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Camaleónica Rosa

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de mayo de 2011 a las 12:04

El PP tardó sólo 24 horas en sacarla a pasear en la campaña y ella, sólo 48 en dejarse ver por Córdoba y desplegar sus artes electorales. La ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, exconsejera de Obras Públicas y exalcaldesa vino, vio y venció. Porque no puede calificarse de otra forma el que su visita a la ciudad haya aparecido en todos los medios de comunicación habidos y por haber sin más recordatorio de su pasado que un sencillo “estuvo en IU”. En apenas seis horas, Rosa Aguilar destacó a Juan Pablo Durán como “el mejor alcalde para que Córdoba gane”, cubrió a su excompañero Andrés Ocaña con un manto de cariño y apoyo celestial con un “lo tengo por mi amigo” y le arreó al PP de José Antonio Nieto por preguntarle en el Congreso por su gestión urbanística en la ciudad durante diez años ahora que estamos en campaña electoral. (No le gusta a Rosa que le recuerden que hubo un tiempo en el que fue amiga de Rafael Gómez y que durante su mandato éste levantó sus polémicas naves de Colecor). Luego, después de arengar a los jóvenes cachorros socialistas, se fue a triunfar donde mejor sabe hacerlo: en el cara a cara.

Cuentan quienes la vieron por el santuario de Scala Coeli que nadie diría que Rosa ya no es alcaldesa de la ciudad. Marcó los tiempos como nadie, fue la reina de la entrega de premios, la más besada y abrazada y se marcó sus tradicionales sevillanas al compás de las palmas que le marcaba Paco Castillero, su inseparable edecán durante los años de alcaldesa de Córdoba. Juan Pablo Durán, alcaldable socialista, miraba satisfecho a su ahora compañera consciente de que un paseo por el campo con ella le da más conocimiento que dos meses de campaña. También cuentan que José Joaquín Cuadra, aún edil de seguridad por IU, no se separaba ni un minuto de quien fuera su mentora y responsable de su salto a la política. (Dicen las malas lenguas que Cuadra lleva fatal haberse quedado fuera de la lista de la coalición y anda despechado contando sus penas por donde se le quiera oir).

Y es que Rosa Aguilar tiene esa tremenda capacidad camaleónica que le hace salir indemne de casi todo lo que afronta. Dejó a IU abandonada tras años de progresivo distanciamiento y nadie en España le pasó factura, todo lo contrario. Estuvo en la Junta un año justo, se metió a fondo en el asunto de la Colecor y nadie le pasó factura, todo lo contrario. Ahora viene a Córdoba para pedir el voto contrario del que pedía hace cuatro años -no olvidemos que en esta ciudad la izquierda compite entre sí históricamente y no contra la derecha- y la afición la aclama en la romería de Santo domingo. Es más ya hay quien la propone como sustituta de Griñán en las autonómicas de 2012 si, el próximo día 22, la cosa le sale al PSOE-A todo lo mal que se espera. ¡Santo súbito!, se podría exclamar.

Ésta es la gran capacidad de Rosa Aguilar, su talento camaleónico para no descomponerse nunca en público y trasladar la mejor sonrisa profidén. Otra cosa distinta es lo que ocurre de puertas hacia adentro y las no pocas pegas que podríamos ponerle a su capacidad de gestión en una ciudad que hoy paga la parálisis de no pocos proyectos con una tasa de paro desorbitada y un porvenir industrial que da auténtico pánico. Son las dos caras de Rosa Aguilar y hay que decir que en ambas es única.

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