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Palabra de Demetrio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de enero de 2012 a las 10:03

Cuando llegó a Córdoba, Demetrio Fernández ya dejó claro que no iba a ser un obispo al uso y que no se iba a morder la lengua en aquellos asuntos que considerara prioritarios para su labor. Avalado por su trayectoria en Tarazona, donde tuvo más de un roce con medios y parroquianos por sus cartas pastorales y artículos, el obispo dio el salto a una diócesis diez veces más grande convencido de que la claridad a la hora de exponer las posiciones de la Iglesia más que una opción es una obligación. En las antípodas del perfil florentino y negociador de su antecesor, Juan José Asenjo, el nuevo prelado pareció llegar con la máxima de “duro y a la cabeza”.

No tardó mucho el obispo en levantar polvareda al manifestar que la Mezquita ya no era mezquita sino catedral y que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Nada de tradición cordobesa ni de respeto patrimonial, como mucho “Catedral, antigua Mezquita”, y eso poniéndose generoso el hombre. Luego vino aquella famosa declaración de que “la Unesco tiene programado en los próximos 20 años hacer que la mitad de la población del mundo sea homosexal”. Ahí es nada. Más recientemente ha manifestado que “los niños de familias como Dios manda crecen más saludables” y también que la economía de las familias de este tipo es más sostenible y mejor. Ya sabe usted que si está divorciado o es madre soltera lo tiene crudo. Por último, la semana pasada se despachó con una pastoral en la que apunta a que algunos institutos y los medios de comunicación incitan a la fornicación con sus enseñanzas y publicaciones. Vamos, que se abre el periódico o se pone la tele y le da a uno un apretón que lo cruje.

Estas son sólo cuatro perlas del prelado cordobés, un botón de muestra de la capacidad dialéctica y gramatical de Demetrio Fernández para meterse él y a la Iglesia que representa en líos. Porque una cosa es defender los postulados de la fe de cada cual, los dogmas sagrados del cristianismo, la virginidad, el matrimonio eclesiástico, el concepto de familia como grupo en el que se desarrollan las personas en armonía y amor y otra cosa bien distinta es descalificar todo lo demás. La tendencia de Fernández a satanizar a homosexuales, separados o madres solteras no puede beneficiar en nada a la Iglesia católica. El tiempo ha demostrado ya que las cazas de brujas más que llenar los templos los vacían. Porque una cosa es predicar y otra muy distinta conocer los motivos que llevan a un matrimonio a romperse, a una madre a tener hijos sola o a una persona a tomar una opción sexual. Cada cual es libre de creer en lo que quiera, pero siempre desde el respeto a los demás. Que hace ya mucho que la Inquisición pasó al olvido. 

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