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El espíritu de la Capitalidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de septiembre de 2014 a las 19:33

Juan Miguel Moreno Calderón tiene en su haber ser tenido como un hombre de diálogo, cordial y sensato con el que se puede hablar y llegar a acuerdos. Así lo ha demostrado a la lo largo de su carrera profesional y así lo ha evidenciado en estos tres años que lleva como edil de Cultura. En este tiempo es el único concejal del equipo de gobierno del que no se ha escuchado una mala palabra y el único que ha sido capaz de lograr consensos con la oposición. Es más, con una delegación mermada económicamente, ha sido capaz de mantener e incrementar incluso la programación cultural logrando el reconocimiento de todos. Ahora, Moreno Calderón presenta una iniciativa que no debería caer en saco roto: la de recuperar para la cultura el clima fraternal que se generó alrededor del sueño de la Capitalidad y articular así una agenda cultural única en el que todas las administraciones y actores implicados trabajen en la misma dirección. Buena idea ésta que demuestra altura de miras y capacidad de estar por encima de las rencillas de patio de colegio. (Lo que no sabemos es si le traerá dolores de cabeza dentro de su propia casa).

La iniciativa del concejal de Cultura, sin embargo, se puede antojar hasta algo escasa ya que lo que esta ciudad necesita es recuperar el espíritu del 2016, su imagen de unidad, en muchas más cosas que sólo en la agenda cultural. Córdoba padece, sobre todo, un atosigante dato de desempleo que tiene a unas 95.000 personas en el paro en la provincia, la mitad de ellas en la capital. Córdoba sufre una lamentable parálisis en todos sus grandes proyectos, frenados por la incapacidad de muchos y el cortoplacismo de otros tantos. Y el de la Cultura es sólo uno de los puntos en los que es necesario el consenso.

Si algo han demostrado los últimos sondeos electorales y las pasadas europeas es que la ciudadanía está harta de lo que ha habido hasta ahora, del egoísmo partidista, del tacticismo electoral y de la sumisión del bien común a los intereses de uno u otro grupo de poder. Existe en la calle una necesidad de articular nuevas fórmulas que sirvan para algo y que vayan más allá de los tradicionales discursos del victimismo o del “y tú más” que tanto se dan entre nuestros dirigentes políticos. El fenómeno Podemos -con todas las sombras y dudas que pueda suscitar- va camino de convertirse en el catalizador de ese hartazgo y a ese paso no sería de extrañar su irrupción en el panorama municipal.

Sin embargo, eso es lo de menos. Lo de más es que Córdoba necesita de ese espíritu de consenso al que aludía esta semana Moreno Calderón. Necesitamos dirigentes que antepongan lo que a usted o a mí nos preocupa para nuestros hijos al mero cálculo electoral o a los sueños de grandeza individuales.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que todos remamos juntos para lograr un objetivo. Esperemos que no haya un futuro cercano en el que no existan ni objetivos por los que luchar unidos. Así de mal estamos.

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