoriales rebeldes al griñanismo-susanismo. ¿Hace falta dar más pistas de lo que viene de camino?

Ayer algunos todavía intentaban vender la supuesta exclusión de Viera de la dirección como un magro triunfo. ¿No será prudencia ante posibles disgustos judiciales? Parece evidente que la relación de fuerzas, que en la votación de los delegados todavía estaba ajustada, ha mutado de nuevo. El 80% del PSOE se ha puesto ya del lado del vencedor. La valentía no es precisamente un atributo de los congresistas socialistas. La egolatría, incluso en la madurez, parece que sí.

La profecía del voto nulo

Carlos Mármol | 5 de febrero de 2012 a las 6:10

El cónclave de los socialistas puso ayer sobre la mesa una certeza: el fondo de comercio del PSOE sigue siendo de la vieja guardia. Y dejó dos incógnitas. Una: ¿cuánto tiempo les queda a algunos en su cargos orgánicos? Dos: ¿de quién es el voto que ayer fue declarado nulo en el recuento definitivo?

Empecemos por la segunda cuestión. El voto indeterminado fue invalidado porque dentro del sobre alguien incluyó a conciencia dos papeletas. Una para Rubalcaba. Otra de Chacón. Decisión salomónica. Ni uno ni otro. Los dos. Evidentemente, el sufragio no podía ser aceptado porque era indefinido. Neutral. Algo inadmisible cuando de lo que se trata es de elegir. Griñán, casualmente, dijo antes de acudir a las urnas que él pensaba a votar “por los dos candidatos”. ¿Era una frase retórica? ¿Una broma? ¿No será el voto nulo de Griñán?

Si así fuera, la verdad es que su neutralidad in extremis, además de estéril, llega a destiempo, después de semanas de una campaña a todo lo que da –como dice un amigo, socialista subjetivo casi siempre– en favor de la candidata Chacón cuya apoteosis fue aquella pancarta en los Jardines de la Buhaira. Sevilla, con Chacón. Pues no. El arrepentimiento de Griñán, si es que es sincero, ya no tiene mérito ni remedio. Hubiera podido ser el ganador del congreso con independencia de por quién hubiera apostado. Ahora es el gran perdedor. A semanas de pedir a los andaluces el voto.

Sus afines dicen que se ha dejado llevar hacia el abismo (con una extraña sonrisa en el rostro) por la ambición desmedida y la osadía de la ignorancia. Malas consejeras. Desde Madrid suena ya una sinfonía de reconquista que viene hacia el Sur y que, salvado Despeñaperros, pasa por Jaén y se alimenta con las periferias (Cádiz, Almería) y con la envolvente sevillana. Lo cual nos lleva a la segunda cuestión: ¿cuánto tiempo les queda a algunos? Depende de las andaluzas.

Zapatero ya dio por terminado su tiempo en Sevilla. No sólo el suyo. El órdago de esta guerra era demasiado zafio para no provocar una revuelta a pie de urna. “O me votas o al paro”. Tiene gracia. Los muertos vivientes de hace una semana ahora están algo más vivos. Y ciertos cadáveres lucen una tez juvenil.

La reconquista

Carlos Mármol | 4 de febrero de 2012 a las 18:46

Comienza la reconquista. Desde el Norte bajará hacia el Sur. La rotunda victoria de ayer de Alfredo Pérez Rubalcaba, o su honómimo electoral –RbCb–, en el congreso socialista de Sevilla pone fin a la incógnita: el fondo de comercio de la marca PSOE pertenece a la vieja guardia y los efectos renovadores tendrán que integrarse –si les dejan– o comenzar una nueva vida, se desconoce aún si con visos de éxito.

A pesar de los gestos y mensajes a la unidad, obvios cuando el último reducto socialista –Andalucía– está en juego, las consecuencias del resultado congresual no tardarán en notarse. Don Pelayo se va a quedar corto. Lo único que puede salvar al aparato regional del PSOE, que apostó por Chacón pregonando una neutralidad que nadie creyó sincera, sería una victoria electoral en marzo. Se antoja difícil, dadas las encuestas. Si San Telmo cae, todo va a estallar. Si, en realidad, no ha estallado ya.

Los exiliados –el clan de Chaves y Zarrías– van a exigir la reparación de los desplantes que, por propia supervivencia, hace tiempo se convirtieron en la tónica del griñanismo, probablemente con razón: los viejos amigos ni se hablan y se sabe, desde antiguo, que no hay nada más cruel que un conflicto familiar.

La reparación consistirá en bajar hacia Despeñaperros: primero, en el futuro congreso regional; después, en los provinciales. Los movimientos serán telúricos. Terremotos. Sobre todo porque los temblores que vienen pueden producirse sin que la dirección regional –que es la gran perdedora del congreso federal– tenga en su mano la gran baza: una cuota suficiente de poder que poder compartir. El órdago del congreso se basó justo en esto: en las cosas de comer. No ha funcionado. El voto es como la dignidad: secreto. Y se usa sólo cuando hace falta. Ante la urna.

