Bodega Dominio del Bendito, un vino excelente, un equipo que lo hace mejor

Alvaro Martín | 25 de noviembre de 2013 a las 19:51

Cuando en Abril de 2013 me invitaron a una cata de vino, mis intenciones no iban más allá de aprovechar dicha cata, para hablar con el propietario del local sobre algún posible negocio, pero claro, el destino no entiende de negocio ni de catas de vino, se limita a hacer su papel.

Allí, junto con Pablo de “El decantador de vinos”, asistí a la cata, donde conocí a Antony Terryn copropietario y enólogo -o como el se define orgullosamente, “Vigneron”- de la bodega Dominio del Bendito, quien nos atendió con una naturalidad extrema. La suerte de estar en este mundo, hace que ya haya ido a muchas catas, y de claro, observar en cada una de ellas, como quien transmite, puede transportarte mucho mas allá de lo que el vino sería sin él, o hacer que este se vuelva algo tremendamente aburrido.

Antony, en ningún momento, nos hizo sentir, como si le estuviéramos sacando el dinero al bebernos su vino, sino justo lo contrario, no paraba de ofrecer, unas y otras añadas. Sus vinos, de la D.O. Toro, me parecieron una pasada. “El Primer paso“, el llamado Roble porque así lo quiere la D.O. (en la mayoría de las D.O. sería un crianza) es fruta pura, envuelto por una sutil madera elegante, fresca y sedosa, que lejos de enmascarar su estructura, u ocultar dichos aromas primarios, lo hace más complejo. Pero hablar de primer paso, sería como limitarse a hablar de un equipo de fútbol, queriendo explicar lo que es deporte, ya que al ir comparando añadas, entiendes realmente como pueden afectar las diferencias entre uno y otro año en un mismo vino. Al probar “Las Sabias”, entramos en un plano de complejidad aún mayor. Un vino maduro, elegante y señorial, que conserva aún la picardía de un adolescente, pero de la misma manera que  con “El primer paso”, la influencia de las añadas, siempre dentro de la misma línea, hace que cada vino sea diferente.

La cata, fue tremendamente original, ya que Antony, francés, como algunos habréis pensado, a pesar de tener un marcado acento en su habla, dista mucho de ser el remilgado francés que habla de sus vinos. Con una sinceridad casi infantil, comentaba la dureza de los vinos al embotellarlo, los problemas de reducción que habían sufrido algunos, las paradas de fermentación que le habían quitado el sueño por la noche, las lluvias de la vendimia que por poco destrozan alguna añada…la verdad es que me encandiló.  Al acabar la cata, no pude evitar acercarme a él y preguntarle si era posible que me fuera allí durante la vendimia a aprender con ellos, y me dijo que claro, que lo llamara más adelante…y así  hice.

Dicho y hecho, este año, he tenido la suerte de compartir una vendimia en dicha bodega. El trabajo ha sido duro, y la vendimia ha sido un poco difícil debido a las lluvias que se adelantaron. El saber hacer de Antony en el campo, ha hecho, que posiblemente, estemos en una de las añadas mas especiales en alguno de sus vinos.

La verdad es que ha sido una experiencia muy positiva, por muchos motivos, y quiero comentarlos, porque cada vez estoy mas convencido de que el vino es lo que es además de por la uva, por la gente que en ella trabaja.

Antes de llegar, Antony, se había encargado de buscarme un pisito superchulo en el pueblo de Toro, a tan solo cinco minutos a pie de la bodega. Cuando fui a trabajar, conocí en primer lugar a Rebeca, la chica que se encarga de toda la administración de la bodega, un encanto, siempre dispuesta a echar un cable, y con la que he conocido mucho de la cultura de la zona, las fiestas de Toro, parte de su gastronomía, y también alguna que otra interesante recetilla de dulces. Y después conocí a Gonzalo, de quien prácticamente, por suerte para mi, no me he separado en toda le vendimia.

 Las vendimias no se puede decir que sean precisamente fáciles, ya que  el estrés de la entrada de uva, acabar de meterlo todo antes de que sea tarde, las prisas por vaciar y limpiar las cajas para seguir vendimiando, el control de cada uno de los depósitos, el ruido de todas las máquinas funcionando, la necesidad de la higiene en todo momento….estas cosas unidas a que prácticamente no se descansa ni un día, hacen que en determinados momentos, se acumule la tensión, y alguna vez alguien salte. Sin embargo, cuando hay un buen equipo de gente trabajando, esto se hace mucho mas llevadero. Cuando todo el mundo trabaja a una, todo es más fácil. Y como en todas las casas se cuecen habas, como es normal, en alguna ocasión esa chispa prende. Sin embargo, he tenido la suerte de dar con un equipo de gente que unos por una cosa, otros por otra, conseguíamos pasarlo bien, y trabajar a tope haciendo que los días pasaran rápidamente. Muchos días, Antony, se encargaba de sacar una botellita de vino al final de la jornada y catábamos si no un buen vino de la bodega, algún que otro vino de guarda francés, para acabar con una sonrisa (quien pueda permitírselo, que pruebe el Titan del Bendito, impresionante). Otros días, al terminar, Gonzalo, Rebeca, y yo, nos íbamos a tomar un vinito con una tapa, por supuesto, vino de Toro. Y cuando llegaban los fines de semana, una cenita al menos caía, y disfrutábamos tomando buenos vinos todos juntos en casa de Gonzalo y su mujer Nicola, también dedicada a este apasionante mundo, pero en el sector de ventas, además de ser gran cocinera y gran anfitriona (y eso que es inglesa!!! J)

Se me hace complicado resumir en post, dos meses intensos aprendiendo y compartiendo. Pero no quería dejar de contar, que un año más me he dado cuenta de que la uva es importante para hacer buen vino por supuesto, pero las personas, probablemente lo sean incluso más…

Gracias Antony, Gonzalo, Rebeca, Dimitri, y todos los demás!

Como siempre acabo, brindo por Dominio del Bendito, y su gente… Salud!!!

AQUÍ PODEIS VER MUCHAS DE LAS FOTOS DE LA BODEGA

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