Así es la rosa

Diego J. Geniz Velázquez | 9 de marzo de 2010 a las 12:14

09marzo_esperanzatrianaCuando la Cuaresma traspasa el ecuador de su tiempo (definición lamiosa y cursi donde las haya) la catedral del viejo arrabal se viste de un verde oscuro como las aguas mansas del viejo Betis (venga una ración y media de ancestrales tópicos). Sobre el fondo de una recreación de lo que no está se alza un dosel de damasco rojo (a medio planchar) que circunda el medio punto de un oro al que el tiempo fue limando sus brillos.

No hay mayor esplendor que el que se eleva sobre estos reflejos argénteos que adornan velas y flores de difícil clasificación y complicado nombre. Son días de septenario y el calor del terciopelo gana la batalla al frío ladrillo mudéjar. Cobijada bajo ropajes de hebrea y con las espinas de una corona en las manos. Con suma sencillez. Sin más. Así es la rosa que se abre en Triana por estas calendas. Que no la toquen.

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