El nuevo liderazgo socialista, en todo caso, no garantiza, en términos electorales, nada. Se vio en noviembre, cuando RbCb encabezó el cartel electoral. El poder reciente de los socialistas queda cada vez más lejos. Andalucía está en el alambre. Y lo único que asoma por el horizonte, si los peores augurios se cumplen en las andaluzas, es un colosal ajuste de cuentas. No había nada más que ver la cara de Chaves el primer día del 38 congreso. Un témpano de hielo. Con ganas de venganza.

La guerra del 38 ©ongreso

Carlos Mármol | 4 de febrero de 2012 a las 6:05

Quizás todo se deba a una casualidad. Un mero capricho gráfico. De diseño. La imagen corporativa –nunca mejor dicho– del 38 congreso de los socialistas tiene como motivo principal el logo del copyright, la nomenclatura de los derechos (legales) de autor. Casi una involuntaria declaración de principios. Lo que se dirime en Sevilla estos días en realidad es la propiedad de la marca PSOE. Un fondo de comercio. El conflicto irresuelto entre los derechos morales y los patrimoniales. Los dos sectores enfrentados –la vieja guardia y el zapaterismo reinventado– aseguran querer representar los primeros pero sus hechos expresan que más bien persiguen los segundos.

La política es un negocio. Una guerra sucia. Y en los negocios no existe el copyleft: derechos de autor de libre circulación. No se comparte nada. Ni siquiera el odio. La guerra púnica federal –a la que seguirán la regional y las provinciales, mucho más crueles por ser a cuchillo entre gente de casa– comenzó ayer con posturitas, fotos, besos, abrazos impostados y algunas caritas (como la de Chaves) que decían todo lo que los discursos negaban. ¿Unidad? Ni en broma. ¿Cordialidad? Escasa.

Si alguien pensó que un congreso federal en Sevilla sería la catapulta para conservar la Junta que Dios le conserve la vista. El PSOE que se vió ayer en el Hotel Renacimiento (curioso nombre ahora que entramos en la Edad Media, lo que supone que para llegar a la Florencia de los Médicis aún tenemos que pasar por la Alta y la Baja edad de las tinieblas) parecía todo menos una organización cohesionada, capaz de dar respuestas, justo lo que promete el lema congresual. Se trata de un duelo, pero no entre los dos aspirantes, sino de difuntos. Un sepelio a la vista del mundo.

El histórico dirigente Pepe Caballos leía ayer en un auditorio vacío las esquelas de un periódico. Horas después el rey destronado (Zapatero) se despedía con sobriedad e involuntaria melancolía. Los próceres pudieron permitirse ser generosos con él porque hoy el senado socialista elegirá al cónsul que regirá la travesía de Roma por el desierto. El Imperio, incluso en proceso de derribo, siempre se ganó y se perdió por las armas.

Melancolía de las aceras

Carlos Mármol | 7 de noviembre de 2011 a las 6:05

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Depende.

Los periodistas que llevamos algunos trienios (que nunca cobramos) a cuestas sabemos bien que de las glorias de antaño no se vive. Ni convienen. Un periódico de ayer es la cosa más antigua del mundo. Imagínense pues lo viejos que pueden llegar a parecer, sobre todo para las nuevas generaciones y los nativos digitales, los políticos que salían retratados en ese diario que es pretérito lejano disfrazado de presente. El tiempo, el único señor, ese humo espeso y amarillo, se acelera cuando uno echa la vista atrás. Siempre corre más que nosotros. Los socialistas, sin embargo, no parecen temer los efectos colaterales de ese acelerador de partículas que se llama nostalgia. Se recrean sin rubor en los tiempos del felipismo (con el guerrismo como variante purista del viejo socialismo de Pablo Iglesias) como bálsamo ante el negro porvenir inmediato. Bueno.

Si lo miramos como una variante del célebre efecto placebo, quizás se entienda algo la cosa, pero lo cierto es que la misa laica de Dos Hermanas más que animar a las propias huestes (casi todas en nómina), lo que viene a certificar es que el PSOE tiene un serio problema con la realidad inmediata y un más que singular sentido del progreso. Reivindicar glorias añejas no es malo siempre que se haga exclusivamente con un cierto sentido de la tradición. De aquí venimos. Vale. La pregunta de estas elecciones, sin embargo, es otra. ¿A dónde vamos? Y ésa continúa sin contestar.

El zapaterismo, al parecer, no es más que un extraño paréntesis que ha abocado al socialismo patrio al desastre que viene. Nadie esperaba elogios, aunque tampoco el cruel vacío de los perdedores, que todavía no están muertos, porque las guerras púnicas empiezan el 21-N y en ellas, como se vio en Dos Hermanas, los viejos patriarcas pretenden sepultar definitivamente esa anomalía que consistió en que un muchacho de León (idealista ingenuo) llegase a la cumbre, para después estrellarse, gracias a la democracia interna. El problema del PSOE no es Zapatero. Ni la crisis, sino la triste melancolía de haber olvidado cómo se andaba por la acera.

