Añada mítica del 82: Rioja (Alta)

Alvaro Martín | 23 de marzo de 2012 a las 14:37

Siempre pasa lo mismo: “Este es un vino que guardo para una ocasión especial”, “No, ese no, ese está reservado” “Menuda pena tomarnos el vino hoy, ¿no? Esperemos a que estemos todos”

Frases míticas y célebres que en todos los hogares y en todos los grupos de amigos se repiten cuando alguien quiere coger “ese vino”.

Lo cierto, es que es normal, esperar para celebrar cosas, y que siempre es mejor que estemos todos, pero también lo es, que el vino, y no me cansaré de repetirlo, es para beberlo, y no para guardarlo. Ya que como producto vivo que es, tiene una vida limitada, una fecha de caducidad, un punto de no retorno… Y aunque se diga y se repita hasta la saciedad que los buenos vinos mejoran con los años, esta frase no deja de ser solo una verdad relativa. Y explico por qué:

Los vinos, a la hora de ser elaborados, se puede pensar que sean buenos para envejecer en botella o sencillamente para tomarlos sobre la marcha. La mayoría de los vinos, o por lo menos muchos de ellos, corresponden más a este segundo grupo. Pero es que los que corresponden al primero, tampoco tienen una vida ilimitada. Pueden durar tres, cuatro, cinco años o incluso diez, y sí, es verdad que algunos muchos más, pero estos son los menos, de hecho, estos corresponden a un grupo al que la mayoría de los mortales, tenemos poco acceso. Primero, porque estos vinos suelen ser bastante caros, y segundo porque para que un vino mejore durante tantos años, se necesitan unas condiciones de conservación, de las que la inmensa mayoría de las personas carecen.

Se recomiendan lugares aislados de ruido, de luz, de cambios bruscos de temperatura, de humedad constante…y si alargas esa crianza durante muchos muchos años, también es recomendable cambiar el corcho alguna que otra vez.

Bueno, pues el otro día por suerte, y a la vez con pena, probé un vino de la añada del 82, no sin antes tener una conversación intensa de si merecía o no la pena abrirla o continuar guardándola para una ocasión especial. Era un Rioja Alta del año 82. Como casi todos sabemos añada excepcional, y vinos de mucho reconocimiento.

La verdad es que la propietaria de la botella, estaba decidida a probarla desde el principio, y de hecho se temía lo peor. Tras comentar entre todos qué pasaría, nos decidimos a abrirla, pero justo antes, leímos la contraetiqueta, donde encontramos que por aquellos años, la bodega tenía el detalle de poner la curva de consumo recomendado y evolución del vino en los siguientes años, y donde lamentablemente nos condicionamos a pensar que el vino estaba ya más que pasado. No obstante, ya sí que quedaba patente que no merecía la pena seguir guardándola y con la tranquilidad que eso conlleva de cara a que yo era quien más ganas tenía de abrirla, comprobamos como el vino ya estaba más que caído. Su color, era de un marrón ladrillo que evocaba ya los aromas que encontraríamos a oxidación y que lamentablemente encontramos. Yo no me daba por contento, y con mucho miedo y cuidado y tras meditarlo, me decidía a decantar suavemente la botella, con el miedo de terminar de romperlo. Pero la verdad es que ni ganó ni perdió, el vino no mejoró en nariz. Y en boca, pues la verdad no diría que estaba malo, pero desde luego, había perdido completamente la expresión.


Una vez en casa, viché un poco por internet a ve qué decía la gente de ese vino. Y me encontré con que en concreto el que tomamos no había noticia, habiéndola eso sí de otros Rioja Alta del mismo año, y teniendo muy buenas críticas. Me encantaría probarlo, ya que me quedé con la pena de no poder disfrutar lo que inicialmente me parecía tan apetecible.

En fin, este fin de semana espero probar algo que me agrade y sorprenda mucho más.

Buena fin de semana y salud!

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