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Ocaña y el Kun Agüero

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de mayo de 2011 a las 12:05

A medida que avanza la campaña comienzo a percibir que el reparto de los papeles protagonistas podría asimilarse a los de los equipos de fútbol. (Ya sé que no es especialmente científico tirar de símiles fáciles, pero hoy me ha dado por ahí). En esta Córdoba nuestra en la que van pasando las jornadas preelectorales con más pena que gloria la cosa empieza a estar clara.

Podríamos decir que el PP es un equipo ya cuajada, es decir, que los miembros de la candidatura, no sé si influenciados por la presencia de Miguel Reina, juegan todos de la misma manera, casi de memoria y saben en cada momento donde está el compañero y hacia dónde hay que enviar el balón y enfocar los argumentos de campaña.

El PSOE, por su parte, tiene menos de equipo conjuntado y juega más alrededor de su líder, podríamos decir su jugador franquicia, que es quien coge todos los balones e intenta meterlos en la portería ajena. El resto de la candidatura juega un papel secundario, como el New Team de Oliver Aton, y quizás por ello el conjunto no aporta demasiado brillo y corre el riesgo a veces de perderse en partidos aburridos de centrocampismo batallador.

Y luego tenemos a IU, el otrora líder indiscutible del campeonato, que atraviesa por un duro momento de crisis deportiva y de juego. El fichaje de Rosa Aguilar por el contrario dejó a la coalición muy tocada y los cambios en la alineación no parecen haber surtido el efecto deseado. Desde luego, a la vista de los últimos encuentros -Cabalcor, impago de ayudas a las riadas, liquidación presupuestaria de 2010 inexistente…- los socios mayoritarios del equipo de gobierno han caído en las profundidades de la clasificación. Y no es que no tengan alguna figura en la plantilla, que la hay, sino que se les ve como un equipo desmotivado y con escasa dirección técnica. Vamos, como el Atlético de Madrid cuando cae en esos bajones tan suyos.

Porque después del lunes que ha pasado IU se demuestra que la defensa le hace agua por todas partes. Los centrales llamados a contener la furia atacante del contrario están ya pasados de forma o en franca retirada. Tejada, joven promesa ayer, hoy tiende más al juego marrullero que a otra cosa y defiende que Cabalcor no se celebra porque no se han pedido las subvenciones, el mismo día en el que Córdoba Ecuestre desvela el compromiso de hace un mes del alcalde para librar dichos fondos. Y Tejada se queda como esos jugadores que entran fuerte al tobillo y luego levantan los brazos con cara de no haber roto nunca un plato. A su lado se alinea Alfonso Igualada, esa vieja gloria que dio grandes encuentros en el pasado pero que ahora está falto de velocidad y reflejos. No ha sacado la liquidación presupuestaria de 2010 llevado por el conservadurismo de evitar problemas mayores y encima se encuentra con que el Gobierno no va a pagar facturas de la limpieza de las inundaciones por “graves irregularidades” en la tramitación de factura spor importe de 750.000 euros. Penalti en contra por claro empujón al contrario. Y se queda Igualada mirando al árbitro consciente de la falta cometida y esperando que el trencilla le disculpe la falta por la de años que llevan viéndose.

Del centro del campo del equipo poco se puede decir. Es batallador y disciplinado, con jóvenes promesas que no terminan de cuajar, pero anda tan perdido y falto de instrucciones que rifa la pelota en cuanto le llega a los pies.

Y luego está la estrella del equipo: Andrés Ocaña, ese jugador de la cantera que siempre ha destacado en labores subsidiarias y que desde que se ha echado el equipo a la espalda corre como un loco detrás del balón. Es como ese Kun Agüero que se desfonda bajando al centro del campo o a la defensa en busca de la pelota consciente de su calidad y su capacidad para desequilibrar el encuentro. Tiene un buen regate corto y un uno contra uno en carrera interesante, pero tanto esfuerzo por trasladar el cuero desde su propia área lo deja exhausto a las primeras de cambio. Es cierto que puede desequilibrar todavía el partido porque tiene capacidad para ello, pero no lo es menos que tanto esfuerzo puede devenir en lesión y entonces estaría apañado.

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