La incertidumbre del ‘factor Vietcong’

Carlos Mármol | 21 de mayo de 2011 a las 6:15

La campaña electoral termina sin que ninguno de los grandes partidos tenga la plena seguridad de ganar. La victoria de Zoido depende de lo que hagan los indecisos. Los socialistas confían en que su electorado les dé otra oportunidad.

Punto y final con tres incertidumbres, tres. Cuando lean esto (si es que todavía tienen cuerpo) estarán en las silenciosas horas de la reflexión, el examen de conciencia democrático (la retórica cristiana siempre me ha parecido soberbia) que los electores debemos forzosamente hacer antes del día de la decisión trascendente: el voto. Tiempo han tenido (entusiasmo, evidentemente, no les he pedido nunca) para oír los mensajes y promesas, ver las sonrisas, testar las ideas (pocas) y comprobar los posicionamientos (muchos, quizás demasiados) de las distintas fuerzas políticas que se presentan a las elecciones de mañana domingo, en las que lo que se decide, les digan lo que les digan, es quienes va a gobernar Sevilla hasta el año 2015.

Después del largo itinerario oficial de esta campaña, e incluso tras el periodo previo de propaganda política (que empezó de forma más intensa tras las Navidades), probablemente muchos de ustedes estén todavía preguntándose cómo sacar algo en claro de semejante avalancha de palabras, imágenes, sensaciones (si han acudido a algún acto político) y tantas medias verdades, cuando no directamente mentiras.

Lo cierto es que en buena medida el circo electoral termina más o menos igual que comenzó: con un grado mayúsculo de incertidumbre (pese a todas las encuestas) y una indefinición sostenida que, lejos de significar un problema, en realidad es una de las grandes ventajas de la democracia (aunque sea tan formal e imperfecta) en la que vivimos. Durante estos meses han hablado únicamente los políticos. Ahora es el turno de los ciudadanos. No es raro que en los foros de decisión de los grandes partidos haya nervios. Y hasta miedo. Es la única ocasión en la que, por una vez, no son ellos los que quitan y ponen reyes. Excelente costumbre.

Los populares, que durante la primera fase de la campaña llevaron la iniciativa (fundamentalmente por la singular fórmula elegida por los socialistas para ir a esta guerra), llegan a la cita aparentemente con confianza en ganar, pero sin la esperanza de arrasar y, por tanto, sin que la Alcaldía esté totalmente asegurada. Zoido (Juan Ignacio), cuya estrategia de campaña ha consistido en no despertar del todo a los votantes socialistas (por mucho que retóricamente les pida el voto prestado) desvelando el verdadero fondo de su programa electoral, puede convertirse en el próximo alcalde si los indecisos (la clave de estos comicios) se quedan en su casa u optan, de forma significativa, por su movimiento interclasista como mal menor ante el hartazgo que, tras décadas de excesos, ha provocado la forma de hacer las cosas de los socialistas. Pese a su relato electoral (que incurre en el error de celebrar la victoria antes de tiempo) van a la cita con los dedos cruzados para que no se produzca un movimiento telúrico de última hora que les robe un triunfo que, en caso de pinchazo, será mucho más cruel precisamente por su falta de paciencia.

Izquierda Unida, en cambio, cierra esta campaña con la seguridad de que sus estimaciones de voto no se moverán demasiado, pero sin la seguridad política que les daría ganar un concejal más. A la coalición le faltan al menos 8.000 sufragios para soñar con tener un grupo municipal similar al que en su día encabezó Luis Pizarro, que logró las mayores cotas de representación (aunque en la oposición) de la coalición en la reciente historia municipal. La incógnita de su ecuación, pues, es si sus actos de resistencia política (en estos términos está planteada la cosa, dada la campaña de acoso del PP) serán suficienten para continuar en un gobierno de coalición con los socialistas o, en cambio, los devolverán a la oposición tras ocho años de poder.

Los socialistas son los que sufren en mayor medida la incertidumbre de su propia incógnita. A pesar del giro que lograron darle a la situación durante ciertos momentos de la campaña, saben que el alto grado de desafección ciudadana en relación a los políticos los coloca en una posición más frágil que nunca. Incluso tras haber gobernado durante los últimos doce años la ciudad. Los graves errores de gestión de Monteseirín condicionan sobremanera la situación política y son muy difíciles de salvar. Tan sólo les queda la esperanza del factor Vietcong. Me lo contaba el otro día el socialista más inteligente que conozco tomando una cerveza, aunque el término es invención (genial) del ex alcalde de Jerez, Pedro Pachecho:

–Yo creía que la situación electoral estaba completamente dominada. Que ganábamos sin problemas. Pero el día de las urnas, como de la nada, aparecían los malditos vietcong [votantes socialistas críticos que, a la hora de la verdad, volvían a votar al PSOE] y le daban un giro a la situación.

