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Carta a José Tomás

Francisco Javier Domínguez | 20 de febrero de 2012 a las 19:52

ESTIMADO maestro: ante todo, no quisiera inmiscuirme en su descanso invernal. De sobra sé que los toreros en estos tiempos andan refugiados en la intimidad de la familia, pero ya huele a temporada y por ello le pido que disculpe mi atrevimiento. Supongo que sabe que TVE debate el cambio de su libro de estilo para que se puedan televisar corridas de toros, catalogadas como “violencia a los animales” en el citado manual. Ya ve. Si fuera así, todos los españoles, los franceses y buena parte de los sudamericanos deberíamos estar ahora prestando declaración ante un juez. Le envío esta misiva porque creo que usted representa una de las tablas de salvación de la fiesta. Si le sirve de algo le diré que no soy de los que le aplauden cualquier lance. Incluso he catalogado su toreo como vulgar en alguna crónica, pero tengo que decir que le admiro como torero y como figura de época. Pero al igual que le alabo le digo que es urgente que usted dé un paso al frente por la fiesta. Es el momento, porque entre la crisis, la labor más que dudable de los taurinos y el cambio de percepciones éticas, políticas y sociales del personal, la Fiesta que usted y yo amamos está herida de muerte. Nos guste o no, el toreo se ha convertido en un espectáculo de ocasión, en el que los menos son los que entienden qué ocurre en el ruedo y el resto acude por lucir palmito, porque es feria o porque torea el famoso propio del mundo del corazón.

Por eso, maestro, tiene usted que ayudarnos. Durante este invierno, los toreros del denominado G-10 -las principales figuras del escalafón- han negociado por los derechos de imagen, por la conveniencia de la televisión, por la difusión de la fiesta… Tienen a los taurinos en vilo. Los toreros tienen que mandar y lo han hecho, quizá mirándose en el espejo que usted representa en este particular. Así que todo ello me parece bien: deben defender sus derechos pero deberían, todos debemos y usted, como taquillero number one -entiéndame-, debe comprender que sólo con un golpe de efecto -añadiría que simbólico- podremos recuperar el sitio que merece uno de los signos de identidad más importantes del pueblo español. Le sugiero por tanto que hable con dos de sus compañeros, a ser posible del G-10, y que monten un cartel de lujo. La expectación sería de época y la corrida pasaría a la historia. Luego usted, si así lo desea, no haga declaraciones. Hable en el ruedo, pero hable, y ayude como ayudó en Cataluña con su presencia cargada de simbolismo. Supongo que no será tan difícil que una vez superadas las trabas se monte un festejo en Madrid que a buen seguro será récord de audiencia. Pero lo importante será que se demostrará una vez más que, aparte de los números, los toros forman parte de nuestro ADN, que son nuestra vida, que son la vida de José Tomás, el torero que pasaría a la historia por haber invertido una tendencia social con su arte.

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