Madrugar en domingo

Diego J. Geniz Velázquez | 18 de marzo de 2010 a las 11:47

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Vienen con sus abrigos, cuando el sol de la mañana interrumpe el último sueño. Llegan en grupos, nunca por separado. Sus labios aún traen el sabor amargo del primer café, el que se toma a secas para resucitar al cuerpo en jornada festiva. Hay cabelleras albas, pobladas y en peligro de extinción.

Es marzo y el frío todavía no ha acabado de marcharse. La cita es todos los años la misma. La lectura larga y prosaica de una memoria que sólo guardó el instante que erizó la piel. Lo demás es pura estadística.

Sobre el gélido mármol catedralicio estos hombres de acicaladas estéticas dan fe de calles cortadas, obras y obstáculos varios. Cambios necesarios para que todo siga igual.

Tras reivindicar lo que consideran justo abandonarán el templo y llegarán por el camino más corto al rincón de los místicos, cuarteles de primavera donde la mantequilla y el aguardiente reverberan lenguas somnolientas (algunas de punta muy afilada).

Luego a disfrutar del gozo de las vísperas. Apretada agenda de estos sevillanos que madrugan en día de precepto. Cosas de cofrades.

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