Los vietcong suelen ser votantes neutros, aparentemente no alineados. Gente que cuando se acerca un candidato de un partido contrario lo escuchan, le dan incluso la razón; algunos hasta le dicen que van a votarle porque están cansados del olvido de los socialistas. Después, en silencio, agazapados en la entrada del colegio electoral, casi como los vietnamitas, deciden que el corazón es más importante que la razón y terminan votando justo a quienes critican. Son, por así decirlo, la última gran esperanza del PSOE.

Así están las cosas. Mañana es el día cero. Es pues tiempo ya de cerrar (temporalmente) este humilde cuaderno de campaña que a lo largo de 76 días y casi un centenar de páginas, desde el 18 de enero, ha procurado narrarles la batalla por la Alcaldía de otra forma. Regreso a La Noria, desde donde seguiré contemplando la eterna rueda de la fortuna de Sevilla. Ha sido un placer. Me despido de ustedes al estilo de Woody Guthrie, el viejo trovador: “Salud gente, nací viajando”.

Vendedores de biblias

Carlos Mármol | 20 de mayo de 2011 a las 6:14

Los candidatos cierran la campaña con un debate en el que todos presumen de programa. El urbanismo marca el enfrentamiento final ante las cámaras. El tono del debate a tres se vuelve agrio.

Bueno, esto va terminándose. Y la verdad es que no hay sensación de pena (más bien de alegría) ni de nostalgia. Ahora bien, alguno, que no es necesario nombrar, empezará a sentir melancolía dentro de un par de días. Tiempo habrá de contarlo. Esta campaña electoral ha sido singular porque empezó mucho antes de lo que correspondía (para Zoido, por ejemplo, se inició el mismo día que perdió la Alcaldía; hace cuatro años) y ha estado trufada por los paréntesis (relativos) de la Semana Santa y la Feria. Ya se sabe: cuando Sevilla se pone mayestática.

El periodo de discusión electoral, previo a la jornada en la que los ciudadanos (algo más de la mitad;el resto no vota o tiene otras cosas más importantes de las que ocuparse, al decir de Cervantes) fijarán el nuevo mapa político de Sevilla, se marcha sin que el debate sobre el futuro de la ciudad haya sido profundo (raro es que la política actual permita hacer nada que no sea superficial) y sin que la dialéctica entre las distintas opciones haya aportado un rayo de luz a una población a la que, en buena medida, la brutal crisis está destrozando la vida.

No es por eso raro que el último enfrentamiento entre los alcaldables sevillanos, emitido ayer por el canal Giralda TV, se caracterizase por el tono bronco, los reproches y la ausencia de autocrítica por las tres partes en liza. ¿Ganador? Cada uno tendrá su propia opinión. Ami juicio, ninguno de los cabezas de lista estuvo especialmente brillante en nada que no fuera atacar al contrario. Se entiende que el consejo de los asesores ha sido expreso:a dar caña, que la cosa se termina. ¿Explicar propuestas? Poco, que eso no interesa a nadie. ¿Sacar pecho? Demasiado. Todos, claro está, estupendos.

Los candidatos empezaron presumiendo de programa. Cosa llamativa. Casi todos, salvo IU, que en esto es ejemplar (en otras cosas, para gustos los colores)no los han sometido al escrutinio de los votantes hasta esta última semana. Contienen muchos colores y muchas promesas, pero escasa metodología y menos detalles de cómo hacer lo que prometen. Eso sí:parecen como esos misales evangelistas que te encuentras en las mesillas de los hoteles. Ylos candidatos, sin ánimo de ofender, que esto se supone que debe ser simpático (aunque haya quien nunca tendrá sentido del humor), vendedores de biblias. In God we trust.

-Caballeros, aquí les dejo mi programa electoral.

Después de presumir de fondo (sin tenerlo), los alcaldables se metieron en el jardín, siempre proceloso, del urbanismo. Aquí sí hay tema. De hecho, es la única cuestión que en esta campaña es políticamente trascendente. Sobre el lápiz urbanístico, además de los males de la crisis, está la potencialidad del negocio que supone gobernar un pueblo, o una ciudad. Sentarse en la Alcaldía. Zoido quiere cambiar el PGOU con la coartada del empleo. Espadas lo quiere mantener, salvo ajustes puntuales. Torrijos pretende dejarlo como está.

No existe ninguna novedad: cuando se votó el PGOU los populares no levantaron la mano (se abstuvieron), el PA votó en contra y el documento se aprobó gracias a la mayoría PSOE-IU. No hay pues cambios de posición, aunque sí ilustrativas manipulaciones. Sospecho quelo que realmente crearía empleo en Sevilla es desarrollar los proyectos del libro urbano de la ciudad, no empezar ahora a cambiarlo a capricho. El empleo, además, no debería ser una coartada para que el diseño de la ciudad vuelva a ser decidido por nadie diferente a los propios ciudadanos. Que en parte (no del todo)ya lo hicieron en 2006.

Por otro lado, en esta campaña las promesas sobre la creación de empleo se han convertido en una coartada política para (casi) todo. En realidad, el margen real de acción del gobierno local en este campo es muy escaso. Limitado. Casi testimonial. Dejémonos de medias tintas: el empleo depende de que haya proyectos de emprendedores, formación y de que la economía general funcione. Y eso no lo va a arreglar de un día para otro, ni probablemente en cuatro años, ningún ayuntamiento, lo presida quien lo presida, que en sus presupuestos ordinarios de inversión apenas lleva dinero suficiente para hacer una obra tan básica como la primera fase del bulevar de Bellavista.

