Apreciar un vino…

Alvaro Martín | 13 de julio de 2010 a las 23:08

Significa crear lazos”…” Para mí no  eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para tí más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mi único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…

“Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor…Creo que me ha domesticado…”

“Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros….y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mi el trigo es inutil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento del trigo…El zorro calló y miró largo tiempo al principito:

-¡por favor…domésticame!-dijo

….Creo que es el pasaje, mas bonito que he leido jamás sobre la amistad, sobre los lazos…y preguntaréis qué tiene que ver todo esto con el vino?

La mayoría de las personas, cuando nos enfrentamos a un vino por primera vez, no sabemos a qué nos enfrentamos realmente, no sabemos qué tenemos que buscar en ellos y qué podemos encontrar, qué es un defecto y qué es una virtud en él…Sin embargo, llega un momento, en el que tras probar varias veces un mismo vino, empezamos a entenderlo, lo vamos conociendo, y de alguna manera formamos “lazos” con él, lo “hacemo nuestro” . Llegando a observar las diferencias que existen en diferentes añadas, en diferentes tipos de conservación, y con el tiempo, y el gusto por el vino, comprendemos las diferencias de una misma bodega dentro de sus diferentes marcas o tipos… eso es conocerlo, eso es aprender realmente sobre él.

Puede que este post, suene algo extraño, ya que pareciera que comparase la amistad entre personas con el vino, y muy lejos queda mi intención, ya que pocas cosas existen tan bonitas como esta. Sin embargo, sí que opino que hasta que no conozcamos al menos un vino de veras, no podremos llegar a entender muchas de las cosas que leamos y escuchamos sobre este mundo…Así que, bueno, os animo a que cuando compréis una botella de un vino sobre el que tengáis buenas expectativas, no compréis únicamente una, sino al menos tres, o incluso una caja, y observéis anotando en cada degustación las características que apreciéis…así es como realmente aprenderéis de él. Cuando él os “domestique” y vosotros lo entendáis… Podríamos concluir diciendo que el catador no nace, sino que se hace.

PD (Por si alguien no se ha dado cuenta, el comienzo de este post está copiado literalmente del libro “El Principito” de Antoine de Saint- Exupéry, paginas 82, 83)

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