El verdadero peso de las hermandades en la ciudad: Ejemplos prácticos

Carlos Navarro Antolín | 10 de febrero de 2008 a las 21:13

Los detractores de las cofradías se quejan habitualmente desde el atasco de tráfico que puede provocar un ensayo de costaleros hasta del dinero que gasta el Ayuntamiento en horas extraordinarias de los agentes de la Policía Local en las procesiones de gloria. No se olvide que de las arcas del Consistorio salen 5,3 millones de euros para la organización de la Semana Santa. La logística tiene un precio, como se nos ha recordado intencionadamente la semana pasada. ¿Pero por qué no dicen las autoridades municipales cuánto negocio genera la Semana Santa? ¿O por qué no se hace un estudio para saber cuánto dinero se ahorran los servicios sociales gracias a las obras asistenciales de las hermandades? No faltan quienes se quejan del mimo de los políticos con las cofradías. Son aquellos que denuncian que las cofradías lastran la evolución de la ciudad. Pero hay casos prácticos de la vida cotidiana en lo´s últimos años que demuestran que las hermandades no gozan precisamente de privilegios en la ciudad.

  • Las hermandades van al Boletín Oficial de la Provincia como cualquier otro contribuyente si se olvidan de pagar un recibo del IBI. No se les ofrece pagar en especie, como sí se ha hecho con los clubes de fútbol no hace mucho tiempo, a los que se les consistió ponerse al día con el Fisco local mediante la organización de un torneo de fútbol en el estadio de la Cartuja. Una competición de medio pelo.
  • En el año 2001, decenas de estudiantes ocuparon el andén del Ayuntamiento en protesta por la nueva legislación universitaria. Cuando se acercaba la cuaresma, a las cofradías se les dejó muy clarito que no se aceptaría ninguna presión para echar a los estudiantes y permitir el tradicional paso del Museo por el andén. Las cofradías, callaron y comprendieron, como no podía ser de otra forma. No hubo entonces nadie que resolviera aquello en 48 horas, como sí ha ocurrido a finales de 2007, cuando nada más y nada menos que el gerente de Urbanismo, Alejandro Martín, se hizo cargo de las negociaciones para que los cocheros de caballos liberaran el ‘andén’. La solución con los cocheros fue inmediata. En 2001 se hizo de rogar y, por supuesto, no se podía dar la imagen de que las cofradías presionaban.
  • El Consejo de Cofradías tuvo que vivir hace cinco años el sobresalto de que la Policía Local desmontara la tribuna de Campana un Viernes de Dolores por las quejas de un comerciante de la calle Martín Villa. Las cofradías, si cabe con mayor ejemplaridad, recibieron el oportuno castigo ‘mediático’ consistente en la foto de los agentes escoltando a los operarios que deshacían las estructuras de tubos con el presidente y el tesorero del Consejo como testigos nerviosos de la escena. El entonces consejero de la Junta y ex delegado de Fiestas Mayores, el andalucista Juan Ortega, tuvo que intervenir para resolver la polémica, mediando ante los entonces ediles andalucistas de Urbanismo y Fiestas Mayores, Rafael Carmona y Paola Vivancos.
  • El Rectorado de la Universidad se negó a que el Tiro de Línea cruzara por la Lonja de la Universidad para evitar destrozos en los jardines, la suciedad de cera en el pavimento y tener que tener abiertos los urinarios. Los sufridos nazarenos de Santa Genoveva dejaron de gozar del oasis universitario.
  • El Ayuntamiento logró el pasado mandato municipal meter la mano en la organización del Pregón, un acto tradicionalmente dejado al arbitrio del Consejo. El Consistorio reivindicó legítimamente su cuota en la intendencia del acto.

¿Conocen ustedes más ejemplos que cuestionan el mito del peso de las hermandades en la vida diaria de la ciudad?

¿Sabe de más casos en los que las autoridades no sólo no dan un trato de favor a las cofradías, sino todo lo contrario?

  • Isbilya

    Hola, antes de nada y para evitar malentendidos, soy Sevillano, me encanta la Semana Santa en Semana Santa y opino que es la fiesta grande de nuestra ciudad. Dicho esto simplemente quiero hacerle unas precisiones.