Las inversiones municipales de los últimos años, mal planificadas y ubicadas en sitios más aparentes que con verdaderas necesidades, han sido un espejismo coyuntural. No se volverán a repetir en lustros. La realidad a partir de ahora será mucho más parda. Prosaica.

Tras el empleo, de fin de fiesta, salió la corrupción. Mercasevilla, la célebre mariscada de Torrijos (yo a esto, más que corrupción, le llamaría gula marinera) y las habituales acusaciones de Zoido sobre la honradez ajena. Aquí es donde se produjo el momento más tenso y agrio del debate. Espadas cortó en seco al candidato popular, que probablemente no se esperaba tal reacción de un cabeza de lista que apenas unos minutos antes, tanto él como Torrijos, habían calificado como el nuevo. Supuestamente inexperto en las lides municipales. Más o menos igual que Zoido hace cuatro años.

Por lo demás, la discusión de los tres tenores no dio mucho más de sí, salvo por lo difícil que en esta ocasión se lo pusieron a Javier Bolaños, el periodista al que le ha tocado moderar todos los encuentros. “Fuera de tiempo”, repetía Bolaños constantemente para intentar que se cumplieran los límites pactados. A los candidatos parece que ya les cuesta hacerle caso a quien les habla. Mala cosa.

Zoido se toma un café (con leche)

Carlos Mármol | 19 de mayo de 2011 a las 6:05

El candidato popular renueva su ‘spot’ electoral a apenas 72 horas para el 22-M y tan sólo 15 días después de haber confiado su mensaje al tendero de Su Eminencia. El nuevo vídeo, rodado en un bar, calca el lema de los socialistas.

Existe una imagen, muy famosa, de un hombre sentado en la terraza de un bar tomando tranquilamente un café solo. Es una estatua. Célebre. El Fernando Pessoa del Café Brasileira del Chiado. En Lisboa. Está hecha de hierro y los turistas, que van a la ciudad del Tajo en busca de la saudade y del bacalao, y que maldicen las inmensas cuestas empedradas en cuanto bajan de los viejos tranvías –nada que ver con el nuestro–, acostumbran a hacerse fotos con ella. Representa a un gran poeta luso –aunque su relato sobre El banquero anarquista sea la mejor burla que se ha escrito sobre las trampas de la sociedad– pero ha quedado, a los efectos prácticos me remito, como asiento eterno de niños y grandes, indígenas y forasteros, apocalípticos e integrados. Es, lo que se dice, mobiliario urbano.

Me he acordado de la estatua de Pessoa –es increíble, lo sé; pero todo responde a la libre asociación de ideas, lo juro– al ver ayer el nuevo vídeo que el Zoido-team (el equipo de campaña del hombre que necesita Sevilla) ha colgado en el canal zoidiano del youtube, en internet. Qué cosita más extraña. ¿Un nuevo spot de campaña a apenas tres días para el 22-M? No sé. Resulta raro. Singular. ¿Preocupante?

–Hombre, Mármol, que todas las encuestas dicen que quien va a ganar la Alcaldía es Zoido.

Puede ser. No digo yo que no. Que me perdonen los santos y las vírgenes, pero, en mi ignorancia natural, no alcanzo yo a ver los motivos que han podido provocar que Zoido (a efectos audiovisuales) se decida a salir del armario (en sentido figurado, claro) 72 horas antes de la apertura de las urnas. Uno creía que el PP había confiado todo su mensaje de campaña a un humilde tendero –pequeño empresario, lo llamaría yo– del barrio de Su Eminencia. Estaba yo un día comiendo con un socialista, brillante y subjetivo, cuando le llama otro socialista (literario) y le dice:

–“Quillo (en Sevilla todavía decimos estas cosas), el vídeo que ha hecho Zoido para la campaña es buenísimo. Lo han rodado en Su Eminencia. Con un tendero. El tío además ni sale ya. Está más que sobrado. Vamos a hundirnos”.

Todos los periódicos, y las webs de los diarios, hablaban del susodicho: un humilde ciudadano anónimo (se llama Juan Gallardo) que, generosamente, se había prestado a contarle a una de sus clientas –Loli, a la que no se ve en todo el rato– las bondades del candidato popular, solución a los problemas de Sevilla. La pieza, que dirían en la tele, fue todo un éxito: rompía el tópico sobre el votante del PP (relativamente; todo depende de los prejuicios de cada uno) y parecía atacar al corazón mismo de los socialistas. Los votantes de los barrios más populares de Sevilla no tenían ya que ser forzosamente socialistas. También podían votar al PP. En esta ocasión, además, iban a hacerlo.

