Córdoba apetece

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de febrero de 2014 a las 10:27

“Córdoba debe vivir del turismo”. “Si queremos tener futuro debemos potenciar los valores patrimoniales, culturales y gastronómicos de Córdoba para crecer”. “Hay que aprovechar al máximo la espléndida situación geográfica de Córdoba para atraer a los turistas a la ciudad y la provincia”. Estas son solo tres de las afirmaciones que uno lleva años y años escuchando en todos los foros, debates, campañas electorales y encuentros de medio pelo en los que ha participado y en los que se ha hablado sobre la relevancia que el sector servicios tiene en la economía provincial. Posiblemente, este sea el tema más manido y trillado de la actualidad -salvado sea con perdón el mausoleo del centro de congresos en sus diversos proyectos- y, como tantos otros en nuestra ciudad, el que menos ha avanzado en los últimos tiempos.

Córdoba se caracteriza por la capacidad que tiene de generar conciliábulos en los que se despelleja a todo Quisque y se aporta poco. Una característica que se completa con la capacidad para crear asociaciones u organizaciones en las que lo primero es la cuota y el capítulo uno y después, ya si hay ganas, se habla de todo lo demás. Eso sí, sin tampoco volvernos locos ni embarcarnos en grandes aventuras que eso de doblar la raspa más de lo estrictamente necesario está feo. Y así nos va.

Por todos estos motivos, el nacimiento de Córdoba Apetece surge en el horizonte como un soplo de aire fresco. Y no porque nazca de las cenizas de la boqueante Hostecor, víctima esta de sus contradicciones, miopías y falta de ambiciones, sino porque lo hace de la mano de empresarios jóvenes, de emprendedores que en tiempos de penuria económica han tenido el valor de crear negocios, de incrementarlos o de diversificarlos. Son estos empresarios los que le hacen falta a la ciudad. Los que miran al futuro con otros ojos, los que están innovando en un sector tradicional, los que tienen claro que al turista hay que traerlo en parihuela si hace falta, darle bien de comer, ofrecerle una buena visita guiada a la ciudad, ponerle un hotel al alcance de su bolsillo e invitarle a una copa por la noche para que se quede y gaste más y mejor. Son estos emprendedores los que más claro tienen qué hacer, quizás porque su edad les impone mirar al futuro de otra manera sabedores de que a este paso la jubilación será el lujo de muy pocos.

Por todo ello, Córdoba Apetece suena bien e invita al optimismo. Ahora sólo cabe esperar que no acabe fagocitada por las envidias palaciegas, los enfrentamientos miopes, los bastardos intereses políticos y, sobre todo, por la envidia y la parálisis que tanto daño le ha hecho a esta ciudad. El futuro de Córdoba ha de ser joven. La sociedad del siglo XXI exige nuevas formas, revoluciones que surjan desde el respeto y el reconocimiento a lo que otros hicieron antes. En éste y otros muchos ámbitos. Así que bienvenidos sean estos osados. Que la fuerza les acompañe.

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