Bretón, la Justicia y el escalofrío

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de mayo de 2012 a las 18:53

 

El juez José Luis Rodríguez Lainz ha decretado esta mañana el procesamiento de José Bretón como presunto autor de dos delitos de detención ilegal, en la modalidad cualificada de menores y con el agravante de parentesco, y por simulación de delito. El juez ha decidido dar este paso justo la víspera de que se cumplan siete meses sin tener noticias de los pequeños Ruth y José Bretón Ortiz, a los que se vio por última vez el sábado 8 de octubre cuando salían de casa de sus abuelos. El padre de los pequeños mantiene desde ese día que los perdió en el parque Cruz Conde mientras jugaban y él se despistó. La investigación policial y la decisión del juez apuntan a que los hechos no ocurrieron así y José Bretón decidió, no se sabe cómo ni cuándo, hacer desaparecer a sus pequeños. Estos son los hechos puros y duros. Sin más aderezo que la frialdad que siente uno cuando los cuenta una letra detrás de otra.

 

 

Pero en estos siete meses ha habido mucho más. Ha habido imágenes que mostraban a un padre aparentemente frío ante la pérdida de sus pequeños. Hemos vivido el habitual trasiego de la información desde los inicios serios y respetuosos hasta el amarillismo vomitivo de los de siempre en busca del extremo más truculento y llamativo. Hemos asistido a la lucha de una madre que primero quiso  mantener su dolor en la intimidad hasta que terminó rompiendo  su odio e impotencia con una piedra contra una puerta harta de esperar una noticia que nunca se produce. Una madre que ha pasado de contar con que sus hijos estaban vivos a admitir públicamente ante la prisión en la que se encuentra su exmarido que éste es un monstruo, un asesino, que los ha matado y ha hecho desaparecer los cuerpos. Y, por último, nos ha dejado estupefactos un abogado que es capaz de defender que su cliente mienta “pues es el único en la causa que puede hacerlo”. Un letrado que ha jugado al gato y al ratón con según qué medios y que obviamente hace todo lo que puede para sacar a su defendido indemne de la cárcel.

Podríamos hablar del perfil que pintan de Bretón sus antiguos familiares, los presos que lo acompañan en Alcolea o los policías que lo interrogaron en los primeros días. Podríamos volver a arrojar dudas sobre una búsqueda policial que en siete meses no ha dado frutos y parece estancada una vez más. Podríamos dudar de si la familia Bretón sabe algo más de lo que dice, aunque ver a esos abuelos atosigados por exaltados no parece la mejor opción para que hablen. En fin, podríamos hacer tantas cosas…

Sin embargo, ahora que se cumplen siete meses sin Ruth y José sólo hay dos cosas que podemos decir con total propiedad. La primera es que los dos niños, a sus 6 y 2 años, continúan desaparecidos. Y la segunda, la más dura, es que el juez ya ha acusado formalmente a José Bretón de estar detrás de esa ausencia y de ser el responsable de la misma. Y, aun respetando la presunción de inocencia constitucional, esta acusación sostiene tal dureza tras la frialdad de sus términos que uno no puede por más que revolverse indignado. Ojalá todo sea un error, un juego macabro de venganza o la acción de unos desalmados. Ojalá sea así, porque de lo contrario a uno se le pasan tantas cosas por la cabeza que prefiere callarse aquí.