Zoido, tras cinco años de campaña interminable, dejaba todo su espacio a la gente de la calle –su tesis es que lo que él representa no es a un partido político, sino a un movimiento social interclasista bautizado con el nombre de YA– para que el mensaje del PP fuera mucho más creíble. No hacía falta decir nada más. Era perfecto, por lo visto.

Después ocurrió un factor imprevisto. Sobrevenido. Sorprendente.

El tendero, independiente zoidiano, el profeta de los tiempos que vienen, por lo visto, tuvo un día la ocurrencia de presentarse (en persona) en un acto que los socialistas celebraron en el barrio. En Su Eminencia. Estuvo escuchando a Espadas (el senador), analizó con detalle el programa de los socialistas para este barrio (no hay demasiado que mirar, pero, según algunos de los presentes, le dedicó su tiempo) y estuvo un rato hablando con el adversario político de su candidato. Hasta se dejó hacer una foto sin problema. Nada grave: un sencillo (y admirable, dado como están las cosas) acto de voluntad individual y libertad de criterio. El tendero pide el voto para quien quiere, acude a los actos políticos que quiere y, al igual que todos los sevillanos, irá a votar este domingo a quien le dé la gana. Faltaría más.

Alguien, sin embargo, ha debido ponerse, digamos, nervioso. O mejor dicho: inquieto.

–¿Y si al final le da por votar al PSOE? Menudo papelón.

Así que han hecho otro ‘spot’ de campaña (justo cuando se termina la campaña) para evitar los problemas y, de paso, reforzar el mensaje, por si no estuviera ya nítido. Ayer, siguiendo el enlace del twitter del candidato del PP, me puse a verlo. Buena calidad. Colores bonitos. Una banda sonora rítmica, de golpecitos como de caja flamenca, una voz en off con cierto acento andalucista (Pilar, esto hay que llevarlo a la junta electoral) y, por fin, el candidato.

Zoido (Juan Ignacio) se toma un café (con leche) en un bar y, a medida que el camarero le sirve, se van resaltando ideas asociadas a gestos: honestidad (los ojos), limpieza (la barra de un bar inmaculado), empleo (el camarero que sirve el café), seguridad (la mano de Zoido saludando, con su alianza de casado, a un elector), transparencia (una copa de agua), futuro (un Iphone), cercanía (el candidato mirando por la ventana) y eficacia (la cucharilla fuera de la taza).

Después imágenes rápidas de Sevilla entre las que, qué cosas, alguien ha metido como de rondón los inmensos carteles que instaló Rafael Pineda (PSOE) en los bloques de viviendas para renovar la imagen urbana del Polígono de San Pablo (esto debe parecerle bien al PP, supongo). Después, Zoido habla: “Juntos podemos hacer de Sevilla la mejor ciudad del mundo. Tú decides. Eres la llave”. ¿Los socialistas no tenían un lema que era algo así Conmigo tú decides”. Se parece bastante. Aunque, bueno, no es lo más grave. Lo que yo no entiendo muy bien es lo de la cucharilla. ¿Un mensaje cifrado?

De postre, endogamia

Carlos Mármol | 18 de mayo de 2011 a las 6:15

Zoido, tras el notario, centra su mensaje en quién ocupará el área de Economía . Espadas, en los desencantados. Torrijos se reivindica a sí mismo. Los ciudadanos piden más democracia.

A sólo cuatro días para el 22-M, todas las encuestas se han vuelto viejas. Los mensajes de cada uno de los candidatos a la Alcaldía de Sevilla están ya fijados. Escritos. Casi todos ellos, si se fijan, salvo excepciones momentáneas, en el fondo son endogámicos, aunque a priori no lo parezcan. Veamos un caso gráfico.

Zoido (Juan Ignacio), que ayer se comía los turnos de intervención en el debate de RNE sin respetar del todo el papel del moderador (esperemos que tal episodio sea anécdota en lugar de categoría), además de contar su tesis del cambio tranquilo –todavía tengo dudas de si este hombre habla de un cambio que al final no será más que protocolario o de una transformación más profunda que requiere cierto tiempo para que se noten los resultados– volvió a echar mano del gran hallazgo conceptual de esta campaña –junto a lo del notario– y se puso a sembrar dudas sobre, en el caso de un posible pacto PSOE-IU, quién va a ocupar el área municipal de Economía.

Tengan ustedes en cuenta que, justo en este punto, hablamos de un asunto totalmente clave, trascendente, sustancial. Dependiendo precisamente de quién ocupe el área de Economía y Empleo en el próximo gobierno local (lo presida quien lo presida; esto, como comprenderán, ya viene a ser lo de menos) depende el futuro y el bienestar de cientos, miles de las familias sevillanas.

Porque, estimados, convecinos, según el PP ustedes no deben votar analizando la gestión de estos últimos cuatro años, ni examinando tampoco los programas de los distintos partidos políticos; tampoco deberían decidir su voto en función de las promesas que los distintos alcaldables hayan hecho durante los últimos meses en relación a su barrio, al colegio al que acude su hijo, a las políticas sociales o a la oferta electoral sobre el transporte público. No, hombre, no. Ustedes, estimados ciudadanos, sevillanos todos, tienen que votar en función de quién vaya a ser el próximo concejal de Economía.

