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Discursos sobre el paro

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de enero de 2014 a las 11:05

Las Navidades son ocasión para compartir momentos, charlar con familiares y amigos, hacer balance y analizar la perspectiva del año que entra. En esos ratos de conversación, este año, como en los últimos cinco o seis, el tema estrella ha sido la crisis y, dentro de ella, el empleo. No creo que a nadie le haya faltado la pregunta del amigo o familiar sobre qué tal le iba la cosa, sobre cómo ve el futuro y sobre si en su trabajo le han recortado el sueldo, las pagas extra o la jornada laboral. Todo ello para quienes mantienen su empleo, que otros lo que han contado es la de tiempo que llevan esperando poder incorporarse a cualquier sitio y cómo el cansancio de la espera les va minando. 

Viene todo esto por las reacciones que el viernes pudimos escuchar después de conocer la bajada del paro en diciembre. La mejor cifra de la serie histórica arroja cierta esperanza en que esto pueda empezar a moverse y se atisbe en el horizonte la luz que durante muchos meses no se ha visto por ningún lado. Cierto es que el PP no debe lanzar las campanas al vuelo, ha de esperar el efecto rebote que en enero se produce con el fin de la campaña navideña y tiene que admitir que el empleo que se está generando es de peor calidad, menos estable y, sobre todo, menos retribuido que el que hace poco más de un lustro se generaba en este país. No es momento aún para cantar victoria y la prudencia manda que aquellos que ya creen que esto va a despegar imparable permanezcan silenciosos en sus asientos. 

Sin embargo, es cierto que hay más de 107.000 personas en España -más de 6.000 en Córdoba- que respiran en este 2014 mejor que en el pasado 13 y ésa es una cifra innegable. Es por ello que llaman la atención los discursos catastrofistas que se quieren lanzar desde algunos foros de la oposición. Si los sindicatos han comprendido que el mensaje es que la cosa va mejor pero con matices, el discurso del PSOE señalando que los datos camuflan oscuras realidades, que en el fondo no son buenos y que hace mal quien los celebra no llego a entenderlo. Es cierto que ha crecido la emigración, tanto como que se han ido extranjeros de este país, pero no lo es menos que un número importante de personas han conseguido trabajo y tiene ya para llevar el pan a casa. La estrategia socialista prefiere ignorar ese hecho y se centra en continuar mandando mensajes en negativo a una sociedad que está harta de oscuridad, que ansía tener buenas noticias y que cada vez que escucha a alguien del PSOE hablar de empleo recuerda a Zapatero. 

Es cierto que hay que llamar la atención sobre la precarización innegable del mercado laboral, pero de ahí a seguir empeñados en pintarlo todo de negro va un mundo. Y no parece, según señalan las encuestas, que a los socialistas les esté yendo muy bien con esa estrategia. Caminan por la peor senda de voto de su historia, directos a engrosar ellos mismos las listas del Inem, incapaces de comprender que los ciudadanos reclaman soluciones, propuestas y mensajes positivos. No es que se pida un optimismo infantil, lo que se demanda es la aportación de elementos para el futuro. Que llevamos demasiados años vestidos de luto y va siendo hora de ponerse algo de color encima.

 

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