Desde la Ribera » Archivo » La importancia de la lista

La importancia de la lista

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de mayo de 2015 a las 7:08

En unas elecciones municipales, lo importante no es que quien vaya en la lista sume sino que no reste”. Esta afirmación la he escuchado más de una vez en boca de veteranos políticos e informadores del área cada vez que se sentaban a valorar las candidaturas con las que los partidos concurren a las urnas. En unas municipales, sobre todo, lo más importante es el cabeza de lista. Son comicios en los que se mira mucho la cara que va en el cartel y cuenta enormemente la confianza que el ciudadano pueda obtener de ella. Pero eso no significa que no haya que tener en cuenta al resto de la candidatura.

No es que se trate de buscar fichajes de relumbrón, que hay quien lo intenta, sino de tratar de que los 28 que van con el líder no den el cante. Si, de paso, sirven para atraer sufragios que se habían perdido o andan en el alero, miel sobre hojuelas. Sonados son los casos en los que los partidos apuestan por nombres que creen que darán juego y se encuentran de frente con auténticos fiascos. Los hemos visto en Córdoba en todas las formaciones, desde las grandes hasta las más pequeñas. Personas que quien eligió creía que serían un pelotazo y han acabado siendo una bomba de relojería, bien por sus declaraciones, bien por sus actos. Le pasó a Nieto con Casado Raigón, a Ocaña con Rosa Candelario, a Mellado consigo mismo, al PA con Antonio Manuel Rodríguez y a tantos y tantos otros.

Ser aspirante a concejal es tener presente, lo primero, que se ha situado uno en el centro de todas las miradas, que ha perdido gran parte de su intimidad y sus costumbres sociales privadas y que hay que aceptar sin rechistar lo que deciden el partido y sus estrategas para ti.

En esta campaña, es cierto que salvo escasas excepciones centradas casi todas en el PP, los candidatos se han embarcado en una lucha muy personal en la que sus equipos no han tenido casi nada que rascar hasta el momento. Error también, porque el ciudadano no es tonto y si ve que los que acompañan al candidato que pensaba votar pintan menos que él comienza a meditar mucho su voto. Lo dicho, que la lista no da votos, pero no saber gestionarla o dejarla en una esquina bien que puede quitarlos.

Los comentarios están cerrados.