El PP formula siempre esta misma cuestión porque con ella quiere resaltar su mensaje de que el PSOE e IU son la misma cosa (obviaremos el sustantivo exacto en el que piensan los populares, digamos, acérrimos) y que, como van a pactar entre ellos, los muy canallas (el tono profundo de la frase viene a ser más o menos éste; no exagero nada), y no piensan ir al notario, como les pide Juan Ignacio, al final quien decidirá cómo gobernar la economía sevillana puede volver a ser “un comunista”. Y ya saben: los comunistas, por lo general, no creen en Dios, salvo que éste se llame Marx, Lenin o Gramsci.

A mí, tras constatar esta insistencia de Zoido, me surge una gran duda: ¿Se acuerda alguien de los nombres de los distintos ediles de Economía del Ayuntamiento? Yo llevo veinte años en este oficio y, la verdad, me cuesta. Recuerdo un tal Antonio Cabrera –un político de Jerez que fue capitular hispalense en un momento en el que Rojas Marcos se llevaba bien con Pacheco–, a Mar Calderón, a Teresa Garrido y, después, a Emilio Carrillo, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y hasta Rosamar Prieto (nunca suficientemente ponderada, según sus fieles) pensando así, a bote pronto. ¿Cómo es posible que no tengan una estatua en Sevilla, dada su arriesgada labor? Inexplicable.

Segundo ejemplo: Espadas. El socialista, que ayer colgó en su web su programa electoral integral (algo tarde, la verdad), intentóo ayer atraer el interés de los socialistas desencantados. Todos. Zoido les pide el voto prestado y el alcaldable del PSOE, casi como en el anuncio aquel de la Coca-Cola en el que, con acento argentino, una voz en off recitaba una larga enumeración caótica de todos aquellos a los que le gustaba el refresco (para los altos, para los bajos, para los feos, para los guapos, para los inteligentes, para los torpes….) les dice:  “Es que yo tengo el corazón socialista”.

–Ah, bueno.

Sépanlo, que también esto es, al parecer, trascendente. Habrá que ver si el 22-M termina pletórico o con el corazón partío.

No desesperen:ya llegamos al caso de Torrijos. ¿Es endogámico el mensaje de Torrijos? Probablemente, el que más. Toda la campaña de IU, en realidad, ha pecado de este defecto. Es una fuerza política que habla, sobre todo, a los suyos y que, aunque no cierra puertas a nadie, a priori, parece llevar a gala su condición de defensora de un único sector de la población.

Es llamativo: proyectos como el carril bici, que ahora todos los demás quieren apuntarse, les hubieran permitido ganar el reconocimiento de un público, digamos, no ideológicamente tan afín, pero, lo mismo que el PP insiste en hacer un discurso desideologizado (lleno, en realidad, de ideología), la coalición hace lo contrario:verlo todo desde los principios programáticos. Torrijos, además, no para de reivindicarse a sí mismo en esta campaña –ayer con Cayo Lara, su jefe nacional– bajo el argumento de que el Tea Party local quiere acabar con su figura. Bromas aparte, la cuestión sí tiene un matiz serio:el candidato de IU tiene que moverse con un guardaespaldas. Mala cosa. Hace tiempo que alguien se excedió.

Mientras estos tres tenores luchan denodadamente por convencer a los indecisos –que tienen corazón; también cabeza– algo está empezando a ocurrir en plena calle. A la luz del día. El domingo: 5.000 personas en la Plaza de San Francisco. Ayer, cientos más en la Encarnación. Sevillanos anónimos que piden más democracia, respeto y ciudadanía. Un llamativo contrapunto para el final de este circo electoral.

¿Será por ponerse estupendo?

Carlos Mármol | 17 de mayo de 2011 a las 6:30

Los socialistas intentan quebrar el argumento esencial de campaña de Zoido planteando ahora la hipótesis de un gobierno local en minoría y sin IU. Torrijos siempre ha dicho que no pacta sin programa común. ¿Y sin cargos?

Ustedes eligen. O dan el voto prestado como si fueran algo así como los antiguos montes de beneficencia, que concedían hipotecas a un interés bajo, en este caso nulo, u optan por el llamado voto útil. No hay mucho más. Los dos candidatos a la Alcaldía de Sevilla han entrado en la recta final de la campaña abriendo una espiral divertida: la de la adjetivación del voto. Un voto siempre es un voto. Dos, acostumbran a ser dos. Hasta aquí, todo claro. De acuerdo. Ahora bien: ¿qué es un voto útil? ¿Para quién es útil? ¿Cómo se mide la utilidad?

