Debates estériles

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de agosto de 2013 a las 7:16

Regresa uno de las vacaciones y se encuentra con una sensación de vacío presidiendo la ciudad. Vacío porque anda aún casi toda Córdoba alternando ese magnífico trinomio que es la playa/piscina-siesta-playa/piscina y caminar por las calles hacia la redacción por la tarde es hacerlo en un erial en el que lo más destacable es que hace un calor como para freír huevos en el pavimento. Vacío también porque a medida que se avanza por Cruz Conde y aledaños tiene uno la impresión de que han cerrado más tiendas de las que ya lo habían hecho antes del parón agosteño y que el panorama de escaparates vacíos, carteles de se vende o se alquila y la visión de interiores destartalados y llenos de polvo se ha incrementado. Y vacío porque, una vez más, Córdoba vuelve a someterse a los debates estériles de infraestructuras vacuas que o bien sólo existen en los planos o están abiertas para observar cómo las moscas transitan a su alrededor.

En este mesecito en el que servidor se ha dedicado a cultivar el pelo largo, la barba sin afeitar y una prominente curva de la felicidad, aquellos que se supone que mandan o quieren mandar en el Califato han vuelto a darle vueltas a los temas de siempre. En argot taurino se diría que se han encelado y no hay manera de sacarles del caballo. Así, una vez más, hemos oído hablar del centro de congresos y convenciones que Nieto y sus muchachos quieren poner en el Parque Joyero; nos hemos sorprendido con sesudos debates sobre quién debe pagar el asfaltado y urbanización de ese mausoleo que la Junta ha puesto para presidir Miraflores y que responde al llamativo nombre de C4, o, más novedoso todavía, hemos escuchado reproches múltiples sobre quién ha hecho menos por conseguir que aterricen en el aeropuerto de Córdoba algo más que las moscas que la habitan en estos meses de canícula. Como se ve, debates todos estos llenos de novedad, impulso de futuro e interés ciudadano.

A uno, que durante las vacaciones tiene la fea costumbre de pensar un poco en lo hecho y en lo que va a hacer –lo sé, no se me enfaden, en vacaciones lo que hay que hacer es engordar como un gato capón– le ha dado por barruntar que quizás la culpa de todo esto es nuestra. Me explico, de los medios. Porque quizás somos nosotros los que hacemos que nuestros ediles, delegados, diputados, parlamentarios y medio pensionistas se acomoden en discursos fáciles, aprendidos de memoria y que no requieren la más mínima preparación. Quizás somos nosotros los culpables al no pararnos delante de ellos a decirles que todo eso se la trae al pairo (con perdón) a la gran mayoría de los ciudadanos. Quizás somos nosotros los culpables de no examinar con mayor profundidad los hechos del Ayuntamiento y las propuestas –si es que existen– de la oposición. Porque lo cierto es que volver de vacaciones y encontrarse este erial da hasta penita.

Menos mal que se nos ha quemado el puente del Arenal –con perdón, otra vez–, que con ello hemos descubierto un nuevo elemento de debate y algo sobre lo que hablar durante bastantes meses. Y si no se lo creen esperen ustedes unas semanas. La de teóricos de las infraestructuras que se van a encontrar. Qué dolor.

Los comentarios están cerrados.