Hora de reflexionar

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de marzo de 2012 a las 10:00

No fue ayer, ni será hoy, sino que empieza mañana. Por fin, después de más de un año de campaña, con elecciones municipales, generales y autonómicas en apenas diez meses, mañana nos despertaremos sin tener que escuchar ningún mitin de partido y con la conciencia de que las decisiones que se tomen en los próximos meses no estarán mediatizadas por citas con las urnas. Mañana comienza un nuevo tiempo en Andalucía –no entro en quién esté al frente del mismo– y será hora de calmar ánimos, serenar espíritus y pararse treinta segundos a reflexionar. Porque eso, la reflexión, es algo que se ha perdido por el camino de este último año. La carrera por el voto ha adquirido tal virulencia que en los últimos días hemos asistido ya al paroxismo de las acusaciones políticas. Como a los tiburones blancos, a los políticos se les agitan los sentidos cuando huelen la sangre de las urnas y pierden cualquier noción de la realidad a la hora de afrontar lo que tienen que hacer. Como burros con antojeras, todo vale con tal de salpicar al contrario. Sin contar con el votante, con el ciudadano. La consigna es enmierdar hasta el límite. Sin contemplaciones.

 

Y en estas hemos asistido en Córdoba –y me quedo aquí porque no hay más espacio– a una carrera de acusaciones de tráfico de influencias, compras injustificables, colocaciones a dedo, nepotismos variados, corrupciones indisimuladas y vituperios inconfesables que han convertido la ciudad en una pocilga nauseabunda. No hablo de partidos, hoy toca reflexionar y no señalar con el dedo, sino de situaciones vividas y leídas en los medios en las últimas 72 horas. Una carrera desquiciada en la que todo ha valido. Sin tapujos, sin pudor, sin el más mínimo miramiento hacia la opinión pública, hacia usted, que vota, sufre y se supone que decide quien le gobierna.

 

El ciudadano ha quedado al margen. Ya no importa el mensaje político y de gestión, sólo vale la descalificación. Los partidos se han sumergido en tal vorágine de basura que todos se han puesto al final en evidencia. Unos por contratar con quienes no debían o comprar lo que no debían o por destinar dinero a mamarrachadas de marca mayor. Otros por incorporar a quienes éticamente no debían, por divulgar ruinas en el papel antes que en los despachos, por lo que sea. Se han puesto en evidencia.

 

Hoy es más que posible que haya una importante abstención y voto en blanco. Nadie se parará a analizarlos. No interesa, nadie quiere asumir que usted o yo o su vecino estemos hartos de ver tanta basura alrededor. Nadie quiere asumir el desapego creciente que genera la política. Por eso, porque hoy acaba la campaña deberíamos exigir a nuestros políticos que mañana comiencen su temporada de reflexión. Porque no todo vale. Porque ya está bien.

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