En defensa de Locsa

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de junio de 2011 a las 6:00

Si nadie lo remedia, dentro de apenas diez días Córdoba perderá una de sus señas industriales más relevantes e históricas. La multinacional italioalemana KME ha decidido cerrar la factoría de Locsa y borrar de un plumazo décadas de historia de la ciudad. Poco o nada parece que puedan hacer las administraciones local, andaluza o central más allá de poner todas las trabas posibles y forzar la máquina hasta el extremo. Pero apenas nada más cabe cuando los dueños de la cosa han decidido irse con la música a otra parte. Y no lo han decidido ahora, sino que parece que desde finales del año pasado ya habían comenzado a trasladar a Italia a algunos de los directivos y técnicos más destacados de la fundición para recolocarlos en una factoría de Milán. Es la dureza y la crueldad de la globalización. Sólo algo parecido a un milagro salvará a las familias que permanecen acampadas en la Letro recibiendo el apoyo de autoridades y ciudadanos anónimos en su lucha. Recibiendo el apoyo decidido de centenares de cordobeses que llenan las redes sociales estos días con mensajes como #locsaanosecierra o #todoscon Locsa.

Córdoba se desindustrializa al mismo tiempo que se dota de cinco millones de metros cuadrados de suelo industrial, paradojas del destino. Las grandes firmas que antaño llenaban de orgullo a la ciudad atraviesan momentos críticos, con un ERE en ABB, con Locsa a punto de cerrar, con Pérez Giménez no se sabe caminando hacia dónde….Y eso no es que esto sea grave es que es letal. Cierto es que el sueño de la Capitalidad tiende a enfocar el futuro de la ciudad hacia el sector servicios, hacia el turismo y la cultura como grandes generadores de riqueza, hacia el hotel, la taberna o la visita como fuente de empleo. Sin embargo, ése es un modelo limitado.

Una ciudad con una industria potente es una ciudad con un futuro garantizado. No sólo por lo que una fábrica genera directamente, sino porque a su alrededor crecen y prosperan industria auxiliares, pequeños negocios que se convierten a suministradores de servicios que, a su vez, generan empleos y riqueza. Una ciudad con industria no depende de los vaivenes del consumo, de los gustos del viajero o de las preferencias del consumidor; pues tiene los cimientos bien asentados para soportar las inclemencias del tiempo y garantizarse un crecimiento estable y un desarrollo e innovación permanentes. A más industria, más cualificación, mejores sueldos y mayor calidad de vida. Precisamente por eso, otear el cierre de Locsa en el horizonte es una tragedia. Luchemos todos, desde donde podamos, por evitarlo. Que Córdoba grite alto y claro que Locsa no se cierra. Y si no que se obre el milagro.  

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