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Ocho días eternos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 16 de octubre de 2011 a las 8:26

Ojalá cuando usted esté leyendo este artículo, armado con su café y sus churros o su tostada, la pesadilla que comenzó hace una semana haya terminado ya. Ojalá que Ruth y José Breton Ortiz hayan aparecido sanos y salvos y todo haya quedado en una mala pesadilla. Un sueño largo que haya durado ocho días y haya concluido con el regreso de los dos pequeños de seis y dos años a los brazos protectores de su madre. Ojalá un alma caritativa se los encuentre deambulando perdidos por ahí, ignorantes del revuelo que se ha montado con su desaparición. Eso es lo que todos deseamos: volver a salir con el coche por las mañanas para llevar a los niños al cole sin mirar inútilmente a nuestro alrededor para ver si damos con esos dos pequeños rostros. Y digo todos porque en estos días de estupefacción una marea de solidaridad y comprensión recorre la ciudad, se entristece cuando los presagios se vuelven oscuros y llora de rabia cuando algún desalmado hace correr el bulo de un regreso que luego se torna falso.

Todos somos padres. Todos intentamos imaginar lo que debe estar sufriendo esa familia con la prologada ausencia de sus niños. Ninguno podemos ni pensar qué haríamos si algo parecido pasase en nuestra casa. La angustia, el miedo, el pánico absoluto nos recorre sólo de imaginarnos en aquel parque el sábado pasado, con la mirada perdida entre los árboles y la ansiedad ganando nuestros cuerpos y nublando nuestras mentes. Sólo por eso, por ese escalofrío que transita helado por la espalda, hay que estar esta mañana en el Parque Cruz Conde apoyando, en silencio o a voz en cuello, el regreso de esos inocentes. Sin caer en el desaliento, sin rendirse ante las búsquedas infructuosas, sin ceder en la tentación de dudar de los investigadores y, sobre todo, sin perder la fe en un reencuentro cargado de sonrisas, lágrimas y abrazos eternos.

Lo ha dicho Esther Chaves, portavoz de Ruth Ortiz, la desconsolada y rota madre: “No hay que buscar culpables ni sospechosos, lo único que hay que hacer es encontrar a los niños. Tenemos la intuición o queremos tenerla de que alguien los tiene retenidos”. Ojalá sea así. Ahora lo importante es encontrar a Ruth y a José, intentar que quien se los haya llevado recapacite y tenga un instante de lucidez que lo devuelva a la realidad.

Son ya ocho días de noches eternas y días minúsculos. Ocho días de demasiado sufrimiento para una familia que espera en silencio noticias de sus pequeños.

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