IU, entre predicar y dar trigo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de julio de 2012 a las 10:00

“Muy difícil, muy difícil”. Con esta claridad expresó el exalcalde de Puente Genil y parlamentario andaluz Manuel Baena la relación entre su partido y el PSOE en estos cuatro próximos años. Baena fue uno de los tres diputados de IU que no refrendó el miércoles el plan de recortes aprobado por el Gobierno andaluz que tiene en pie de guerra a los trabajadores dela Sanidadola Educaciónde la comunidad. En el primer asunto de enjundia que tenía que respaldar la coalición surgida de las urnas el 25 de marzo, el 25% del grupo parlamentario de IU se desmarcaba de las directrices impuestas por su dirección política y, si bien no impedía que las medidas salieran adelante, sí que ponía sobre la mesa el abismo que separa lo prometido de lo hecho por el socio más a la izquierda del Ejecutivo andaluz. Tal es esa distancia que José Manuel Sánchez Gordillo, el peculiar alcalde de Marinaleda, afirmaba ese mismo día que “IU perdería la mitad de sus votos si hubiera elecciones anticipadas ahora”.

 

El partido que lidera Diego Valderas está ante el espejo. En apenas tres meses de cogobierno, IU ya le ha visto la cara más desagradable a la gestión. Para muchos es cómplice de unos ajustes que tienen en pie de guerra a los médicos andaluces y que en Córdoba puede provocar el bloqueo del Reina Sofía si los facultativos hacen todo aquello que dicen que van a hacer. En este tiempo, además, la coalición se ha visto absorbida por los ritmos y el paso que le marcaba su socio socialista. Dos meses después de alcanzar el Gobierno, IU ve cómo tiene que amenazar con nombrar por su cuenta a sus representantes en las provincias porque el proceso congresual que debe mantener a Griñán en su cargo ha hecho al PSOE demorar sus caras en busca de mantener sus equilibrios internos. Al mismo tiempo, estos nombramientos son una nueva prueba de fuego para Valderas, acusado desde Córdoba y Sevilla de saltarse los procedimientos internos de su propio partido,  de imponer nombres y rostros en las consejerías sin tener en cuenta a sus ejecutivas provinciales y de haber promovido un nepotismo en sus primeras decisiones que poco tiene en común con el mérito y capacidad que siempre ha defendido desde la oposición. Por último, el sainete en el que amenaza convertirse la comisión de los ERE, limitada a tres meses de investigación, y además los de verano, puede pasarle una importante factura a IU.

 

Y, todo esto ¿podrá con el cogobierno? Si la coalición no logra imponer un mínimo de sus criterios en los próximos presupuestos y la realidad tozuda de la crisis vence al idealismo un tanto cándido de la federación no creo yo que dure demasiado la cosa. IU sufre la misma medicina que le aplicó ella al PSOE cuando eran socios en Córdoba: lo bueno que hacen se lo queda el otro y de lo malo los dos son culpables. En esa situación los equilibrios internos entre los chicos de Valderas pueden saltar por los aires en nada de tiempo y abocar a un adelanto electoral. Un adelanto que, por cierto, no creo que Griñán mire con malos ojos ante el desgaste del PP en Madrid y la refundación que debe afrontar el partido con la salida de Arenas y su sustitución por Zoido. Veremos qué pasa. Es la diferencia entre predicar y dar trigo.

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