Los nuevos emigrantes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de junio de 2012 a las 10:07

Mientras los políticos son un problema para casi uno de cada cuatro ciudadanos –lo del paro y la economía por delante se da por descontado–, Córdoba comienza a recuperar imágenes de la España en blanco y negro a causa de la crisis. El paro se ceba con la provincia y ofrece en mayo unos datos de descenso mínimos, muy inferiores a los del año pasado, demostrando que el Mayo Festivo ya no es tan festivo como lo era antes. Ya no salimos tanto, nuestros vecinos de Despeñaperros arriba se mueven menos y gastan lo justo y nuestros Patios, Cruces y Feria, a pesar de estar llenos, han dejado de ser el maná divino que salvaba a no pocos hogares. Ante esto, ¿qué nos queda? El campo

Pero el campo ya no es el refugio del 2009, el 2010 o el 2011. Ya no hay sitio para más. Ya no vienen contingentes de extranjeros a recolectar nuestro vergel porque quienes en su día huyeron a la costa en busca de buenas nóminas en el ladrillo han retornado ahora a sus pueblos para buscarse el pan en los tajos del olivar, de la naranja, de la viña o del ajo. El retorno a lo primario. El saco a la espalda, las tijeras en la mano, las horas al sol a cambio de un jornal. El campo como refugio. Un campo en el que el exceso de oferta de mano de obra está llevando a rebajar salarios muy opor debajo de lo estipulado según denunciaba esta semana CCOO. Un campo que no da más de si. Un campo que recuerda a aquel de los 50 y los 60 porque, como en los 50 y los 60, se está convirtiendo en exportador. Exportador de productos y exportador de mano de obra.

Ya no van con las cosas en maletas de cartón ni con la cara de pobre que llevaban en las cintas de blanco y negro, pero cada vez más cordobeses, más jóvenes cordobeses, están viendo en el campo europeo la salida a sus miserias. Europa demanda ingenieros y arquitectos, pero también demanda jornaleros españoles. De esos sacrificados, que conocen su labor a la perfección y que dan un magnífico rendimiento. Y esta semana hemos sabido que desde Holanda, Suiza o Bélgica se pide que vayan españoles a recoger sus campos. Ya no es sólo la vendimia francesa. España amplía mercados y manda a sus trabajadores a recoger los huertos europeos. Hay que buscar comida. Hay que mantener a la familia. Hay que vivir.

España retorna al blanco y negro, a los trenes atestados y a las lágrimas en el andén. Esto es lo que ocurre de verdad en nuestros pueblos y ciudades. Allí no se habla de primas ni de sistemas financieros ni de bancos de España. Allí se habla de labrarse un futuro. Con las manos, con el lomo doblado. Como hicieran nuestros mayores. Vaya panorama.

Los comentarios están cerrados.