Un circo en Capitulares

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de febrero de 2013 a las 9:40

Si no fuera porque han florecido los trajes de chaqueta cofrades por las calles, pensaría que todavía estamos en Carnaval. Y si no fuera porque lo que suena ahora en la calle son marchas procesionales creería que lo vivido esta semana en el Ayuntamiento de Córdoba era parte del popurrí o la parodia de un cuarteto obra de la avezada y ácida pluma de algún autor carnavalesco. Pero, lamentablemente, no es así. Lo vivido esta semana en el Ayuntamiento de Córdoba ya no es un homenaje a don Carnal, más bien es una pantomima en toda regla que habremos de purgar durante estos días de ayuno y abstinencia.

Entre el miércoles y el jueves hemos vuelto a comprobar que en Capitulares existen inhibidores de frecuencia que no sólo bloquean las señales de los teléfonos móviles, sino que también causan interferencias cerebrales en algunos de nuestros concejales. Porque de otro modo cuesta entender que a un hombre como Rafael Gómez se le siga permitiendo expresarse a gritos y en lenguaje patibulario en un lugar en el que se defiende la soberanía popular. Sus voces, imprecaciones y gestos aturullados en el pleno del miércoles retratan a un hombre sin más discurso que el de construir pisos, saltarse la ley y no responder más que ante Dios de sus hechos. Una vergüenza ante la que al fin parece que hay unanimidad para trasladar al fiscal la sarta de acusaciones vertidas en tan serio edificio por quien hace unos años fuera uno de los empresarios más respetados de la ciudad. Va siendo hora de poner a este hombre en su sitio, de exigirle que demuestre lo que dice y de reclamarle de una vez la compostura propia de quien representa a 25.000 cordobeses.

Como hay que exigirle compostura a la oposición a la hora de cumplir sus obligaciones. Su pantomima de plante en el pleno extraordinario del jueves para tratar –por enésima vez– la liquidación dela Davises sencillamente impresentable. Y lo es porque no se puede decir que no llegó la convocatoria cuando todos los medios habían publicado que había pleno; y lo es porque no se puede decir que el día después de una sesión se llega más tarde a trabajar –algo que insulta a los demás trabajadores–, y, en definitiva, lo es porque no uno no está en Capitulares para defender intereses personales sino colectivos. Es cierto que el equipo de gobierno se marcó una chulería bastante impropia con tan veloz convocatoria, pero ante esto se reacciona como un hombre serio, yendo y expresando el malestar donde debe hacerse. Con luz y taquígrafos, con actas. Y luego, si uno quiere, se va.

El Ayuntamiento se está convirtiendo en lo más parecido a una ópera bufa. Las querellas, insultos y faltas de respeto se mezclan con infantiles debates sobre el uso de las redes sociales en los que se pierden horas inútilmente. (Sonroja ver a hombres hechos y derechos actuar en twitter). En una sociedad en la que los ciudadanos denuncian lejanía y falta de representación, lo que estamos viviendo en el Consistorio no es de recibo. La ciudad quiere más soluciones y menos peleas de cara a la galería. Un gobierno que actúe, decida y ejecute y una oposición que trabaje y plantee alternativas. Lo que no quiere nadie es un circo.

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