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El lío de Nieto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2014 a las 11:19

No tengo muy claro el por qué de los continuos problemas que tiene el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, con los grandes proyectos urbanísticos para la ciudad. Le está ocurriendo casi lo mismo que a sus antecesores, así que debo empezar a creerme que el síndrome de la bombonera –dícese de la zona que ocupa su despacho oficial en Capitulares– se ceba sobre los moradores del sillón regio municipal. Porque lo cierto es que no hay manera de que nada salga bien.

Primero fue el centro de congresos y convenciones –ahora rebautizado palacio de ferias– el que se presentó a bombo y platillo en un acto en el que se dijo que sólo faltaban unos flecos para empezar a trabajar. Eran los tiempos del arenismo militante y la euforia que embebía a los populares ante el que se creía inminente acceso al palacio de San Telmo hacía verlo todo de color de rosa. Luego vino el palo electoral y lo que tendría que haber sido un lugar con las obras hoy día muy avanzadas, permanece siendo un pabellón sin uso a la espera de los albañiles.

Después vino lo del mercado en el cine Andalucía. Anuncio sorpresa del regidor, Nieto se plantaba ante la ciudad con 6 millones de eurazos para hacer una moderna plaza de abastos que sirviese de revulsivo a una zona que languidece. La única condición del regidor era que lo apoyasen los placeros de la Corredera. Y, como era de prever, estos no lo hicieron. Debe ser que nadie le explicó al regidor cómo funciona en esta ciudad cualquier tipo de asociacionismo.

Y ahora toca la Biblioteca del Estado de los Jardines de los Patos. Cuando nadie se acordaba de ella y el proyecto vivía el sueño eterno, el Ministerio de Cultura –imbatible el amigo Wert– saca a licitación la obra, le pone precio y plazos y deja a todos pasmados. Tan pasmados que hasta el alcalde anda ahora porfiando del proyecto y pidiendo que se lo lleven al solar de Miraflores, que anda triste y cariacontecido después de que el Palacio del Sur –el gran homenaje a la maqueta– feneciera víctima de la inanición. Tan triste está el lugar que al alcalde se le ha ocurrido llevarse allí la biblioteca, como si los solares fueran iguales y los proyectos asimilables.

Así que llegamos hasta aquí con un proyecto soñado que no es (por ahora), otro prometido que no fue (por los comerciantes) y otro posible que no se quiere que sea, aunque –en otro homenaje de esta ciudad a la herencia del gran Marx (Groucho)– si tiene que ser será. Un lío. Y uno se pregunta si realmente es todo tan difícil. Si es tan complicado pararse a pensar que quizás no es el momento para dejar tantos millones en el Parque Joyero, o si quizás no es hora de gobernar y hacer en el cine Andalucía algo sin miedo al qué dirán (o harán) los demás, o si ponerle pegas a un proyecto de 13 millones que generará empleo no es más bien una pataleta un tanto irresponsable que una postura sensata y razonada.

Lo dicho, un lío. Estoy que no me aclaro. Será que la alergia me tiene más alelado que de costumbre.

 

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