Dar la cara

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de abril de 2013 a las 9:46

Cuando la gente lo está pasando mal, hay que tomar medidas difíciles y hay que pedir confianza si los resultados tardan en llegar, lo más importante que tiene que hacer un responsable político es dar la cara y estar con la gente”. Quien así hablaba el viernes era el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y exalcalde de Vitoria, Alfonso Alonso. La afirmación, clara y contundente, no puede estar menos cargada de razón a la vez que es obvia en un sistema democrático en el que se supone que los representantes políticos del pueblo está ahí para darle explicaciones precisamente al pueblo. Pero vivimos tiempos en los que dar explicaciones está mal visto y los periodistas ya casi nos hemos acostumbrado a ruedas de prensa sin preguntas. Ya casi ni alteramos el gesto cuando se nos falta al respeto al actuar de esa manera y, sobre todo, se ignora a una sociedad que lo que demanda con avidez hoy en día son explicaciones. Estoy de acuerdo con Alonso, hace falta que los políticos den la cara, hablen claro, expliquen las cosas como son y ofrezcan sus soluciones con determinación y diligencia. No podemos enterarnos de que las cosas van a cambiar por entrevistas en medios internacionales o cuando el presidente del Gobierno se va de viaje al exterior. No es esa la manera de salir hacia adelante y generar confianza.

Claro que eso de dar la cara tiene una segunda derivada. Hay que dar la cara con las propuestas que se hacen y con argumentos en condiciones. Dar la cara no es sentarse a soltar un rollo de difícil cumplimiento o viabilidad ante los informadores. Dar la cara es asumir también los errores que se han cometido en el pasado cuando se ha estado gobernando. Hay veces en las que uno escucha, en esta ciudad y en otras muchas, tal sarta de majaderías que ya no sabe como aguantarse. El personal está cansado y aburrido de debates eternos y de escasa utilidad, de retruécanos y trucos verbales para camuflar la realidad. Dice el refrán que es mejor ponerse una vez rojo que ciento amarillo y a eso deberían dedicarse quienes dirigen las diferentes y pobladas administraciones de este país, comunidad autónoma, provincia o Ayuntamiento.

Dar la cara es intentar decirle a los 6 millones de parados qué pasa con lo suyo; admitir que el debate sobre el centro de congresos de Córdoba no le interesa más que a cuatro; asumir que hasta que esto reventó todos los que tenían un cargo o carguillo vivieron muy por encima de sus posibilidades; asumir que en la clase dirigente que sufre España hay una falta de formación y contacto con la realidad que da pánico; pedir perdón cuando las decisiones que se toman no salen como se esperaba y se estropean…. Dar la cara es demostrar que no se está por encima de la gente que te vota; porque no hay nada más cruel en esta vida que perder la posición y volver a descubrir que uno no es más que nadie por muchos cargos que haya ocupado. Dar la cara es la forma en la que gobiernan los políticos de verdad. A los otros es posible que algún día alguien les parta la cara para comprobar cómo la tienen de dura.

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