Dulce Satán

Diego J. Geniz Velázquez | 12 de marzo de 2010 a las 12:13

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¿Quién dijo que la Cuaresma era sólo abstinencia? Sobre un escaparate de reflejos dorados se derriten los ojos del consumidor, que se siente tentado por esta rebanada que le induce a pecar en el desierto del régimen alimenticio.

No hay mayor sacrificio que conocer las especialidades que la mano del hombre fue experimentado sobre la base de lo creado. La historia hizo la torrija y Sevilla le puso el apellido: grandes, pequeñas, con azúcar o sin ella y hasta con crema.

En este arte del delicado paladar hay también su ortodoxos. Pan y miel. Que inventen otros. Aunque la bula, pecado capital de explícitas referencias bíblicas, no entiende de puritanismos.

Las confiterías de Sevilla son una cruel tentación. Y aquí sólo hubo un Dios que venció al diablo.

Dulce Satán. Delicioso pecado. (Ya habrá tiempo de endocrinos cuando llegue la Pascua).

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