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Emergencia nacional

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de abril de 2012 a las 10:15

Esta crisis que nos devora tiene elementos desesperantes y otros tremendamente alarmantes. Los desesperantes tienen que ver con la falta de expectativas de una gran parte de la ciudadanía, con las necesidades de decenas de miles de personas o con la ausencia de perspectiva de futuro de millones de trabajadores. Las alarmantes, que devienen directamente de las primeras, tienen más que ver con las consecuencias que la crisis está dejando en el subconsciente general español y europeo y con los riesgos que tan negro panorama puedan tener en el medio plazo.

Otra vez más hemos visto cómo la EPA ofrece el peor panorama posible de la economía española. Cientos de miles de personas han perdido sus empleos en el primer trimestre, aumenta peligrosamente la cifra de decenas de miles de hogares en los que ya no entra un euro ni una prestación, la economía sumergida emerge como única salida para evitar una fractura social y las empresas aligeran plantilla mientras los trabajadores se muestran incapaces de reaccionar. Ante esto, el Gobierno no tiene otra idea, en su devenir de zozobra permanente y obligada, que anunciar a la par que crece el paro que tendremos más impuestos, que no se creará empleo y que al menos quedan 4 años de penurias de máximo nivel.

Y crece la desesperanza. En España y en toda Europa. En Francia la extrema derecha obtiene los mejores resultados cobijada en el populismo que deviene de la desesperación. En nuestro país, las elecciones cada vez tienen menos votantes, los partidos se muestran incapaces de actuar más allá de sus personales y cada vez más bastardos intereses y la polarización crece al mismo ritmo que quienes nos dirigen y representan se muestran incapaces de alcanzar el mínimo acuerdo. La ciudadanía se desespera, las voces que hablan de tecnocracia, que denostan el sistema por escasamente representativo crecen, los electores de un color que odian a los del contrario son cada vez más numerosos y las voces sensatas guardan silencio porque están cansadas de predicar en el desierto y ser insultadas.

Dicen que ésta es la peor crisis desde la Gran Depresión.No sólo económica, que también, sino también política y de representación. Entonces, en los treinta del pasado siglo, la falta de miras de quienes debían tenerlas devino en regímenes horrendos y tragedias mundiales. Ahora, condenados a repetir la historia, los extremismos ganan terreno impulsados por nefastos dirigentes y ciudadanos desesperados. Aquella desesperación costó 50 millones de muertos. ¿Qué tiene que pasar en ésta para que quienes hemos elegido (unos y otros) se den cuenta de sus miserias? Vivimos una emergencia nacional, esperemos que no se convierta en una tragedia.

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