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El campo y la cuestión de Estado

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de febrero de 2015 a las 8:06

Dice la sabiduría popular que el fútbol “es un deporte en el que juegan once contra once y al final siempre gana Alemania” –hasta que llegó la España triunfal, claro–. Adaptado al imaginario cordobés podemos decir que el fútbol es un deporte en el que el equipo blanquiverde lucha por mantenerse en Primera mientras su futuro se decide en las páginas de política de los periódicos locales. Acabáramos. A falta de debates absurdos en esta ciudad, ahora les ha dado por el fútbol.

saboA decir verdad, la relación del CCF con su ciudad ha sido siempre muy extraña en el ámbito administrativo. Mientras miles de locos seguían yendo a pasar frío a El Arcángel en los gélidos años de la Segunda B, en los despachos poderosos de esta ciudad se hacía y deshacía su futuro y su propiedad como si se tratase de un elemento más de la contienda política. Famosas son las mediaciones de Rosa Aguilar por encontrar a alguien que pusiera manteca para mantener al club y que este no se fuera más abajo de donde ya estaba. En su condición de saco de todos los golpes, el Córdoba acabó por convertirse en una suerte de elemento extraño al que seguían unos muchos fieles y del que pasaban otros muchos infieles. Hasta que llegamos a Primera y la fiebre blanquiverde ha tomado al asalto cada rincón y cada casa de la ciudad. Y todo ello a pesar de un presidente empeñado en pelearse con todo aquel que ose mencionar el nombre de “su” club en vano. Lo cierto es que es curioso que este hombre, que cumplió su palabra de llevar al equipo a la Liga de las Estrellas en tres años, no haya logrado calar más entre afición y medio ambiente cordobés…

En fin, a lo que íbamos. En la ciudad de los debates estériles, esta semana ha sido protagonista el sabotaje de un campo de fútbol y la construcción de una pradera deportiva. De cachondeo si no fuera porque detrás de eso está la ilusión de miles de personas. Consciente de ello, el alcalde se ha comido un sapo y ha cerrado filas con González –sí, el mismo que le llamó culé– para defender que urge una ciudad deportiva en condiciones para que el equipo se entrene y se salve. Entre uno y otro han tratado de llevar la presión ciudadana sobre la oposición con la ilusa esperanza de que esta cediera ante el interés futbolístico local y levantara un poco la mano en su presión hacia el equipo de gobierno. Vano intento, toda vez que la oposición que tiene enfrente Nieto cuenta con fecha de caducidad y a los ediles actuales –a la mayoría– les da ya igual lo que les puedan decir. Así que, alcalde, cordobeses, de ciudad deportiva exprés, nada de nada.

ciudadConvertido un césped en asunto de Estado (que así estará el Estado), el regidor ha dicho al final que va a hacer lo que le dé la gana y que si la cosa se pone fea el campo será “pa los cordobeses” y punto. Que digo yo que para llegar a esa conclusión nos podíamos haber ahorrado el viaje (y los camiones sin dueño).

Y mientras perdemos el tiempo en estas bagatelas, Córdoba sigue llena de parados y falta de soluciones. Desde el gobierno y desde la oposición. Pero claro, eso debe ser menos importante que un balón de fútbol y una pradera de césped.

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