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Ruth y José, en segundo plano

Francisco Javier Domínguez | 7 de mayo de 2012 a las 20:20

Quizá porque nos hemos acostumbrado, vemos el drama atenuado. Presos como estamos de un feroz circo mediático, el caso de Ruth y José, los dos niños desaparecidos hace casi siete meses en el Parque Cruz Conde, se ha convertido en algo cotidiano. Sus fotos aparecen en las calles por doquier y se repiten manifestaciones y apariciones en programas que producen náuseas dado el grado de envilecimiento que puede alcanzar el ser humano. Esta semana hemos oído acusaciones de malos tratos, explicaciones de rupturas conyugales; hemos visto estrategias de acoso y derribo sin que medie ninguna prueba, sólo las declaraciones de testigos, de amigos, de familiares. El caso que protagonizan José Bretón y Ruth Ortiz se le está yendo de las manos a la sociedad porque los árboles impiden ya ver el bosque. Sólo se atiende a la pelea de un matrimonio, a la lucha de dos familias y se olvida o al menos queda en su segundo plano la realidad: dos niños de dos y seis años han desaparecido sin dejar rastro y sin que haya ninguna prueba concluyente de lo que ha ocurrido. Sólo hay palabras y cuando sólo hay palabras a éstas se las suele llevar el viento. A tal grado hemos llegado que hemos establecido un juicio paralelo y una auténtica manifestación se dirigió el otro día contra los familiares de José Bretón para tirarles en la cara carteles de los niños, para presionarlos. Sentí pena del género humano cuando observé cómo se vilipendiaba y casi se linchaba a dos octogenarios -me refiero a los padres de Bretón- cuando salían de un taxi camino de su declaración en los juzgados. Me pregunto si se podría haber evitado. Como no soy juez no valoro pero opino y si algo tengo claro en este caso es que Bretón miente, que su versión de lo ocurrido no se ajusta a la realidad, pero a partir de ahí no puedo valorar más. Pues bien, a partir de ahí se valora a diario, se juzga desde tribunas en las que minutos después comparece Belén Esteban.

No sé ustedes pero yo tengo la sensación de que lo que realmente importa ha quedado como simples fotos de cartel y todos los titulares se llenan de palabras de venganza, de acusaciones a la ligera que parecen realizadas con una boca prestada. Ya ni si quiera se busca a los niños y sólo el pulso de la instrucción judicial mantiene vivo el caso. La labor de los abogados tampoco está contribuyendo a serenar el espectáculo, pues andan dando pábulo a insidias y a declaraciones demasiado interesadas. Que un caso de esta gravedad se convierta en carnaza de esta manera me produce espanto y no quiero pensar que no hay forma de ponerle freno. Alguien, quizá el juez o la Fiscalía, debería apelar ya de forma urgente a la responsabilidad de los implicados porque el caso de los dos niños desaparecidos se nos ha ido definitivamente de las manos.

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