IU y el falso Robin Hood

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de septiembre de 2013 a las 8:45

Vivimos una época convulsa en la que la crisis –económica, política, ideológica…– que padecemos tiene absolutamente desnortada a nuestra sociedad. El duro choque con la realidad, la constatación de que vivimos una especie de segunda revolución industrial en la que las horas de trabajo –quien lo tenga– vuelven a primar sobre los ceros de la cuenta y el miedo a perder lo que tenemos nos bloquea y lleva a aceptar cosas que hasta ahora jamás habríamos consentido. Es la vida, es la realidad que nos toca aceptar. En este cambio de situación y valores hay cada vez mas personas que se están quedando al margen de lo que se llama sociedad del bienestar. Crecen los casos de exclusión social, se disparan las peticiones de asistencia a las instituciones y ONG y se instala cierta sensación de desvalimiento general entre la ciudadanía. El Banco de Alimentos no da abasto, las colectas se suceden y las parroquias e instituciones de caridad ligadas a la Iglesia admiten récords históricos de solicitudes de ayuda.

errol_flynn_robin_hoodEn esta situación, aparecen los nuevos Robin Hood; los hombres buenos que roban a los ricos para dárselo a los pobres, los desinteresados defensores de las causas perdidas. El SAT asalta un supermercado en Sevilla para llevarse diez carritos de material escolar con los que surtir los famélicos pupitres de quienes no pueden comprar bolis, lápices, cuadernos y rotuladores. Todo muy solidario, muy reivindicativo, muy novelesco, muy bonito. Diego Cañamero, ese Sancho Panza particular que tiene el sempiterno Sánchez Gordillo, amenaza con una nueva etapa acciones reivindicativas en defensa de los más desfavorecidos y para ello no duda en pasarse nuevamente la ley por el arco del triunfo si es necesario. Mientras, IU, con esa capacidad innata que tiene para meterse en charcos, aplaude la decisión como forma de “abrir un nuevo debate sobre la exclusión social”, dice su flamante coordinador Antonio Maíllo. Todo vale para repartir pan entre los famélicos andaluces. La coalición es también gobierno, pero cuando toca discurso fácil y populista deja la corbata y el coche oficial aparcados y se pone el pañuelo palestino. No vaya a ser que perdamos el sitio, deben pensar. No vaya a ser que parezcamos unos burgueses también los fines de semana. Cosas de la doble moral.

Por si no se han dado cuenta, vivimos en una sociedad de derecho. Eso quiere decir que hay leyes y normas que cumplir; que nadie puede ir a casa del vecino y expropiarle sus cosas por la cara. Que alguien que gobierna no lo puede aplaudir y, muchos menos avalar. La acción del SAT de Cañamero tiene mucho menos de solidario que de búsqueda de foco. Mucho menos de inocente estrategia de redistribución que de elemento de propaganda al servicio de unos fines concretos. Y, sobre todo, la acción de Cañamero y los suyos supone es un desafío a la ley y a la convivencia. Un reto al modelo que nos hemos dado. Por eso, las palabras de Maíllo arropándolo son un error de cálculo más efectista que razonado, un magnífico momento perdido para demostrar lo valioso que es el silencio. Que para Robin Hood ya estaba Errol Flynn, que además era mas guapo.

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