IU, el poder y la gloria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de junio de 2012 a las 10:54

Apenas un mes y medio de haber entrado a formar parte del Gobierno de Andalucía por primera vez en su historia, Izquierda Unida ya comienza a ofrecer signos de enfrentamiento y disensión interna más que alarmantes. Como la historia siempre se repite, en Córdoba ya casi no nos llama la atención que la coalición acabe viviendo en una doble personalidad perpetua en la que por un lado van quienes ocupan los cargos de responsabilidad en las instituciones públicas y, por otro, se sitúan aquellos que dirigen el partido en su esfera interna. Recordamos como si fuese ayer mismo el progresivo alejamiento que Rosa Aguilar y su equipo de gobierno pusieron en práctica durante sus diez años de mandato en Capitulares. Dicha separación llegó a provocar que la alcaldesa amenazase con dimitir justo antes de los comicios de 2007 si no se le dejaba hacer su lista y concluyó con Aguilar camino de Sevilla a una Consejería socialista y prácticamente todo su equipo laminado en la siguiente convocatoria electoral. Quién no recuerda los recados que durante años se estuvieron mandando la regidora y los diferentes coordinadores de IU a través de los titulares de los medios de comunicación.

Ahora, unos años después y tras obtener sus mejores resultados en unas autonómicas en décadas, los miembros de la coalición vuelven a vivir una situación similar. Las direcciones provinciales braman por el modo en el que Valderas y los suyos han ocupado los puestos de poder que IU ha rascado en la Junta y denuncian falta de democracia interna. Al mismo tiempo, las bases del partido, las que están tras el éxito de marzo, ven cómo sus representantes dan carta de naturaleza a un ajuste económico que ataca la línea de flotación del mensaje con el que la coalición se presentó a dichos comicios. Hasta tal punto llega el enfrentamiento que mientras Valderas y los consejeros de Obras Públicas y Turismo avalan un recorte de 777 millones de euros en el Consejo de Gobierno –mucho me temo que la negociación de ahora no es más que un paripé– los coordinadores de la coalición en todas las provincias han solicitado a su grupo parlamentario que se posicione en contra del plan en la votación en Las Cinco Llagas.

Así es Izquierda Unida, una formación que cuando pasa a dar trigo tras predicar en el desierto se ve inmersa en las contradicciones más evidentes. Un partido, en definitiva, en el que nunca quedan claros los inicios y los finales de las luchas fratricidas. Un partido en el que no pocos de quienes criticaban determinados comportamientos y formas de actuar en la oposición viran considerablemente cuando tocan el poder y la gloria. ¿Cuánto aguantarán?

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