    Las hermandades pagan IBI, algunas, otras no. Sobre cómo ha ido la cosa con otros impuestos y tasas (por ejemplo el iva) hasta hace no demasiado, es mejor guardar silencio. Lo de los clubes de fútbol es una “golfada” que no merece comentario. Creo además que no es bueno que se coloque a la Hermandad del Gran Poder y al Betis (por ejemplo) en la misma balanza.

    Los estudiantes eran y son personas, los caballos no. Ni ensuciaron igual. Ni el conflicto era de solución parecida. En este último caso la causa era un flagrante incumplimiento de una promesa del Ayuntamiento con un coste relativamente asequible. Ya me dirá qué puede hacer el Ayuntamiento de Sevilla con la legislación que afecte a las universidades. Por otra lado, el derecho de paso “tradicional” por un sitio no está reconocido en el derecho público como superior al de manifestación. Si se comprende esto mejor pero si no lamentablemente no cabe discusión.

    Las tribunas y palcos de la Campana, y de otros sitios, no son la Semana Santa sino un lugar para verla más cómodamente del que sólo algunos sevillanos, muy pocos, disfrutan (muchos parece ser que por derecho hereditario, toma ya) y que lucra directamente a las hermandades a través del Consejo. A la restauración a lo mejor le viene genial que le pongan los palcos y sillas porque así tienen una clientela cautiva. Al que regente una zapatería o una agencia de viajes, no estoy tan seguro de que le haga la misma gracia. ¿Por qué no estudiar una indemnización por parte del Consejo en estos casos?

    Lo del Rectorado es lo más razonable del mundo. Y lo entiende cualquiera. Más que un oasis lo que buscaba la hermandad era un “marco incomparable”. A todos nos cautiva la belleza, pero hay que ver sus costes también.

    El Ayuntamiento “mete la mano” en la organización del pregón…si se celebra en el Maestranza. No va a poner la ciudad el local y ahora va a hacer mutis. Estamos de acuerdo en eso.

    Respecto al aporte económico del tránsito de las hermandades por nuestras calles durante la Semana Santa no voy a dudar, ni a hablar…porque sencillamente no hay datos fiables que segreguen el con y el sin (procesiones, se entiende). Si mucha gente viene a Sevilla durante los festivos nacionales y autonómicos no se ve por qué habrían de dejar de venir en esas fechas. Tengamos en cuenta que los forasteros lo primero que se encuentran es con que no pueden comprar sillas ni palcos. Sevilla es una marca atractiva fuera incluso sin nuestras fiestas. Que no se entienda que no tienen impacto, indudablemente que sí que lo tienen, lo que podríamos discutir es cuánto, y de ese cuánto, qué parte se debe a las procesiones y qué parte a dichas procesiones POR y EN nuestra ciudad (que pagamos entre todos durante todo el año).

    En lo tocante a lo que se ahorra la ciudad con los servicios sociales de las hermandades, estaríamos todos encantados de saber realmente a cuánto ascienden para saber exactamente de qué hablamos y poder comparar. Es posible que la debida discreción que la caridad cristiana exige en estos asuntos dificulte esta tarea. Es posible que haya más factores también.

    Por último y, sinceramente, no creo que nadie pueda dudar de que nuestras hermandades tienen el trato que merecen en Sevilla. Es posible que no siempre se esté de acuerdo pero no hay más que darse una vuelta por ciudades no tan lejanas para dar fe de a qué me refiero.

    Enhorabuena por su weblog.

  • Isbilya

    Esta mañana le he puesto un comentario sobre este particular….que ahora no aparece. Imagino que será un error si no mejor harían en no dejarnos hacerlos.

    Saludos.

  • Isbilya

    Ahora se ve. Disculpe y gracias.

  • Hispalense

    Sólo hace falta leer los comentarios anteriores para darse cuenta de que las hermandades son un cero a la izquierda en Sevilla. Además son una coartada, cuando algo sale mal en la ciudad se le echa la culpa al Betis, al Sevilla, a la Feria y a la Semana Santa. Pero eso sí, que nadie ose meterse con los progres que mangonotean en la ciudad. Ellos son intocables . Velan por nuestro bien instalando bicicletas , metrocentros (un vulgar ferrobús), y mobiliario de Ikea en la Plaza de la Alfalfa. Tienen derecho a todo, pues fueron elegidos “democráticamente” y sobre todo pertenecen al sacrosanto partido que rige las vidas de los casi 700.000 cadáveres ambulantes que ¿habitan? esta desgraciada ciudad.