Desde la Ribera » Archivo » Deber de ejemplaridad

Deber de ejemplaridad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de marzo de 2014 a las 9:01

Si hay algo que esta puñetera crisis ha dejado claro es que el personal está más que harto de los excesos de los que mandan. Han sido tantos y tantos los que han tenido que pagar los platos rotos por otros que a la gente normal se le ha calentado sobremanera la cabeza y no pasa ni media. En otros tiempos, en los de la bonanza, el complejo de ricos y los años del dulce ladrillo todo se permitía. No había casi nada que no se pudiera hacer porque todo el mundo pensaba que eso que estaba haciendo el de al lado llegaría el momento en el que él también lo podría hacer. Es más, hubo incluso quien se adelantó a esa posibilidad y se subió en un tren de l que ha bajado no por descarrilamiento sino por empellón del revisor. Fueron los felices años 90 y 2000, una época en la que todo fue posible.

Hoy todo eso ha cambiado y no es que ya no se pueda hacer nada, es que además no se pasa ni media de lo que se pueda considerar un exceso realizado gracias a los beneficios que otorga la poltrona que uno ocupe. Esta semana este periódico ha venido publicando diversas informaciones que apuntan a que el presidente de la Cámara de Comercio, Ignacio Fernández de Mesa, podría haberse valido de su situación para favorecer en el transcurso de su labor a su familia y para realizar determinados gastos que son, cuando menos, discutibles. No habla esta cabecera de que se hayan cometido irregularidades, no. De lo que habla esta cabecera es de que ha habido cartas, cursos, taxis, cenas o barcos que se han disfrutado sin que haya habido previo pago. Y eso no está bonito, además de oler a cutre e innecesario. No cuando al tiempo se procede a reducciones salariales o recortes de plantilla.

Esta semana he escuchado a muchos decirme que lo que estaba denunciando el Día era el chocolate del loro, que incluso se puede justificar todo como gastos de representación, que los importes son irrisorios o que no es nada que no se haya visto ya. Personalmente, no sé si me escandaliza más el hecho en sí o la justificación de tantos como he escuchado. Quizás ambas cosas, quizás más la segunda que la primera. Quienes así hablan creo que olvidan que cada uno puede hacer con lo suyo lo que quiera, pero que con lo que te han dado para gestionar no se puede jugar. Es más, muchos de ellos seguro que en sus empresas ni se atreverían a decir lo que servidor ha escuchado.

En tiempos como los actuales, la gente, usted o yo, lo único que queremos de quienes ocupan cargos públicos –y la Cámara es una corporación de derecho público que se financia de lo que le dan o daban sus asociados– es que ya que muchos no cumplen los deberes que tienen consignados por lo menos que cumplan el deber de ejemplaridad que se requiere a cualquier servidor público. Este país sufre un profundo cáncer que le lleva a justificar todo cuanto unos hacen por complejos, miedos y subdesarrollos. Algunos consideramos que en el ejemplo debe radicar la acción pública o privada y tenemos la sana costumbre de abonar nuestras cosas. Debemos ser muy raros. O quizás seamos gilipollas.

  • felipe

    Lo que ocurre es que hay muchos que harían lo mismo o más, porque este es un país sin cultura suficiente para entender lo que dices en tus líneas sobre la responsabilidad de administrar lo que no es de uno.

    También muchos de esos muchos tramposos en potencia han hecho alguna trampa y por eso les conviene que se tape todo.