Espadas (el senador), que tiene como única meta en los cinco últimos días que quedan hasta el 22-M darle la vuelta a las encuestas tardías –a los socialistas les preocupa sobre todo el efecto del último sondeo de casa, por el posible efecto desmovilizador sobre la tropa en plena fase final de la batalla–, quiso ayer quebrar el principal argumento de campaña de su adversario –Zoido (Juan Ignacio)– y llegó a plantear la tesis de un supuesto gobierno en minoría sin IU, aunque contando con ella. Después obviamente, la aritmética obligará, tuvo que aceptar la mayor: si no alcanza la mayoría necesaria para la investidura no tendrá más opción que negociar. Sólo tiene –si el PA no vuelve al Ayuntamiento– dos posibilidades:o Zoido o Torrijos. Y, según algunos históricos del PSOE, ninguna es muy buena. Las dos le darían la Alcaldía. La de Zoido es del todo imposible. Queda Torrijos.

Claro que hay formas de hacer lo mismo por caminos distintos. La hipótesis de un gobierno en minoría resulta interesante. Contra lo que pudiera pensarse, no es inaudita: ya lo demostró durante su segundo mandato el socialista Manuel del Valle, que gobernó en solitario gracias a apoyos puntuales con los comunistas civilizados. De momento no puede considerarse más que una cábala, porque serán las urnas las que permitirán hacer una u otra cosa, las dos, o la contraria. Pero la discusión tiene cierto recorrido, sobre todo si los andalucistas llegan a dar la sorpresa y entran en el Consistorio o, acaso, si los resultados electorales obligan al final a IU a tener que elegir a la hora de votar al futuro alcalde entre el PSOE o el PP sin tener una garantía expresa de cerrar un pacto de gobierno. Porque aquí está toda la cosa: ¿si PSOE e IU suman 17 ediles y los socialistas prefieren no pactar dejaría Torrijos que gobernase Zoido?

Evidentemente, si se cree la tendencia registrada por casi todos los sondeos –que sitúan al PP al borde de la mayoría absoluta, pero sin garantías totales debido al elevado número de indecisos–, lo que ayer dijo Espadas sobre el futuro gobierno minoritario no deja de ser una forma extraña de ponerse estupendo. A Espadas le faltan votos –él dice que 1.000;los expertos sostienen que al menos unos 3.000– y elucubra con la posibilidad de no depender de nadie todo el tiempo. ¿Quién se lo cree? Parece irreal.

Sin embargo, no es más que una posibilidad más entre otras. Remota, si se quiere ver así, pero sencilla de plantear. Entendible por todo el mundo. Incluso hasta razonable. Sólo requiere de una condición: que se cumpla la tesis del empate que desde hace unos días dice tener amarrado el PSOE. Igual que ahora. Un empate en número de concejales, claro. Empatar también en votos es evidente que sería un milagro.

En este escenario, sin un ganador con mayoría absoluta (aquí hay que recordar que quien gana la Alcaldía es quien más concejales consigue que estén dispuestos a votarle;no quien saca más votos), los socialistas podrían forzar a Torrijos y Cía a elegir entre dos variantes:o ellos o Zoido. No hace falta ser muy listo para saber qué es lo que haría el candidato de la coalición de izquierdas.

Lo ha dicho muchas otras veces en público:“Con Zoido no iría ni a coger billetes de mil euros”. Es comprensible. Si el hombre que necesita Sevilla es capaz de pedirte el voto prestado, sin ofrecer rentabilidad inmediata, más o menos de forma casi benéfica, imagínense lo que haría si tienes un billete de esta cantidad en tu bolsillo. Pedírtelo también para sacar a Sevilla del atolladero. Dado cómo va a dejar Monteseirín las arcas municipales, hasta sería del todo lógico. Natural.

Claro que Torrijos también puede ponerse difícil. Correoso. Lleva ya semanas marcando las distancias con el candidato socialista para resaltar la autonomía de su fuerza política y aparecer como el verdadero elemento decisivo del futuro gobierno local. Bueno, tampoco hay que preocuparse: es cosa de carácter. Le gusta darse importancia. Ponerse también estupendo.

Aunque la pregunta que habría que hacerle más bien es otra: “¿Qué es lo que va a pedir Torrijos al PSOE a cambio de apoyar una hipotética investidura de Espadas”. Si lo que se piden son cargos, compartir el gobierno, una alianza similar a la de los dos últimos mandatos, los socialistas saben que van a tener bastantes problemas en determinados asuntos a medida que pase el tiempo. Sin contar con el hecho de que el aparato del Comité Central (nunca mejor dicho) funciona con el dinero que reciben sus cargos en el Ayuntamiento. Alguien tiene que seguir pagándole el móvil a Juan de Dios Villanueva, secretario general del PCA en Sevilla.

Ahora bien:¿Y si lo que se pacta son determinados ejes del programa electoral y no la incorporación al gobierno?¿Tendría entonces credibilidad la apelación al miedo (comunista) que lleva dos años haciendo Zoido? Muchos creen que IU nunca aceptaría dar sus votos a un alcalde socialista sin poder gestionar sus propias áreas de gobierno, sueldos, dinero. Puede ser. Es difícil, claro. Su mensaje ante el electorado, sin embargo, es otro: garantizar la aplicación de un programa social que asuma determinadas políticas contra las desigualdades. Se puede hacer perfectamente desde fuera. ¿No es hora de poner a IU ante sus propias contradicciones?