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El sueño del presidente

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de diciembre de 2011 a las 9:45

En apenas 48 horas, la constitución del nuevo Congreso de los Diputados dará comienzo a la X legislatura democrática en España. Mariano Rajoy y su triunfante PP toman al fin el mando de un país necesitado urgentemente de marcarse un norte claro que le permita salir de esta atroz crisis económica y esta situación de pesimismo general en la que lleva demasiado tiempo inmerso. Es la hora de la verdad para el hombre que llegó a la Presidencia del Gobierno a la tercera y el momento de comprobar hasta dónde está dispuesto a llegar el gallego en la aplicación de reformas y ajustes. Esta semana ya hemos tenido una primera prueba de sus intenciones, cuando afirmó en Marsella que sus grandes objetivos son una profunda reforma laboral y la definitiva reestructuración del sistema financiero nacional. La cuestión del déficit la dejamos al margen, toda vez que Europa ha decidido ya hacer lo que diga Ángela Merkel.

Sobre la reforma laboral, Rajoy tiene ante sí el mayor problema del país. Con cinco millones de parados, la mayoría absoluta que logró el pasado 20 de noviembre le garantiza un margen considerable para actuar. Los primeros contactos con patronal y sindicatos, con ultimátum de acuerdo previo a Reyes incluido, ofrecen vibraciones positivas. Y no porque unos y otros comulguen con el PP, sino porque ambos son conscientes de que la sociedad no está dispuesta a aguantar más veleidades por parte de unos representantes absolutamente contestados. Todo apunta a que nada será igual tras la reforma. Ni el coste del despido, ni el de la contratación, ni, tampoco, el sistema de negociación colectiva. La esclerosis que sufre el tejido laboral español requiere medidas de impulso claras que, sin embargo, no supongan un menoscabo de los derechos básicos adquiridos por los trabajadores desde la revolución industrial. Los trabajadores debemos asumir que es hora de ajuste y esfuerzo, pero los empresarios han de ser conscientes también de que para salir de este agujero no se pueden tomar caminos cortos ni decisiones miopes.

Y luego está la reestructuración del sistema financiero. En cristiano, el final del proceso de concentración de entidades para expulsar a aquellas que son más riesgo que apoyo y permitir así una recuperación que dote de crédito a los ciudadanos. En este ámbito se barruntan los expertos grandes sorpresas y un adelgazamiento que dejará el panorama reducido a la mínima expresión. Claro que el riesgo de que se adelgace siempre por el mismo lado tampoco debe pasarle desapercibido al nuevo Ejecutivo.

En 48 horas, el PP va a cumplir el sueño de su presidente. A ver si éste es capaz de responder al que tienen los españoles.

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