El último día

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de mayo de 2015 a las 6:10

Quedan horas, pocas, para que los candidatos pidan el voto para sus siglas en las elecciones municipales de pasado mañana. Ya no hay ni apretón final, sino mirada a la Feria que empieza esta noche y que durante unas horas nos permitirá abstraer la mente de estos meses electorales y dedicarse –los que puedan– a disfrutar un rato de la fiesta y los amigos sin tener que escuchar a unos y otros decir lo buenos que son, los proyectos que tienen y los mal que creen que van a hacerlo los demás si llegan a ganar. El pescado está vendido y lo de la jornada de hoy solo servirá de relleno tras dos semanas en las que hemos escuchado de todo. Si es que usted ha querido o tenido tiempo de escucharlo todo, claro. No va más, que dirían en los casinos.

El mensaje final que se escuchó ayer y se oirá en los cierres de esta tarde/noche será el del voto útil. No habrá quien no lo utilice. La derecha porque mantiene que es la única garantía de futuro; la izquierda, porque no hay otra forma de cambiar; los recién llegados, porque solo ellos son capaces de conseguir la transformación. Últimas horas de la partida, últimos mensajes, últimas llamadas antes de que los decibelios de las casetas hagan inútiles todos los esfuerzos de los partidos por hacerse oír.

Acaba una campaña que ha sido, sobre todo, sosita. Unos días en los que ha parecido que la mayoría de los aspirantes salían a empatar, con la mente puesta casi más en no equivocarse que en arriesgar. Ha sido una carrera electoral atípica, demasiado limpia en la superficie aunque sotto voce haya habido más de lo que parece. Hemos vivido una pugna electoral en la que queda la duda de qué habría pasado si los partidos –sobre todo de la oposición– no hubieran tenido tanto miedo de meter la pata. Esto ya no es lo que era y la incertidumbre que se palpa en la calle se nota también en los cuarteles de mando. El de hoy es el último esfuerzo por el voto. A las diez empieza la Feria y, como diría el castizo, a partir de ahí es bregar pa ná.

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